Cabezas - 20 años / 25 de enero de 2017

Las empresas y activos de Yabrán gozan de buena salud

La aerolínea Lanolec se recicló en Royal Air, la que trasladó a Antonini Wilson y sus valijas. Compañías agropecuarias, inmobiliarias y financieras se suman a las lujosas casas de la familia.

Narbay, la histórica casa de Pinamar.

Veinte años después del asesinato de José Luis Cabezas, el conglomerado de empresas de los Yabrán no sólo no se achicó, sino que sumó nuevas inversiones siempre manejadas desde las sombras.

Alfredo Yabrán comenzó su meteórico ascenso en los negocios a mediados de los ’70, merced a su buena relación con integrantes de la Fuerza Aérea. En 1980 entró como accionista a Organización Clearing Argentino SA (OCASA) junto con su esposa. Para comienzos de los ’90 controlaba el mercado del transporte de dinero, la documentación bancaria y financiera, de correspondencia y de carga doméstica, y el control de bodegas de importación y exportación. Toda una cadena que le permitía trasladar cualquier cosa de puerta a puerta, vigilado a mano de hierro por un temerario equipo de seguridad, integrado por varios ex represores.

Los herederos de Yabrán siguen percibiendo ganancias por las empresas que pertenecieron a su padre; sin embargo, no toman parte del día a día de las mismas. Francisco Gázquez Molina y Oscar Javurek, los históricos contadores del empresario, son quienes se hicieron cargo de los negocios. Ambos formaron parte, en distintos momentos de la última década, de las posiciones estratégicas de las empresas más emblemáticas del emporio: Yabito (agropecuaria), Lanolec (hoy la aerolínea Royal Air) y Aylmer y Bosquemar (desarrollos inmobiliarios). Así, la familia Yabrán siguió controlando el entramado de empresas a través de terceros. Además, sumaron nuevos proyectos en el país como las inversoras Karden SA, Walabi SA y Emdela Inc. SA, entre otras.

Siguiendo el modus operandi de “papimafi”, como llamaba a Alfredo Yabrán su hija Melina, todas estas compañías tienen domicilio en Viamonte 352, edificio en el cual la propia hija menor tiene a su nombre cinco departamentos.

En esta repartición, quienes salieron menos beneficiados fueron otros parientes de “Don Alfredo”. “Me echaron al diablo”, dijo en 2002 Felipe “Toto” Yabrán, hermano del empresario y quien oficiaba de mano derecha en el emprendimiento agropecuario Yabito, poco después de ser apartado de la empresa. Quienes conocieron a la familia, aseguran que después de la muerte, la relación familiar se quebró y que los hijos del “cartero” cortaron relación con sus tíos. De hecho, cuando Toto inauguró su hotel Aguay en Gualeguaychú, ninguno de sus sobrinos asistió al evento.

La mala relación, sin embargo, parece haberse  aceitado. Alfredo Yabrán, hijo de Toto, es actualmente empleado de Yabito SA e integra el directorio de otras de las firmas familiares: Karden SA. Homónimo a su tío, es el único pariente directo que aún permanece dentro de las firmas del emporio. Además, tanto Alfredo II como su hermana Marisa suelen tener un trato fluido con Melina y su madre, Cristina, en las redes sociales.

Propiedades
Según cuentan en el vecindario, hace años que no se ve a ningún Yabrán por Narbay, la histórica casa de la familia en Pinamar. El casero, quien vive al lado, contó a NOTICIAS que nunca vio a los propietarios en la mansión y que todas las indicaciones las recibe por teléfono y directamente de la empresa, aunque no pudo precisar el nombre de la misma. “La usan amigos de la familia”, respondió sobre los huéspedes de la casa, que aún cuenta con un sofisticado equipo de vigilancia.
Cuando un equipo de esta revista tocó timbre en Narbay esta semana, la sorpresa fue mayúscula. Una joven veinteañera, que dormía en bikini en un sillón, se sobresaltó por la presencia periodística. La joven se asustó y explicó que ni siquiera sabía dónde estaba ni quiénes eran los Yabrán. “Una amiga me pagó el vuelo para pasar unos días en su casa”, atinó a decir, antes de excusarse de dar más explicaciones.
La casona de Pueyrredón 1501, en Acassuso, corrió similar suerte. Sin habitantes, la propiedad estuvo embargada producto del juicio civil que la familia Cabezas entabló contra los herederos de Yabrán. Según reveló Gabriel Michi en su libro, la famosa fortaleza, sinónimo del estilo de vida del clan, estuvo a la venta. 14 millones de dólares era el precio fijado por el broker inmobiliario L.J. Ramos. Sin embargo, la mansión no encontró comprador y continúa vacía.

Aerolíneas y valijeros
Royal Air (ex Lanolec SA) es una de las empresas del emporio familiar. Esta compañía fue la encargada de trasladar a Antonini Wilson, quien luego fue detenido en la Aduana de Aeroparque por trasladar un maletín con 800 mil dólares. Más aún, el venezolano declaró como domicilio en Buenos Aires Viamonte 352, el histórico búnker de Yabrán donde aún hoy tienen sede todas las empresas que se le adjudicaron. Además, la misma Royal Air se presentó a licitación para los vuelos privados de Cristina Fernández de Kirchner durante un lapso en que el Tango 01 estuvo en reparación. La compulsa la terminó ganando la empresa Milenium Air, que no sólo también tenía domicilio en Viamonte 352, sino que además subcontrató a Royal para operar la aeronave. Los vínculos con el poder siguieron vigentes aún después de la muerte del patriarca. Como ya había ocurrido durante la última dictadura militar, el alfonsinismo y el menemismo.

 

 

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