Política / 24 de Mayo de 2017

El Papa le bajó el pulgar al cuestionado arzobispo Zecca

Viejas diferencias, acusaciones por la sospechosa muerte del cura Viroche y acuerdo millonario con José López.

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Conspiraciones palaciegas, un cura que muere en circunstancias extrañas, una provincia en llamas, un alto cargo eclesiástico empujado a una renuncia humillante, y a miles de kilómetros de distancia, el argentino más importante de la historia con los dedos sobre los hilos. El relato podría ser el inicio de una nueva serie. Pero la trama que culminó el lunes, con la intempestiva dimisión de Alfredo Zecca, el arzobispo de Tucumán, es real y poco santa. No todo son bendiciones en la tierra de Francisco.

“Medio clero argentino quería que se fuera”, asegura una fuente del Episcopado.  Zecca venía barrenando la tormenta perfecta desde hace casi un año, cuando apareció muerto un cura de su diócesis, Juan Viroche, y muchos en el mundo religioso lo cuestionaban por su desempeño frente a la tragedia. A pesar de que, en la carta en la que hizo pública su decisión, el arzobispo asegura retirase por “motivos de salud”, esa es sólo una parte de la verdad. Aunque el religioso de 67 años atraviesa un momento delicado, por graves problemas en su columna, no es su cuerpo lo único que le dijo basta. También fueron muchos de sus compañeros, y en especial el que los vigila a todos desde el Vaticano. 

Última reunión

En febrero fue la última vez que se vieron estos viejos conocidos. Zecca viajó hasta la Santa Sede y le planteó la idea de la renuncia a Bergoglio. “Hablamos largamente sobre el tema y puse en sus manos la decisión”, reveló Zecca en su carta. Desde Argentina, ese mensaje se leyó como un último intento del religioso, que sólo podría haber continuado en su puesto si el Papa lo respaldaba contra viento y marea. Hay que entender: abdicar cuando todavía quedan ocho años de labor -los obispos se retiran a los 75-, es una declaración en sí misma.

No era muy probable que Bergoglio le cumpliera sus deseos: entre ambos viven diferencias históricas. Zecca pertenece al ala ortodoxa de la religión local, con la que el antiguo arzobispo de Buenos Aires siempre estuvo enfrentado, e incluso hubo decisiones encontradas que Francisco jamás olvidó. La más importante de ellas fue por el nombramiento de Zecca, en el 2011. En ese año, recuerdan testigos, Zecca “puenteó” a la máxima autoridad local de ese momento, Bergoglio, y arregló su ascenso a arzobispo directamente con la Nunciatura. Ese organismo, que es la embajada del Vaticano en cada país, está en condiciones de proponer candidatos a la Santa Sede para los altos puestos eclesiásticos, pero en un mundo donde los simbolismos importan mucho no está bien visto evitar la consulta con las primeras líneas. Encima el Nuncio de ese momento, Adriano Bernardini, era un rival acérrimo del actual Papa.

Además, recuerda el medio italiano Vatican Insider, Zecca quedó en el ojo de la tormenta cuando en el 2015 firmó un convenio de 15 millones de pesos con el gobierno de CFK para “embellecer” la catedral de su diócesis, justo después de que Francisco ordenara a los obispos argentinos que no aceptaran dinero del entonces oficialismo. Dato de color: la firma de ese acuerdo pertenecía a José López, el ex subsecretario de Obras Públicas, que el año pasado intentó ocultar nueve millones de dólares en el convento de General Rodríguez que había presidido Rubén Di Monte, el polémico obispo que tenía lazos con Julio De Vido y que era otro viejo adversario del Papa. No sólo eso: Zecca fue protagonista de polémicas insólitas sobre temas delicados. Una de las más recordadas fue cuando, en marzo, relativizó la cantidad de femicidios en el país. “Yo quisiera saber si no hay también cierta exageración en el número porque, de pronto, en ciertas cosas se va exagerando”, aseguró.

Narcotráfico y sotanas

Francisco demostró en varias ocasiones que sabe administrar bien los tiempos para las revanchas. La primera señal fuerte sobre el futuro de Zecca fue en el 2015, cuando el Papa nombró cardenal a Luis Villalba, el arzobispo emérito de Tucumán. Si bien Villalba no estaba en funciones, a nivel formal quedaba por encima de Zecca. Pero la gota que rebalsó el vaso fue la muerte del cura Viroche y el escándalo que desató. Ese religioso, que venía denunciando el narcotráfico en Tucumán, había advertido las amenazas que estaba recibiendo, hasta que en octubre del 2016 apareció ahorcado en circunstancias poco claras. La reacción de Zecca provocó fuertes enojos dentro de la Iglesia local: no sólo no protegió a Viroche en vida, sino que apenas se descubrió su fallecimiento dio por cierta la tesis del suicidio, aunque después se retractó. “Lo de Viroche es muy duro: es un hijo de él, de su equipo. Llegó tarde y llegó mal, tan mal que se lo mataron”, asegura una fuente. Un obispo argentino va todavía más allá: “Por eso Francisco le soltó la mano”.

Por ahora no hay un reemplazante claro. Lo cierto es que se vienen aires de cambio en la Iglesia local: además de esta renuncia (que, contra el protocolo, no la anunció el Vaticano sino el propio obispo), de acá a un año se retirarán, por edad, el arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani, el polémico arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, y el arzobispo de Santa Fe y presidente de la Conferencia Episcopal, José María Arancedo.  El Papa argentino todavía tiene mucho por hacer.

 

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