Sociedad / 27 de febrero de 2017

La operación de un enemigo íntimo del Papa para romper con los Scouts

Gente de Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, filtró una carta que hizo estallar la polémica con la asociación. El plan para que la Iglesia controle a los Scouts.

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El arzobispo de La Plata, Héctor Aguer.

En una gigantesca y centenaria construcción religiosa, un grupo reducido de personas con sotanas negras toma una decisión inesperada. El riesgo es grande pero la jugada es pensada con detenimiento. Al final, la pieza que se decide mover para patear el tablero es una carta. La correspondencia privada se difunde y estalla el escándalo. La operación podría perfectamente pertenecer a una película ambientada en la Edad Media, pero ocurrió el 9 de febrero de este año en el Arzobispado de La Plata. Ese día, desde la institución que comanda el obispo Héctor Aguer se filtró adrede un diálogo entre él y su par de Buenos Aires, Mario Poli, donde este último señalaba que los Scouts locales están influidos por “ideologías de género, hasta el mismo derecho al aborto” y que la relación estaba rota y “sin vuelta atrás”. La repercusión es la calculada: la asociación quedó peligrosamente al borde del cisma con la Iglesia, y todo el país se hace eco de la “revolución sexual” de los muchachos de pantalón corto. En la catedral neogótica más grande de América latina, las noticias se reciben con alegría cristiana.

El conflicto, que tiene por lo menos veinte años, tuvo su clímax en
noviembre del año pasado, cuando, en asamblea nacional, la asociación civil votó cambiar la definición de familia de ‘formada por varón y mujer’, por la de ‘formada por personas’. Ese fue el hilo del que tiró Aguer, hábil tejedor de intrigas, pero el núcleo de la pelea es claro: resolver de quién dependen los 75.000 chicos que hoy integran el movimiento Scouts –que en la práctica trabaja como una asociación autónoma– un número nada menor si se tiene en cuenta que la Iglesia pierde adeptos a nivel mundial todos los años. El escándalo es mucho más inmenso que una veintena de caracteres.

Ningunos santos. Para el polémico arzobispo de La Plata, viejo conocido de Francisco y con el que ha tenido más de un cruce, esta pelea es una deuda histórica personal para la que tiene una solución largamente postergada. “Era un joven obispo cuando se decidió la fusión de la Unión de Scouts Católicos de Argentina con la asociación Scout local. Me opuse decididamente a esa medida”, dijo Aguer, en el texto que le envió a Poli el 26 de noviembre del año anterior, sólo 11 días después de que haya finalizado la asamblea Scout –la carta que se viralizó, en verdad, es una respuesta
a su par platense–. El hombre que maneja una de las catedrales más
grandes de Sudamérica hace referencia a la acción que se tomó en 1996, cuando la Conferencia Episcopal resolvió unir a los dos grupos: eso significó, en la práctica, que la Iglesia perdió el control directo de miles de niños. Pero Aguer, alguien a quien incluso sus enemigos califican como sumamente inteligente, no se dejó estar. Meses después de la fusión, un grupo de 17 obispos y muchos curas
que “no estaban de acuerdo” con la medida, formaron las Asociaciones Diocesanas de Scouts Católicos (Adisca), una agrupación que dependería directamente de las parroquias: obviamente, el actual arzobispo estaba entre ellos. Adisca hoy funciona sólo en la provincia de Buenos Aires, y su lugar más convocatorio es en La Plata. Al lado de la asociación reconocida internacionalmente y que participa en la red de Scouts mundial que reúne a 30 millones de personas, Adisca es muy menor.

Sin embargo, el hábil religioso tiene un as bajo la sotana: de los 23 grupos de Scouts Argentina que están en su ciudad, casi el 90 por ciento se reúne en una parroquia. La propuesta del arzobispo de “una Federación con dependencia directa del obispo y sus delegados, para que los Scouts dejen de parecer huéspedes o ‘okupas’ de las parroquias”, apunta justo contra el talón de la asociación. Desde que el 10 de diciembre Nicolás Biasi, obispo auxiliar de La Plata, anunció que en el 2017 no renovarían el patrocinio –la única acción formal tomada por parte de la Iglesia contra los Scouts hasta el momento–, los engranajes se pusieron en movimiento. La asociación tiene hasta mitad de año para reacomodar a sus chicos, aunque ya pronostica que más de uno de sus grupos, que literalmente se quedarán en la calle, se irán a Adisca. “El diablo encontró la manera de meter la cola”, le dice, como justificación, uno de los voceros de Aguer a este medio.

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