Cultura / 26 de junio de 2018

La memoria de la gente en un archivo histórico

Tesoros y secretos del Archivo General de la Nación a dos siglos de su creación. Qué y cómo consultar. Filosofía de la conservación.

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Una jirafa en la Plaza de Mayo en los festejos del carnaval de 1942.

La conservación de los archivos de un país asegura sin duda a su historia la materia y los documentos más exactos de ella”. Así justificaba Bernardino Rivadavia, en 1821, la creación de un archivo oficial, organismo atípico en la gestión de un gobierno del siglo XIX, que con el tiempo se volvería esencial para todos los estados del mundo. ¿Cuál era su función? Conservar la memoria de los más diversos actos del poder para que las generaciones futuras tomaran ejemplo o condenaran al pasado en virtud de las consecuencias de sus actos.

Lo que en 1821 comenzó como una institución de carácter provincial, extendió sus funciones hasta alcanzar, en 1884, estatus federal. Hoy, un siglo y medio después, el Archivo General de la Nación (AGN) contiene una de las colecciones documentales más importantes de Latinoamérica y es depositario de algunos de los símbolos más significativos de nuestra historia.

Una cifra puede dar idea del inmenso tesoro que resguarda: 26 kilómetros de información, calculados a partir de colocar imaginariamente, uno al lado del otro, los documentos que contiene. Y esa cifra podría multiplicarse si se tiene en cuenta que un organismo de esta naturaleza está en permanente expansión. Hoy la función primordial de nuestro Archivo es preservar toda la documentación que genera el Poder Ejecutivo, desde los decretos presidenciales hasta los planos de obra que registra un ministerio en particular. Esto deja afuera las colecciones de documentos de otros poderes, como el Judicial o el Congreso, que tienen sus propios archivos.

Pero eso no es todo lo que el AGN posee. Porque a la documentación oficial hay que sumarle donaciones, adquisiciones y el inmenso patrimonio histórico de archivos que van desde el siglo XVI al XIX. Lo más importante es que esta fuente maravillosa de testimonios del pasado está al alcance de todos. Objetivos. “Los archivos tienen sentido de ser en tanto permiten que la ciudadanía pueda tener un control republicano sobre los actos de los gobernantes -explica Emilio Perina, actual director del AGN-. A un faraón o a un zar no le hacían falta porque no rendían cuentas a nadie”. La ciencia archivística aporta los criterios básicos para decidir la guarda de un documento o una serie documental. “Si tiene información relacionada con la historia de la sociedad, la memoria de la institución productora o preserva garantías vinculadas a derechos imprescriptibles, una serie documental se conserva”, explica Mariana Nazar, historiadora y encargada del área de Capacitación y Desarrollo Archivístico. El camino desde la incorporación de un documento hasta la disponibilidad para la consulta es largo y arduo. Se inicia con tareas técnicas y artesanales que hacen a su conservación y clasificación y concluye con su digitalización para la consulta. El espacio de conservación es uno de los puntos críticos de un organismo de este estilo. En un siglo, los estados modernos han centuplicado su producción de documentos. Por este motivo el AGN ha tenido que mudarse varias veces. Hoy ocupa dos espacios. La sede principal está en Av. Leandro N. Alem 246 (ex Banco Hipotecario, un bello edificio poco adecuado para la conservación) y la segunda está en Paseo Colón 1093. Pero, si todo sale según lo previsto, el año que viene el AGN al fin tendrá su lugar definitivo en un predio que perteneció a la Cárcel de Caseros, en Parque Patricios, en la manzana de Pichincha, 15 de noviembre, Pasco y Rondeau. El edificio que hoy se está construyendo contará con la tecnología y estructura adecuadas para albergar un gran archivo. “Otro proyecto con el que soñamos es un sistema nacional de archivos -explica Perina-. Que ponga en coherencia todo el sistema informativo”.

Construcción del Obelisco en 1936.

Tesoros. La lista de joyas que contiene el AGN es tan larga como maravillosa. Dividido en diferentes departamentos, su fondo incluye documentos escritos, fotográficos, sonoros y fílmicos. Veamos algunos ejemplos. El Fondo Witcomb tiene una colección única de archivos fotográficos en placas de vidrio y es un testimonio valiosísimo de la vida de los argentinos en el siglo XIX y XX. Otro ejemplo: el patrimonio documental del Virreynato del Río de la Plata que posee el AGN es tan importante que forma parte del proyecto Memoria del Mundo de Unesco. Mapas, cartas, registros de juicios, partes de guerra, películas, noticieros, revistas, grabaciones, procesos de divorcio, adopciones, libros de ingresos al país, la ennumeración es infinita. Y todo está al alcance de nuestra mano.

“Nuestro ‘facebook’ es el más visitado de un archivo en el mundo -cuenta Teresa Fuster, coordinadora del área de Comunicación y Acción Cultural-. Hay gente que pudo rastrear sus orígenes a partir de una foto que vió allí”. Como parte de su filosofía de trabajo, el AGN está abierto a cualquiera que desee consultar sus archivos. Además, realiza visitas guiadas para instituciones, colegios o público en general. Cada año, la institución prepara una muestra histórica que puede visitarse todos los días, en el edificio de Alem. La actual es sobre la Batalla de Maipú. “Nuestro mayor problema es que la sociedad no conoce el archivo. Y el archivo es de la gente -concluye Perina-. Los ciudadanos presentes y futuros”.

Foto: Juan Ferrari.
Concurrentes al Hipódromo Argentino, año 1911.