Economía / 15 de Octubre de 2016

Macrinomics: Empresarios a la espera de que se defina el rumbo económico

Unos prometen invertir cuando se defina un modelo más claro. Otros ya lo hacen, pero sin generar empleo. Lo que dejó el coloquio de IDEA.

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Mauricio Macri desembarcó el 12 de octubre en Mar del Plata, con fuerte custodia después de los piedrazos que le arrojaron aquí hace dos meses. Era la primera vez en 15 años que un presidente asistía al coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), la reunión anual más convocante del establishment local, aunque en 2016 quedó un poco opacada por el foro de CEOs que el Gobierno había organizado el mes pasado.

Macri llegó de noche al Sheraton y primero saludó en un salón aparte a los integrantes del comité del 52º coloquio de IDEA, entre ellos Gabriel Martino (HSBC), Gastón Remy (Dow), José Urtubey (Celulosa) y Martín Zarich (BBVA Banco Francés). Después dio el discurso inaugural en una cena con más de 800 personas de que dejó sin sillas a decenas de ellos. No recibió ovaciones, pero sí aplausos. Sus palabras gustaron. Casi todos los comensales destacaron el cambio respecto del kirchnerismo. Pero más de un industrial lamentó que el jefe de Estado solo mencionara al campo, la minería, la energía y los servicios de exportación ligados al conocimiento como vectores del por ahora esquivo crecimiento económico. Uno de ellos fue Urtubey, uno de los vocales de la Unión Industrial Argentina (UIA) y hermano del gobernador peronista de Salta, Juan Manuel, también presente en la comida. El presidente de la UIA, Adrián Kaufmann Brea, procuró matizar sus expresiones señalando que Macri y muchos de sus funcionarios, no todos, comparten una visión industrialista.

A Urtubey y a otros empresarios manufactureros les preocupa la idea dentro del Gobierno de Macri de copiar el llamado modelo Australia. El mes pasado vino invitado por el Ejecutivo el presidente de la Comisión de Productividad australiana, Peter Harris, para contar ese paradigma de dos décadas de reformas (1973-1996), que incluyeron apertura comercial, sobre todo de los sectores automotor, textil y calzado, liberalización del mercado de capitales, desregulación de la infraestructura, flexibilización laboral, introducción de criterios de competitividad en salud, educación y servicios como energía y rutas, reducción del déficit y la deuda públicas, privatizaciones y modificaciones impositivas para generalizar el IVA, reducir Ganancias y eliminar tributos provinciales. Urtubey recuerda que la actual Australia concentrada en la exportación de materias primas tiene 23 millones de habitantes, no 41 millones, como la Argentina. Un empresario local de la industria automotriz señaló en un almuerzo con colegas en el restaurante Viento en Popa que en 2017 cerrará la última terminal de vehículos que queda en Australia. Pero Kaufmann Brea rescata que el Gobierno busca que la Argentina desarrolle su propio modelo.
“Los empresarios que están en sectores en los que el Gobierno ya fijó una nueva regulación están empezando a invertir, pero aquellos que están en rubros en los que hay incertidumbre sobre el rumbo no están haciendo nada”, comentó en un pasillo del Sheraton uno de los economistas expositores en el coloquio, Dante Sica, de la consultora Abeceb. Hay empresarios que esperan la definición de un modelo económico y solo entonces invertirán. Los que están apostando, a su vez, no siempre crean también empleo e incluso algunos reemplazan máquinas por personas. En la inauguración del coloquio, el presidente de IDEA y socio director de Agrotamia, Ignacio Stegmann, advirtió que en la Argentina y el resto del mundo la mitad de los puestos de trabajo están amenazados por la robotización de las próximas dos décadas. “Va a haber sectores que van a generar empleo, como el comercio y la construcción, y otros que van a perderlo. Lo que está claro es que la reactivación económica será más lenta que lo esperado”, añadió Sica.

Entre langostinos y abadejo, algunos industriales hablaban en Viento en Popa de la “hibridez” del modelo que el Gobierno plantea para su sector, entre los anuncios de negociaciones de libre comercio y las promesas de protección. “No se sabe adónde vamos”, decía el empresario automotriz. “Cuando la casa matriz nos pregunta por el futuro, les decimos que hay incertidumbre. Entonces no se invierte”, añadía el ejecutivo.

En el grupo Techint ven que la recuperación se retrasa hacia marzo próximo. Su dueño, Paolo Rocca, uno de los tantos popes del establishment que hace años han dejado de venir al coloquio, viene reclamando un “balizamiento” que marque un camino para la inversión, sobre todo en el yacimiento de hidrocarburos Vaca Muerta. En cambio, el negocio siderúrgico de Techint está complicado. La fabricante de aceros planos Ternium Siderar tiene un horno parado. La productora de tubos petroleros Tenaris Siderca sigue con suspensiones rotativas de entre 1.200 y 1.500 operarios. El grupo prevé inversiones anuales de 200 millones de dólares, pero sin creación de empleo.

“Necesitamos generar empleo formal privado que compita con el mundo, no necesite crecientes protecciones, agregue valor”, abogó Stegmann, para disgusto de varios industriales. Inmediatamente después Macri dijo que adhería a todas sus palabras, pero deslizó que la liberalización llevará años. También les pidió compromiso a los empresarios. Entre los comensales, un empresario que ensambla productos electrónicos comentaba que para invertir se necesitaba una recuperación del consumo, una mayor rentabilidad y protección frente a las importaciones. Todo un modelo distinto del de la economía del conocimiento que expusieron en un panel el 13 de octubre el productor ejecutivo de Mundoloco CGI (productora de la película Metegol), Gastón Corali, y el CEO de la biotecnológica Bioceres, Federico Trucco. Claro que muchos argentinos no están capacitados para trabajar en estos sectores innovadores.
Tronaba la canción ‘Color esperanza’, de Diego Torres, en los pasillos del Sheraton, mientras un ejecutivo del Santander Río destacaba la compra de la filial minorista del Citi y la inversión en tecnología.

“Hay un cambio de clima”, celebraba el presidente del HSBC, que había sido desplazado de su cargo por el kirchnerismo por el caso de presunto lavado de dinero en cuentas en Suiza. “Pero esto es una maratón tras 15 años de desastre. Acomodar los precios de la economía a la realidad lleva tiempo y por eso la inversión llevará su tiempo. Hay que tener paciencia”, agregaba Martino, cuyo banco contratará este año 300 empleados y ampliará así 7% el personal. Este banquero fue uno de los abanderados del optimismo que reinó en el coloquio.
Un ejecutivo de Cervecería Quilmes destacaba que invertirán 1.800 millones de dólares hasta 2020, aunque ese monto también incluye el gasto de lanzamiento de productos y tampoco prevé un cambio muy significativo en el número de empleados (5.700). El presidente de Shell, Teófilo Lacroze, recordaba que desembolsarán 1.200 millones en el mismo periodo, aunque tampoco prevén elevar su personal (2.500) en los próximos dos o tres años. Otro ejecutivo de Carrefour prometía futuros anuncios de inversión y creación de empleo.

 

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