Cabezas - 20 años, Sociedad / 4 de Enero de 2017

Gabriel Michi: “Era terrible no saber si el crimen de Cabezas era el primero o el último”

El periodista y amigo del reportero gráfico reconstruyó el crimen del fotógrafo e investigó el destino de las empresas de Yabrán.

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A veinte años del crimen, Michi publicó el libro “Cabezas, un periodista, un crimen, un país”.

Gabriel Michi fue su compañero de trabajo en NOTICIAS, su amigo y la persona con la que José Luis Cabezas pasó sus últimos días en Pinamar, antes de ser asesinado. Y, a veinte años del crimen, decidió publicar el libro “Cabezas, un periodista, crimen, un país”. Se trata de quinientas páginas en las que se cuenta no sólo quién fue Cabezas en su vida íntima sino que también se reconstruyen los hechos y se incorpora una investigación sobre el destino de las empresas de Alfredo Yabrán, el empresario sindicado como el autor intelectual del asesinato del reportero gráfico, y de la situación actual de los policías y civiles que fueron condenados. Una mirada humana, política y periodística sobre uno de los crímenes más emblématicos y terribles de la historia nacional.
El próximo 25 de enero se cumplen veinte años de este asesinato y uno de los grandes interrogantes que quedan, a partir de la muerte de Cabezas, es qué cambió en la Argentina. Michi, en diálogo con Noticias, consideró que la reacción social después del crimen fue un elemento clave para que, en el país, no se naturalice la muerte de periodistas como sucede en otros lugares de la región. Sin embargo, para él, las estructuras mafiosas siguen enquistadas en el poder y la promiscua relación entre los empresarios y el Estado forma parte de otra de las asignaturas pendientes en la Argentina.
Noticias: ¿Por qué escribió este libro dos décadas después y no antes?
Michi: Fue un proceso interno muy fuerte. El crimen de José Luis me atravesó la vida, no sólo en lo profesional sino, sobre todo, en lo personal. Además, no quería que se pensara que buscaba algún tipo de rédito pero, en los últimos años, la familia me insistió. Me decían que tenía que contar esta historia. Un amigo y profesor de periodismo, Fernando Ruíz, me corrió por el lado de la culpa y me pudo. Me dijo: “Vos no te podés guardar todo esto para vos. Es injusto”. Así que después de esto y de mucha terapia, entendí que tenía que hacer esta especie de catarsis.
Noticias: En el libro hablan por primera vez en público los hijos de Cabezas, ¿qué significa su participación?
Michi: A Agustina ya la había entrevistado para un documental que se hizo cuando se cumplieron los quince años del crimen pero con Juan no había caso, nunca quiso hablar. Cuando lo llamé por el libro me dijo que sí porque era yo el que lo escribía. Eso fue muy especial. Candela, la más chica y que tenía cinco meses cuando pasó lo de José Luis, hoy vive en España. Para el libro me comuniqué con su mamá, con Cristina, y al principio no quiso. Le dieron ganas cuando el libro ya estaba terminado así que esas historias quedarán para otro momento. Que los hijos hayan participado ayuda a entender el proceso humano. Cabezas se convirtió en un símbolo de todos y redimensionar lo humano me parecía muy importante.
Noticias: ¿Cómo viven los más íntimos que su amigo, su papá o su marido se haya convertido en un símbolo nacional?
Michi: Tanto los hijos como la propia Cristina dicen que es muy complicado ir caminando por una calle y encontrarse con una plaza que lleva el nombre de su José Luis. Agustina me contó una anécdota muy clara sobre cómo es vivir con esto. Un día fue a un recital de La Renga, en Bragado, y mientras iba por la calle sus amigas se empezaron a codear. Era porque ahí había un monumento a su papá. Para nosotros, que éramos sus compañeros, también es muy llamativo. El último capítulo es un apéndice de todos los lugares que llevan el nombre de José Luis Cabezas. Es alguien con quien compartiste el día a día, cenas, chistes, enojos. Verlo convertido en esto es muy fuerte.
Noticias: ¿Cómo se construyó este símbolo?
Michi: No fue algo casual. Fue una construcción colectiva muy lenta. Desde el primer momento dijimos que esto no podía quedar en el olvido. Primero salió la imagen con la frase “No se olviden de Cabezas” y su foto en la credencial de Argra. Ahí se empezó a pensar cómo evitar que esto no quede tapado con otra noticia, como siempre pasa. Entonces, previo a cada día 25 nos juntábamos para planificar cómo se podía llamar la atención. Un día eran los globos negros, otro la proyección de la foto de Cabezas en el Obelisco. Pero para entender cómo fue se tiene que tener en cuenta que el asesinato de José Luis ocurrió en un momento de muchísima credibilidad en la prensa. Había un enojo social con el gobierno de Carlos Menem, la sociedad estaba hastiada y depositaba en algunos medios en particular, como en la revista NOTICIAS de aquel entonces, mucha confianza. Por ese matrimonio entre sociedad y medios, la gente tomó el crimen como algo propio. “Mataron a uno de los nuestros, nos quieren silenciar a todos”, era el pensamiento. De ahí que las marchas fueran tan masivas.
Noticias: ¿Cree que esa reacción masiva frenó la posibilidad de que ocurran más crímenes como este?
Michi: Sí. Colegas colombianos y mexicanos me han dicho que si ellos hubieran reaccionado como en Argentina, quizás su historia hubiera sido distinta. Se lo dijo el propio García Márquez a un periodista argentino que había cubierto el caso en Dolores. “Gabo” estaba fascinado cuando supo lo que se había hecho y le dijo que eso hubiera cambiado la historia en otros lugares.
Noticias: ¿Cómo recuerda los días posteriores al asesinato?
Michi: En el momento del crimen de José Luis yo tenía 28 años. Cumplí 29 al otro día y pasé mi cumpleaños declarando ante la comisaría de General Madariaga. Uno no está preparado nunca para una cosa así. Primero me tuve que armar en lo personal para saber qué hacer con el sufrimiento, con el miedo. En algún momento evalué si valía la pena poner en riesgo a mi familia por seguir haciendo periodismo. Me fui del país al principio y volví porque me descomponía darme cuenta de que tenía que estar acá dando batalla. Recibí amenazas en mi casa, tuve mucha exposición pública, algo que no le suele interesar a alguien de la gráfica. Estuve mucho tiempo sin salir en los medios porque quería que avanzara el tema judicial pero con el tiempo fue imposible mantenerse afuera. Es muy difícil ser periodista y un ser humano atravesado por la historia. Pedí en la revista quedarme en el equipo que investigaba el caso. Estuve un año y medio dedicado exclusivamente al caso. Como yo había estado con José Luis, era una especie de fiscalizador de las operaciones que nos mandaba la policía tratando de desviar la investigación. Iba leyendo el expediente y desmenuzándolo. Algunas veces me encontré escribiendo de mí en tercera persona, poniendo frases como “Michi no estuvo ese día…”. Todo era raro.
Noticias: ¿Cómo fue trabajar en un medio que tenía que contar el asesinato de un compañero?
Michi: Esto produjo una bomba interna en NOTICIAS porque la muerte no era una variable que manejáramos. Podías pensar que te iban a dar una paliza, pero no que te iban a asesinar. Tratábamos de contenernos, hacíamos cadenas de llamados para avisarnos cuando llegábamos casa, caminábamos a contramano de la calle como en la dictadura. Todos teníamos miedo de que nos pusieran una bomba. Era terrible la incertidumbre de no saber si el crimen de Cabezas era el primero o el último. Se hizo un periodismo de guerra pero de muchísima dignidad.
Noticias: ¿Qué evaluación hace de la Justicia?
Michi: El juicio fue en el 2000 y pensamos que había servido la pelea porque se habían logrado condenas ejemplares en relativamente poco tiempo. Pero al poco tiempo, los condenados apelaron al Tribunal de Casación de la provincia de Buenos Aires y los jueces Horacio Piombo y Ramón Sal Llargués (los mismos que años después fueron echados de la Justicia por haber considerado que un nene de seis años había sido abusado porque tenía “orientaciones homosexuales”), cambiaron las carátulas y, aunque los siguieron considerando responsables, les bajaron las penas. Por el dos por uno y la buena conducta, en un promedio de ocho años todos fueron liberados. Este fallo fue apelado y tanto en la Suprema Corte de la provincia como en la Corte Nacional se dispuso que debían volver a prisión. Los años que estuvieron en prisión domiciliaria o con libertad asistida fueron computados como si hubieran estado presos. Toda una locura y el resultado es que hoy están todos libres. Algunos murieron y sólo uno de “Los Horneros” sigue preso, Sergio González, pero porque cometió otro delito vinculado al narcotráfico y le quitaron los beneficios.
Noticias: ¿Qué fue de la familia y de las empresas de Yabrán?
Michi: Para el libro investigué cada una de las empresas que tenía Yabrán. Yo adhiero a la teoría del suicidio pero hay un par de cosas sospechosas que ocurrieron postmortem. Por ejemplo, después de su muerte hubo una transferencia millonaria desde una cuenta en Luxemburgo hacia una off shore en las Islas Caimán y desde las Islas Caimán hacia las cuentas que tenía la familia en el Banco Francés. Lo llamativo es que el único titular de la cuenta de origen, la de Luxemburgo, era Yabrán. También se hizo la transferencia de una propiedad en Estados Unidos cuando ya había pasado, por lo menos, un año de la muerte. Se presentó una persona diciendo que era Yabrán y firmó como si fuera él para vender esa propiedad. No creo en el fantasma de Yabrán pero sí que hubo falsificación de documentos. Su viuda y sus hijos se instalaron en Uruguay pero trabajan en Argentina con negocios vinculados al tema financiero, inmobiliario, turístico y de taxis aéreos. Hace unos años, la ex presidenta Cristina Fernández tenía que mandar a reparación el Tango 01 y se llamó a licitación para hacer los vuelos privados. Se presentaron dos empresas: una era Royal Air y otra que se llama Milenio. Analicé la estructura societaria, los domicilios de estas empresas y claramente las dos son de la familia Yabrán. El emporio sigue existiendo.
Noticias: ¿El caso Cabezas no sirvió para cambiar la relación entre los empresarios con el Estado?
Michi: Quedó demostrado en los últimos años. Yabrán había hecho su fortuna, básicamente, con negocios contra el Estado, es decir, en beneficio de él y en perjuicio de todos nosotros. Ese capitalismo sigue estando vigente. El problema es que no hay controles, el Estado es cómplice. Cambiaron los nombres pero no el sistema. Lo mismo pasa, por ejemplo, con la Policía Bonaerense. Ves que cambiaron veinte veces la cúpula pero el sistema de recaudación ilegal vinculado al juego clandestino, a la droga, a la prostitución y a los desarmaderos sigue funcionando.
Noticias: ¿Cómo cree que hubiera sido su vida sin este drama?
Michi: Es difícil pensarlo porque es contrafáctico. Me imagino que hubiera seguido trabajando con bajo perfil en notas de política o información general, en la gráfica o en la radio como hago ahora. Hubiese sido una vida distinta. En cierta medida, esta situación me planteó un montón de desafíos sobre el ejercicio de nuestra profesión, sobre nuestros límites y los compromisos éticos que debemos asumir cuando cubrimos un tema que es doloroso para la gente. Como periodistas, lo que hacemos es entrar y salir de la vida de la gente cuando pasa algo grave. Pero para sus protagonistas la tragedia es permanente. Lo veo en la familia de José Luis con cosas cotidianas. Agustina me habló de lo que fue no compartir el cumpleaños de quince con su papá. A Candela, si le preguntabas su nombre cuando tenía tres años, te respondía: “Candela Cabezas Presente”
Noticias: Si bien el plan criminal se dirigió a Cabezas, ¿pensó que podría haber sido usted?
Michi: Sí. Se sabe que la inteligencia fue sobre José Luis. Dos meses antes del crimen, Prellezo había pedido los antecedentes de Cabezas y no los míos. Un mes antes del asesinato hubo una reunión entre Prellezo y Yabrán y, en una de sus declaraciones, Prellezo afirmó que el empresario le dijo que quería pasar un verano sin fotógrafos y sin periodistas. Dos de las más altas fuentes de la investigación me contaron que cuando lo detuvieron, Prellezo dijo que se le había ido la mano y que inmediatamente le preguntaron: “¿Qué hacías si lo encontrabas con Michi”. “Los hacíamos boleta a los dos”, contestó. Al otro día del asesinato, en la cochera de mi oficina, apereció una caja con esposas de juguetes y en la semana previa también tuve episodios confusos con los custodios de Yabrán.
Noticias: En el libro asegura que esto no fue un apriete que se les fue de las manos. ¿Por qué?
Michi: No tengo dudas que se planificó un crimen por la cantidad de gente, por el despliegue, por el seguimiento que nos hicieron. Esto fue armado con una estructura de cadena como para que se corte. Además, hubiera bastado con que a José Luis lo hubieran agarrado en la puerta de su casa, le hubieran apuntado y le hubieran dicho que se dejara de joder con el tema. Pero, sin embargo, se lo llevaron, lo mataron y lo quemaron. Fue un asesinato brutal para dejar un mensaje mafioso para los que quedamos con vida, para el periodismo en general y también hacia Duhalde. No hay que perder de vista que esto sucedió en el contexto de la guerra desatada entre Menem y Duhalde.
Noticias: ¿Se tomó conciencia sobre la dimensión política de este crimen?
Michi: En la opinión pública sí. Me animo a decir que el crimen de José Luis terminó de hundir el sueño reeleccionista de Menem. Hasta ese momento, él jugaba muy fuerte con volver a cambiar la Constitución Nacional y Duhalde quería ser presidente. De ahí la pelea. Por el asesinato hubo un voto castigo y ese año, por primera vez, ganó la Alianza. Judicialmente no hubo lectura política. De hecho, en su momento, NOTICIAS publicó que Duhalde tenía una pista firme para dar con el arma que Prellezo habría utilizado y la Justicia no quiso investigar.
Noticias: ¿Qué otras cosas recuerda de Cabezas?
Michi: No fue una tragedia cuando estábamos juntos. Tengo mil anécdotas muy graciosas. José Luis tenía una carcajada muy particular y de vez en cuando me retumba en la cabeza esa carcajada, que era la forma en la que habitualmente se lo veía.

 

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