Cine / 17 de agosto de 2017

La cordillera

(Argentina, 2017, 115’) Drama. Dirección: Santiago Mitre. Con Ricardo Darín. AM13.

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***1/2 Santiago Mitre ha sabido, en su dos largos anteriores (“La patota” y su gran debut “El Estudiante”), conjugar los elementos del cine de género con la reflexión sobre los modos y el sentido de la política, pero no para hacer un cine ideologizado o didáctico, sino para analizar de qué modo la vida en general se entrecruza con el ejercicio del poder. Del poder se trata, por cierto. La cordillera es un film muy ambicioso: una cumbre de presidentes, el recién electo argentino –un gran, oscuro Darín–, que es casi un outsider de la política. Un secreto personal y familiar y la corrupción, todo entretejido en una trama que toma los modos del cine de suspenso para desnudar la naturaleza de estos personajes. ¿De qué peca “La cordillera”? En parte de exceso de ambición, de querer hacer mucho y, en el camino, perder intensidad. No es un gran problema (Mitre demuestra un uso preciso del aparato cinematográfico: sabe lo que quiere mostrar y cómo lograrlo) y no conspira contra el efecto general, asfixiante y desconcertante. El mundo que Mitre ha venido construyendo es glauco, donde las emociones se esconden detrás de una superficie opaca que no termina de reflejar a los otros, donde la empatía parece haberse extinguido. Esa mirada postapocalíptica (y totalmente escondida), que también es corresponsabilidad del guionista Mariano Llinás (otro cineasta inteligente) es síntoma de un realizador con ideas. La cordillera va a despertar discusiones. Nada mal.

 

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