Política / 9 de junio de 2018

Sindicalismo: duros, tibios e indecisos

El Gobierno logró posponer el paro. La CGT arde por las internas. Escrache automotor.

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Apuntados. Daer, Shmid y la cúpula de la CGT salen de la Roasada en la mañana del jueves 7. Horas después, los sindicalistas se juntaron en la sede de Azopardo y resolvieron llamar a "cuarto intermedio" hasta la próxima reunión con el Gobierno, el martes 12.
Apuntados. Daer, Shmid y la cúpula de la CGT salen de la Roasada en la mañana del jueves 7. Horas después, los sindicalistas se juntaron en la sede de Azopardo y resolvieron llamar a "cuarto intermedio" hasta la próxima reunión con el Gobierno, el martes 12.

La jugada es simple, pero efectiva. Como un gol de puntín. ¿Será una movida cerebral del marcospeñismo, de esas que apuntan a revolucionar las redes y mover el termómetro social? Dentro de la Rosada nadie lo va a admitir, pero la decisión de reservar la explanada de la Casa de Gobierno para los autos del sindicalismo sonó a broma de secundario. “Parecía el frente de una consesionaria de Dietrich”, se reían por esos pagos, ante la sucesión de coches de primer nivel que desenmascaraba el ingreso real de varios sindicalistas. Salvo el triunviro Juan Carlos Schmid, todos cayeron en la trampa. Fue una de las al menos dos decisiones inteligentes del oficialismo del frenético jueves 7: además, el Ejecutivo, personificado en Nicolás Dujovne y Mario Quintana, bajo la supervisión transoceánica del ministro Jorge Triaca, ofreció reabrir la paritaria para incluir un aumento que llegaría, al menos, al 5 por ciento y paralizó, por el momento, la idea de un paro general de la CGT. La fractura dentro del gremialismo quedó, otra vez, al rojo vivo. Divide y reinarás.

Recalculando. Fueron semanas complejas para el Gobierno, y más de un funcionario temió arrancar la última mitad del año con una dura protesta sindical. Por eso la cumbre en la Casa Rosada era un momento que todos los actores involucrados esperaban. En especial, dentro de la central obrera que cada vez aparece más atravesada por las internas: el sector dialoguista, los “gordos” e “independientes”, esperaban un guiño del macrismo para evitar la huelga generalizada, mientras que el lado más duro -en donde está Schmid, el moyanismo, los kirchneristas y hasta el único radical de la mesa de conducción, el bancario Sergio Palazzo- coqueteaba con la idea del paro. La reunión duró una hora, y fue en tono cordial. La jugada de reabrir las paritarias se había empezado a barajar el lunes dentro del oficialismo, y al día del cierre de esta edición terminó de tomar forma: del 1 al 5 por ciento, según lo que pueda negociar cada gremio. “No es lo que hubiéramos querido, pero no es poco, los gobiernos no suelen reabrir las negociaciones. De hecho, están admitiendo que la inflación se les fue de las manos”, se consolaba uno de los gremialistas que participaron del cónclave, entre los que estaban los líderes de la CGT, Schmid, Carlos Acuña y Héctor Daer, el maquinista Omar Maturano, el colectivero Roberto Fernández, Andrés Rodríguez, de los estatales de UPCN, José Luis Lingeri, de Obras Sanitarias, y el panadero Abel Frutos. Del lado del oficialismo -Triaca, de viaje en Suiza por una cumbre de la OIT, mandó a su jefe de gabinete, Ernesto Leguizamón-, cuentan que, además de desactivar el paro, al menos hasta el martes 12, se charló de la reforma laboral y del blanqueo de personal, que la CGT viene resistiendo desde hace un año. “Les transmitimos que un paro no resuelve los problemas de los trabajadores, pero es un tema de ellos”, dicen desde ahí. Hay paz, por ahora.

Turbulencias. El clima venía caldeado. Menos de una semana antes de la reunión en la Casa Rosada, los movimientos sociales viajaron a través de todo el país, en lo que dieron a llamar la “Marcha Federal”, para converger en la Plaza de Mayo y protestar contra la política económica del oficialismo y el veto a la ley antitarifazo. En ese sentido se había movilizado, también, un enorme caudal de gente en el feriado del 25 de mayo bajo la consigna “La Patria está en peligro”, contra el acuerdo con el FMI. Un día antes de la cumbre de Dujovne y Quintana con los gremialistas, Hugo Moyano, su hijo y el gremio de Camioneros habían cortado varios accesos a la ciudad y el líder sindical había dejado serias críticas contra el macrismo, y había puesto una fecha tentativa de paro: el jueves 14, el día del arranque de la Copa del Mundo. Esto despertó iras dentro de los líderes gremiales del ala dura, que aseguran que ya habían puesto esa fecha tentativa de paro y el camionero se adelantó a anunciarla para que, si se oficializaba, pareciera una movida de él. Pero esa no fue la única novedad: además, Pichetto y la tropa peronista del Senado tuvieron una reunión con la cúpula de la CGT el último martes. Salvo por una intervención decidida de José Luis Lingeri, titular del gremio Obras Sanitarias, que se negó categóricamente a permitir el traspaso de AySA, pareció haber una sintonía entre la tropa peronista. “Macristas anónimos”, los tildó Jaime Durán Barba, el cerebro del Gobierno, en una nota en el diario Perfil, donde asegura que cada vez que se dan estas marchas o aparecen estos personajes la imagen de Macri sube.

Las idas y vueltas con el preanunciado cese de actividades por parte de la central obrera no escapan de una grieta interna que viene desde hace rato: la posibilidad cierta de un cambio de autoridades. “La realidad es que a este gobierno no le fue mal con este triunvirato, sólo tuvo un paro general el año pasado y otro, el de la reforma previsional, que quedó a medias”, dicen desde el oficialismo. El 22
de agosto está previsto un Comité Confederal de la CGT, de donde podrían salir nuevas autoridades. Algunos especulan con tres líderes nuevos, mientras que otros aseguran que Schmid, el dirigente mejor valorado por la tropa, podría retener el cargo. Otros son más pesimistas: “Si no hay acuerdo, se disuelve”. Mientras tanto, la CGT se reunió, horas después de la visita a la Rosada, y definió entrar en “cuarto intermedio” hasta la reunión del martes 12, a la que asistirá Triaca. Futuro gris.

 

Comentarios de “Sindicalismo: duros, tibios e indecisos”

  1. Estos sindicalistas tienen un mil hoja de mañas y saben que siempre es mejor arreglar ALGO que romper, salvo cuando ven algún premio mayor por esa ruptura. Tambièn saben que deben despegarse de las CUESTIONES PERSONALES DEL CLAN MOYANO, incluidas sus causas judiciales, de las que son inherentes a su gestión como SINDICALISTAS.Además saben que “horno no está para bollos”, pues el contexto nacional e internacional no es favorable para NADIE, por lo que en un “ataque de lucidez”, saben que deben asegurar los puestos de trabajo por sobre otros reclamos, por mas que estos sean legitimos al vincularse con la realidad inflacionaria. Incluso no extrañaría que hasta se consensúe un paro general con el gobierno, que sirve para descomprimir a las bases y no esmerilar la pèrdida de “autoridad” de la CGT. Pues al gobierno no le interesa negociar con una CGT sin legitimidad y por otra parte a estos gordos, les preocupa la generación de sindicatos paralelos que adhieren a la CTA.

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