Sociedad / 16 de julio de 2017

Luli Salazar: psicología de una Susanita sexy

Luego de anunciar su ruptura de Martín Redrado, la modelo hizo pública su maternidad por subrogación de vientre. Ser madre a cualquier precio, obsesión por su cuerpo y maltratro amoroso.

Fiel al estilo que la hizo famosa. Semidesnuda, sacando trompita y mostrando sus generosas curvas, Luciana Salazar (36) hizo el anuncio que nadie esperaba: a fines de este año será madre de una niña a la que llamará Matilda. Pero las sugerentes fotos con las que “Lulipop” acompañó la primicia no dejaron ver signos de embarazo en su escultural cuerpo. Es que la blonda decidió subrogar un vientre y tendrá una nena.

Al igual que ese físico que levanta suspiros y críticas por partes iguales, la futura maternidad de Luciana será fruto de su obstinación, determinación y perfeccionismo. Porque si hace más de una década, la sobrina de Evangelina Salazar tomaba a todo el país por sorpresa y se convertía en una sex symbol nacional arrasando con todo, la misma fórmula fue la que empleó para conseguir uno de sus anhelos más deseados: ser madre. En pos de cumplir su deseo de “Susanita”, incluso, tuvo que dejar, aunque sea momentáneamente, a quien fuera su pareja por más de siete años, Martín Redrado (55).

Interminable

“El día que presente a un hombre va a ser porque lo elegí para casarme”, decía Salazar desde antes de conocer a Redrado. Es que aunque muchos hombres fueron vinculados sentimentalmente a Luli desde su eclosión en los medios, ninguno fue blanqueado por ella. Sólo Redrado tendría ese honor en 2011. Y desde allí comenzaría una historia de amor con infinidad de idas y vueltas.
Quienes conocieron de cerca los avatares de la pareja aseguran que se trató de un vínculo asimétrico. Ella estaba convencida de que la relación tendría futuro. Él evitaba hablar. Las apariciones públicas de ambos brillaban por su ausencia. Redrado rechazaba entrevistas a la pareja y sólo ella hablaba de la relación mientras el economista se excusaba diciendo que era una relación “poco madura”, aunque hiciera más de un año que estaban juntos.

“Ella siempre puso mucho más que él para estar juntos”, contó un allegado a Luli. Fueron siete años de idas y venidas. De rupturas públicas y reconciliaciones privadas. Salazar dejó el conchero y su mediática carrera para acoplarse a los deseos de él. Incluso a algunos destratos: no tener llave de la casa del economista, no poder asistir junto a él a algunos eventos, ser negada o incluso soportar el maltrato de la familia de él son algunas de las situaciones que Salazar soportó para seguir junto a Redrado. Después de todo, ella ya lo había elegido para casarse y ser el padre de sus hijos.
En paralelo a esta extraña relación sentimental que pasaba del amor incondicional a las acusaciones públicas, Luli fue también transformándose. Su exuberancia fue volviéndose cada vez más evidente. Se convirtió una Barbie de carne y hueso. Y las visitas al quirófano, en moneda corriente. Según los especialistas, es víctima de un trastorno dismórfico corporal que hizo que incluso llegará a pesar 42 kilos. Ella siempre negó todo.

También negó la asimetría en la relación con Redrado y explicó que la conexión entre ellos superaba el plano de la atracción física. Pero el paso del tiempo la desmintió. Los deseos de maternidad de Luciana fueron el catalizador por el cual la pareja se rompió y Salazar siguió adelante sola con su proyecto de ser madre.
En 2016, Salazar había decidido con Redrado congelar óvulos. Ella padece trombofilia y según explicó su médico, Fernando Akerman, “la sangre muy espesa le impide llevar un embarazo a término con poco riesgo”. Con la misma pose con la que cautivó a la platea masculina hace años, Salazar salió a contar un cambio en su vida: convertirse en la Susanita que siempre quiso ser. 

 

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