Mundo / 8 de octubre de 2017

Brasil por la opción militar para frenar el crímen

Temer envió a más de 10 mil soldados y efectivos de fuerzas especiales para controlar las favelas de Río. La crisis económica potenció la criminalidad.

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Dos soldados vigilan las calles de la favela Rocinho en Río de Janeiro.
Dos soldados vigilan las calles de la favela Rocinho en Río de Janeiro.

A un año de los Juegos Olímpicos, Río pasó de la euforia a la miseria. La ciudad más emblemática de Brasil se hundió en la crisis económica. Declarada en bancarrota desde antes de los Juegos, está casi en estado de excepción por una ola de criminalidad que elevó a más de 100, el número de policías asesinados, y motivó el desembarco de 10.000 efectivos (8.500 soldados y otros 1.500 agentes de tropas especiales), ordenado recientemente por el Gobierno nacional.

“La corrupción nos llevó a esta bancarrota”, dice Mario Andrada, portavoz del Comité Organizador de los Juegos 2016, sentado en una oficina desangelada en el centro de Río de Janeiro, con vistas al océano Atlántico frente a la costa de Brasil.

“La organización de los Juegos costó 2.800 millones de dólares, pero con los gastos de infraestructuras el monto trepó a los 12.800 millones”, explica Andrada a NOTICIAS. El Parque Olímpico ubicado en Barra da Tijuca, en la zona oeste de Río, donde se hospedaron unos 10.000 deportistas durante el torneo, debía convertirse en 3.000 apartamentos de lujo para potenciar el crecimiento edilicio de la ciudad.

Mano dura. La “Ciudad Maravillosa”, la segunda más poblada del país con 6,5 millones de habitantes, hoy está sitiada por el ejército. “El decreto que firmé el viernes prevé la actuación de las Fuerzas Armadas hasta el fin de 2017.

Puede ser que en enero ese plazo sea extendido hasta el fin de 2018, y nada impide que esta acción sea ampliada a otros años”, declaró Temer esta semana ante la prensa, en una visita relámpago a Río de Janeiro. El mandatario, autorizó el viernes pasado “la invasión” del ejército con el operativo “Río quiere seguridad y paz”, que dejó en sus dos primeros días de implementación varios detenidos.

“Hemos realizado en los últimos seis meses varias reuniones para tratar el asunto de la seguridad pública, en especial la situación aquí en Río. En un primer momento, la conclusión que se tiene es que el número de robos, en especial el de transporte de cargas, ya ha disminuido enormemente”, declaró Temer, que no mostró estadísticas que avalen esa información.

La tropa mixta militarizada usada para situaciones de emergencia está integrada por 620 efectivos de la Fuerza Nacional, y el resto se completa con efectivos de la Policía de Carreteras y de las fuerzas locales cariocas, que han desbaratado varias bandas de piratas del asfalto.

Fuego cruzado. El actuar militar es cuestionado porque muchos vecinos mueren por el enfrentamiento de estos grupos con las autoridades: 713 personas fueron abatidas en total por la policía desde comienzos del año hasta el mes de agosto, un 30 por ciento más que en el mismo período en 2016.

El “Decreto para la Garantía de la Ley y el Orden”, la medida que posibilitó sacar a los militares a la calle para operativos en las favelas, es en teoría extraordinaria. Y se desarticularía en algunos días, como reclaman las autoridades de Río que se oponen a la medida que ha conmocionado a la ciudad.

El punto de mayor violencia fue el domingo 30, en el sector de la Rocinha que linda con los barrios de Gávea y Sao Conrado, sectores acomodados de la zona sur de Río.Ese día, un grupo narco muy bien armados entró a la comunidad desde la madrugada para arrebatarle el control de esa porción de la favela a otra banda.

El grupo obedecía según fuentes penitenciarias a Antonio Bonfim Lopes, el líder criminal preso desde hace años, que busca que su grupo recupere el control del narcotráfico.Estas bandas potencian la aparición de milicias armadas, se adueñan de los servicios comunitarios -por ejemplo del suministro de gas-, y cobran comisiones a los pobladores ante la ausencia del Estado.

Desde que el Ejército llegó a la urbe se han llevado a cabo tres megaoperativos encarados por el ejército, algo usuar en Brasil, que aprobó varias veces el uso de las Fuerzas Armadas. Pero esta vez los soldados permanecerán indefinidamente.

 

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