Política / 29 de Diciembre de 2016

Quién era y cómo pensaba Nisman, el nombre al que aún teme Cristina

Tenía 51 años y dos hijas. La denuncia y su relación con Stiuso. ¿Cristina sabía de que la iba a denunciar?

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De un día para el otro Nisman se convirtió en una pesadilla para el Gobierno. El fiscal que había llegado a investigar el caso AMIA de la mano del ex presidente Néstor Kirchner y que solía ser elogiado por el oficialismo se transformó en el primero en pedirle una indagatoria a Cristina. Nisman juraba que hacía años que venía trabajando en el escrito y que tenía pruebas contundentes basadas en escuchas telefónicas.

Todos contra todos. “Preparate para lo peor. Para que digan cualquier cosa de mí en la radio y la televisión”, le dijo Nisman entre compungido y preocupado a su hija mayor unos días antes de tomar la decisión de llamar a indagatoria a la Presidenta y sus funcionarios. La adolescente lo tomó con mucha más calma que él y terminó tranquilizándolo. Nisman lucía una alta dosis de angustia.

Las motivaciones del fiscal eran un misterio para los funcionarios del Gobierno y hasta para sus propios colegas. En su escrito acusó a Cristina, a ministros y dirigentes de negociar con Irán a través de canales diplomáticos informales un acuerdo comercial a cambio de desviar la causa AMIA y desligar a los cinco iraníes prófugos. En una de las escuchas el propio D’Elía blanquea el plan al nexo del régimen iraní en la Argentina, Jorge Khalil: “Tengo un mensaje urgente del gobierno argentino para pasar allá urgente. Estoy en la Casa de Gobierno ahora. Necesito que hables con el Sheik. Mirá que es muy ‘grosso’ lo que tengo. Están muy interesados en cambiar lo de aquellos por granos y carne”. Y agrega: “La reunión fue porque lo pidió la jefa, ¡eh! Estamos al más alto nivel”.

A pesar del expediente y las escuchas hay una pregunta que es difícil de descifrar. ¿Por qué Nisman decidió citar a la Presidenta a indagatoria ahora? Justo en el medio de la feria judicial, cuando el Gobierno se enfrenta con la Justicia y en un contexto convulsionado por el atentado en París. “Es sencillo. Porque lo terminé de escribir ahora. Siempre pasa algo o hay campaña electoral u otra cosa. Tomé la decisión de presentarlo cuando lo terminé”, contestó Nisman, despreocupado, como si no acabara de llamar a indagatoria a la máxima autoridad del país.

Pero también hay otras versiones menos bondadosas que la esgrimida por el fiscal y que explican en parte la urgencia de sus movimientos. Aunque Nisman lo negaba, fuentes judiciales aseguran que el fiscal habría adelantado el regreso de un viaje por Europa para presentar el pedido de indagatoria. ¿Qué lo apuraba?

Nisman siempre se mantuvo cerca de los servicios de Inteligencia. En parte, por la investigación de la AMIA. Él mismo admitió que tenía una buena relación con Stiuso y decía que el ex agente era el hombre que más sabía de la causa AMIA. Stiuso solía colaborar codo a codo con el fiscal. El agente, además, fue quien le abrió algunos contactos con la CIA y el Mossad, los servicios de inteligencia de los Estados Unidos e Israel que colaboraban con la investigación. Nisman hablaba con naturalidad de su relación con el espía: “Con Stiuso discrepábamos en muchos aspectos. Él venía con informes que a veces parecían muy verosímiles y yo le decía: ‘Perfecto, ¿y las pruebas?’. Y Stiuso me respondía: ‘Es de un informante que tengo infiltrado en tal lugar’. Esas personas no podían declarar y por eso muchas pruebas no se judicializaron. Pero acá no hay ninguna operación”.

Lo cierto es que la colaboración del espía con Nisman en el reciente llamado a indagatoria de Cristina explica la furia presidencial con la ex SIDE y el ingreso en la secretaría de Oscar Parrilli y Juan Martín Mena para tratar de normalizar el desbande de los agentes.

Al menos desde mediados de diciembre pasado, la Presidenta estaba al tanto de que Nisman redactaba en secreto el pedido de indagatoria. La fecha coincide con los cambios en la ex SIDE. Un dato más: Mena, el número dos del organismo, fue el principal defensor jurídico del pacto con Irán que ahora cuestiona Nisman y es un estudioso del caso AMIA.

La caída en desgracia de “Jaime” Stiuso también habría debilitado la posición del fiscal, que desde hace un tiempo venía escuchando versiones acerca de que la hiperkirchnerista procuradora general, Alejandra Gils Carbó, quería echarlo de su cargo. El propio Nisman reconoció ante algunos de sus colaboradores que la procuradora buscaba correrlo. A esta altura, no era descabellado suponer que el apuro por volver de su viaje por el exterior estuviera relacionado con la posibilidad de perder su puesto.

¿O acaso Nisman también estaba jugando a favor de un sector de la ex SIDE? Esta tesis es la que sostienen en el Gobierno. Creen que Nisman utilizó el pedido de indagatoria para presionarlos en el medio de la batalla contra la Justicia. Y de paso, para salir a terciar a favor de Stiuso en la interna de los espías.

El Gobierno parecía dispuesto a ir a fondo contra Nisman. Además del ataque verbal de todos los funcionarios, no descartaban llevarlo a juicio por supuestos excesos en la investigación sobre la causa AMIA.

Vida zen. Inhalar, retener el aire y exhalar. Nisman lo intentaba a diario desde que se sumó a los cursos de la fundación new age con raíces hindúes El Arte de Vivir, por donde también pasaron Marcelo Tinelli, Reina Reech y Agustina Kämpfer, la ex del vice Amado Boudou. El fiscal, adoptó las sesiones de respiración después de haber abandonado la terapia psicoanalítica hace unos años. En realidad, Nisman, cumplía a medias con las técnicas de El Arte de Vivir, solo cuando su agenda se lo permitía.

Desde la denuncia su rutina se había transformado. Su teléfono no paraba de sonar y se vio obligado a espaciar sus sesiones de elíptico en el gimnasio de su edificio en Puerto Madero. Hace algunos años que ya no podía correr por una dolencia en la zona lumbar, razón por la que eligió los aparatos que evitan impacto. El ejercicio es una de las formas que encontró para descargar tantas tensiones. Para él, el relax parecía una tarea casi imposible después de haber pedido la indagatoria de Cristina.

El fiscal nació en un hogar de clase media alta donde nunca le faltó nada. Su padre era un empresario textil que le garantizó el acceso a la Universidad de Buenos Aires. Mientras estudiaba abogacía trabajó como meritorio en Tribunales. Estudioso y aplicado, rindió la mitad de las materias como libre  y tuvo un promedio de 8.

Nisman juraba que no tenía miedo, pero admitió que le preocupaba la seguridad de su familia. Estuvo casado con la jueza federal Sandra Arroyo Salgado, pero se separó hace tres años y medio. Ella es la madre de sus dos hijas. Tras la separación, Arroyo Salgado se quedó en la casa familiar y Nisman se mudó al lujoso edificio Le Parc de Puerto Madero. “Alquilo ahí porque la casa en la que vive mi ex esposa no se vendió”, contó. Nisman cobraba 100.000 pesos mensuales y, como los jueces, estaba exento de pagar el impuesto a las Ganancias. Su salario era uno de los más altos en la función pública. Incluso ganaba más que la Presidenta.

 

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