Cultura / 11 de julio de 2017

Varsovia bajo fuego: el levantamiento más sangriento contra los nazis

En “Chicos de Varsovia”, la periodista Ana Wajszczuk narra la historia de tres familiares que lucharon y murieron durante el Levantamiento. “La guerra en sí desata todos los lobos”, dice en esta entrevista.

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A Ana Wajszczuk un click le cambió la vida. Suena a frase hecha, de libro de autoayuda, pero para ella es brutalmente real. En los comienzos de este milenio, un día cualquiera, Ana –periodista, poeta, editora– vio un mail de un pariente lejano y hasta entonces desconocido en su Bandeja de Entrada y cuando tocó el botón derecho de su mouse, todo cambió. El inesperado correo del primo de su abuelo fue como una trompada enviada desde el ayer, que la terminó empujando a una extensa y desafiante investigación hacia atrás. La historia que mencionaba su familiar culminó, quince años y tres viajes a Polonia después, en “Chicos de Varsovia”, el libro que narra el levantamiento de la capital polaca, una de las gestas más sangrientas y épicas de la Segunda Guerra Mundial, desde la óptica de tres de los Wajszczuk, unos jóvenes anónimos que lucharon contra los nazis. Entre las casi doscientas mil personas que murieron en el genocidio de 1944, que incluyó la destrucción absoluta de la ciudad, estaban los parientes de Ana. “En algún momento todos miramos para atrás y queremos saber de dónde venimos, quiénes eran nuestros ancestros. Esta historia me pegó desde ahí, pero también desde la duda de lo que yo hubiera hecho. ¿Hubiera sido tan valiente? ¿O cobarde?”.

Noticias: ¿Cómo se vive en Polonia, a setenta años, el recuerdo de la tragedia?
Wajszczuk: Todos en Varsovia tienen algún pariente que pasó por el levantamiento, que luchó o que murió, entonces todos los aniversarios –el primer día de agosto–, el tema vuelve de manera muy potente. Además, hay que tener en cuenta que no pasó hace demasiado. Ahora hay una lucha política fuerte por ver quién se queda con el legado del Levantamiento, que es algo que intenta tanto el gobierno como algunos grupos de extrema derecha. Hay que rechazar cualquier interpretación simplista de lo que fue, y buscar los matices: la guerra está hecha de ellos. Nadie puede saber qué hubiera hecho en ese momento, aunque es interesante planteárselo. No para responderlo, sino para seguir indagando en quién es uno.
Noticias: ¿Se entiende hoy el alcance que tuvo la tragedia?
Wajszczuk: La guerra en sí desata todos los lobos. La mayoría de la gente que participó era común, personas que después iban a su casa, les contaban un cuento a sus chicos. Esos monstruos están un poco dentro de nosotros y pueden destaparse en cualquier momento con las condiciones dadas. Aunque algunos sí eran monstruos –Hitler manda a Varsovia lo peor de lo peor de sus tropas–, también había personas comunes: en el libro muestro un testimonio de un belga que tenía 18 años y decía “mataba o me mataban”. Hay que estar en esa situación. En esa suelta de cadenas que es una guerra sale lo mejor y lo peor. Es un poco lo que pasó acá con la dictadura. Hay que ver en qué lado está uno y qué está dispuesto a dar. A mí me emocionaban mucho estos chicos queriendo ir a ganarles a los nazis, ahora lo ves y te das cuenta de que era una locura, imposible.

En la sangre

“El viaje hacia el pasado”, como llama la autora a las tres semanas que pasó en Polonia en 2015, tuvo más repercusiones que las esperadas: ese “piletazo” al ayer le transformó la relación con su padre –compinche de la autora en la búsqueda, nacido en el exilio en Londres y criado en Argentina–, que, a través de sus propios padres, vivió la tragedia de Varsovia de forma colateral.

Noticias: ¿Cómo se llevaba en su familia el tema? ¿Se hablaba de la cuestión?
Wajszczuk: Era muy difícil. Mis abuelos eran muy cerrados, serios, fríos, que es algo que tiene que ver con cómo son los polacos y además, por las cosas que les tocaron vivir. Nunca habían contado nada y menos habían hablado de la familia que quedó en Polonia.
Noticias: ¿Cambió la relación con su padre?
Wajszczuk: Al descubrir esta historia, a mi papá -que me ayudó con el idioma, me acompañó a las entrevistas y a los eventos- le devolví una parte de su niñez, que había perdido con el tiempo y nunca había vuelto a encontrar. Mi viejo me empezó a contar pequeños detalles de los que nunca había hablado. Que mi abuela le hacía tal comida, que su primer idioma había sido el polaco, etc. Yo también cerré una etapa de mi vida: aunque suene raro decirlo a los 42 años, siento que recién ahora entro en la adultez. Ninguno de los dos terminamos el viaje siendo los mismos. Y al final me agarró como una angustia, no me quería volver: no sólo por las cosas que había pasado con mi padre, sino porque viví en el pasado por tres semanas, la ciudad estaba copada por ex combatientes y homenajes por el aniversario.
Noticias: ¿Tu padre se siente polaco?
Wajszczuk: Sí, y creo que más a partir de esta historia, que lo emocionó mucho. Lloró durante toda la estadía en Polonia y sigue llorando ahora.

 

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