Política / 27 de Julio de 2017

La presunta amante de Lázaro Báez investigada por desvío de cobros

Liliana Costa es señalada como la amiga íntima del supuesto testaferro de los Kirchner. Báez le dio un poder para cobrar sus alquileres.

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Liliana Costa, amiga con derecho a caja.

Desde que quedó detenido, Lázaro Báez encontró refugio en una mujer ajena a su familia. Se trata de Liliana Costa, íntima amiga del empresario patagónico favorito de los Kirchner y también señalada como su amante. Esta mujer logró perforar el círculo de confianza de Báez y quedar bien cerca de él, al punto tal de convertirse en la encargada de cobrar alquileres de inmuebles atribuidos al empresario.

Según el expediente 9630/2016, el juez Sebastián Casanello busca determinar si Lázaro Báez estaría eludiendo las medidas cautelares que el juez había impuesto en la causa denominada “Ruta del dinero K”. Pero es en este punto donde se desata la guerra. ¿Quién es el responsable de esta maniobra? ¿Báez, sus hijos o Liliana Costa?

Según un poder que le dio Báez a Costa, esta mujer estuvo autorizada a cobrar el alquiler de 24 departamentos y 18 cocheras ubicados en la calle Manuela Ugarte 3480. Ese poder fue revocado por la familia de Báez, que entraron en guerra con Costa debido a que parte de ese dinero no entraba a las cuentas de Austral Construcciones y mucho menos a las de la familia. ¿Adónde iba el dinero? Hoy es un misterio, incluso para el propio Báez. Costa tiene un hermano, Carlos, que vive en Neuquén. En el entorno de Báez siguen con atención los movimientos de esa familia.

Según información a la que accedió NOTICIAS, los alquileres no serían lo único que cobró Costa. También habría cobrado cheques emitidos por clientes de la empresa Sucesión de Adelmo Biancalani, en Chaco. Esa sociedad se dedica a la explotación de una cantera de piedras, que quedaba justamente en la localidad de Piedritas y era administrada por un señor llamado Jorge Ripio. Surrealista.

En la maniobra también habría participado un empleado de Austral Construcciones llamado Federico Cortés, quien era el encargado de enviarle los cheques a Costa. Algunos de esos cheques no habrían entrado en la contabilidad de la empresa y se sospecha que fueron cambiados en cuevas. Para eso, deberían haber sido endosados por Lázaro Báez o Claudio Bustos, apoderado de Sucesión de Adelmo Biancalani. Bustos no estaba muy conforme con los movimientos de Costa e incluso rechazó un pedido especial de ella. Costa pretendía que Cortés figurase como apoderado para cobrar los cheques. Pero ese pedido no prosperó. Ante esta interna empresaria-familiar habría que determinar si Bustos le siguió firmando los cheques a Costa o se le falsificaron la firma. Un peritaje despejaría la duda.

De comprobarse que desde el entorno de Báez se habría evitado el embargo que pesa sobre las cuentas de Austral Construcciones, el empresario se encontraría en la misma situación que hoy tiene preso a Víctor Manzanares, el contador de la familia Kirchner. Pero Báez ya tiene una prisión preventiva en la causa “Ruta del dinero K”. ¿Si se comprueba el delito, se estiraría su preventiva que vence en abril del 2018? ¿Qué papel le cabe a Costa? ¿Y al resto de los accionistas? La guerra en el universo Báez está desatada y promete más capítulos.

 

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