La última encuesta de satisfacción política y opinión pública realizada por la Universidad de San Andrés puso contra las cuerdas a la gestión del gobierno nacional conducido por Javier Milei. Sobre 1.006 entrevistas realizadas entre el 6 y 8 de mayo a adultos mayores de 18 años conectados a internet, la casa de altos estudios relevó ocho regiones geográficas: NOA, NEA, Cuyo, Centro, Sur, y Buenos Aires dividida a su vez en CABA, GBA y el interior de la capital nacional.
La investigación reveló un escenario de creciente desgaste para el gobierno libertario: el 60% de los encuestados desaprueba su gestión, mientras que apenas un 37% mantiene una valoración positiva de la administración libertaria. El estudio, realizado por el Laboratorio de Observación de la Opinión Pública (LOOP) muestra que el oficialismo parece haber detenido la caída abrupta registrada en meses anteriores, aunque quedó estabilizado en una “meseta baja” de aprobación social.
El informe destaca que la variación respecto de la medición anterior fue mínima —apenas un punto porcentual—, lo que indica que el humor social se consolidó en torno a una mayoría crítica hacia el Ejecutivo. Según los investigadores, el fenómeno más relevante no es sólo el nivel de desaprobación sino la persistencia de ese rechazo, incluso después de los intentos del Gobierno por recuperar agenda política y exhibir mejoras macroeconómicas.

Entre las principales preocupaciones de la ciudadanía aparecen los bajos salarios y la falta de trabajo, ambos mencionados por el 37% de los consultados como los problemas más graves del país. Muy cerca quedó la corrupción, señalada por el 36%, mientras que la inflación volvió a ganar terreno entre las inquietudes sociales luego de haber perdido centralidad durante parte del año pasado. El estudio muestra además que el 58% de los argentinos considera que la situación del país empeoró en el último año, una percepción que impacta directamente sobre la evaluación presidencial.
La encuesta también midió el nivel de satisfacción con las instituciones del Estado. El Poder Ejecutivo registró un deterioro de tres puntos en relación con abril y descendió al 23% de satisfacción específica, mientras que el Poder Legislativo se mantuvo en niveles históricamente bajos. El trabajo de campo sugiere que la desconfianza no se limita únicamente al oficialismo sino que se extiende a buena parte de la dirigencia política.
Otro de los puntos centrales del relevamiento fue la dimensión emocional que despierta la figura presidencial. Entre el 60 por ciento que desaprueba al mandatario predominan palabras como “vergüenza”, “asco”, “rechazo”, “decepción” y “bronca”, mientras que entre quienes aún respaldan a la administración de La Libertad Avanza prevalecen términos como “esperanza”, “confianza” e “incertidumbre”. Para los analistas del estudio, esta polarización emocional refleja una fractura política y social cada vez más marcada, en la que el oficialismo conserva un núcleo duro importante pero enfrenta enormes dificultades para ampliar su base de apoyo.

La investigación detectó además fuertes diferencias según género y edad. Entre los hombres, la aprobación de la gestión alcanza el 44%, mientras que entre las mujeres cae al 29%, consolidando una brecha de 15 puntos. En términos políticos, la encuesta muestra un oficialismo cada vez más encapsulado en su electorado original. El 74% de quienes votaron a Milei continúa apoyando su gestión, pero entre los votantes de Sergio Massa y Myriam Bregman la desaprobación supera el 95%. El estudio interpreta que el escenario actual evidencia una sociedad altamente fragmentada, con escaso margen para movimientos moderados o consensos amplios.
La medición también incluyó un ranking de imagen de dirigentes nacionales y allí surgió otro dato significativo: la exministra de Seguridad y actual senadora, Patricia Bullrich, alcanzó un 37% de imagen positiva y superó levemente al mismo presidente, cuya valoración favorable cayó al 35%. Detrás aparecen Cristina Fernández de Kirchner, Myriam Bregman, Victoria Villarruel y Axel Kicillof, aunque todos los dirigentes medidos presentan diferenciales negativos de imagen.
Los resultados aparecen además en un contexto de creciente conflictividad social, marcado por protestas universitarias, reclamos salariales y cuestionamientos por el ajuste fiscal impulsado por la Casa Rosada. En paralelo, distintos estudios de opinión muestran una tendencia similar de desgaste presidencial, asociada al deterioro económico, la persistencia de la inflación y el aumento de la preocupación por casos de corrupción dentro del entorno gubernamental focalizado por el escándalo protagonizado por Manuel Adorni.
















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