Personajes / 28 de agosto de 2018

Gabriel Lage: “No hay que tenerle miedo al glamour”

Referente de la alta costura, es uno de los diseñadores preferidos por las celebrities. Vestir a la primera dama y red carpet deslucida.

Sobrio y sereno, Gabriel Lage es el anfitrión ideal en su atelier de princesas. Meticuloso y perfeccionista, un registro heredado de un padre que no esperó demasiado para encaminarlo en una profesión renegada, atesora sus obras de arte en enormes guardarropas de cristal. “Soy hijo único de una familia sencilla, que ya cosía a los siete años”, cuenta. Ostentosas sedas, gasas, brocatos y brillos se toman su tiempo y la caricia de casi una veintena de manos artesanales, para transformarse en piezas tan irrepetibles como deseadas, por Juliana Awada, Mariana Fabbiani, Susana, Mirtha, Pampita y otras celebrities. Considerado uno de los referentes de la alta costura argentina con más proyección en el mundo, este artesano confunde su vergüenza tardía con humildad, esa que le impedía mostrar la magia detrás de escena de un proceso casi extinguido: el tallado esmerado de cada pieza sobre cada cuerpo.

Luego de deslumbrar con su creación para la Primera Dama en el duelo de “reinas” frente a Letizia, tiene las valijas listas para conquistar la tierra de sus ancestros, con su primer emprendimiento en Madrid, mientras le da los retoques a su colección prêt-á-couture, más accesible para las fashionistas en tiempos de crisis.

Noticias: ¿Cómo se pone a coser a un chico de siete años?
Gabriel Lage: En sastre me tenía que convertir. Mi viejo venía de una Galicia de posguerra, pobrísima, heredó ese oficio de su padre y suponía que su hijo tenía que hacer lo mismo. Gracias a Dios se casó con mi madre, maestra en el colegio Ward de Ramos Mejía, y quería que estudiara. Así que después de los deberes, tenía que picar una solapa, hacer ojales…

Noticias: ¿Su madre era coqueta?
Lage: Tuve poca vivencia de mi madre porque estuvo enferma y falleció cuando tenía siete años. Toda la coquetería me vino por mi abuela Josefina. Vivía en Barracas y todas las mañanas iba al mercado divina con su bolsa y sus sandalitas. Usaba colores estridentes y me daba los gustos. A los ocho me compró unas botas con plataformas que eran impensadas para un chico de esa edad. Ella me metió su genial desenfado en la cabeza.

Noticias: ¿Qué pensaba su padre de esa locura fashionista?
Lage: No le hacía gracia. Era rígido y ermitaño. Era muy elegante. Cuando yo iba a bailar, lo mínimo que tenía que ponerme era un saco. ¡Llegué a tener 20 trajes! Cuando salía con mis amigos, me llevaba una muda en la mochila para cambiarme. Pero cuando hacía una fila para buscar trabajo, al primero que llamaban era a mí, por cómo estaba vestido.

Noticias: Rodeado por tanta moda, no se puedo escapar…
Lage: Mi primera vocación fue ser DJ. Ahora soy vergonzoso, pero de joven me manejaba muy bien con la gente. Siempre me apasionó la música, y como tenía amigos que tenían una discoteca, empecé a organizar fiestas. A los 18 mi padre me dio la pensión de mi mamá que me había ahorrado, pensó que me iba a comprar un departamento y ¡me compre una disco!

Noticias: Pero el bichito fashion le picó.
Lage: Llegué a tener dos discos, una acá y otra en Mar del Plata, y como me iba bien, empecé con la moda como un hobby. Le hacía vestidos a la cuñada de un amigo que tenía una boutique en Barrio Norte. Era prêt-á-porter con un toque jugado. Cuando me mudé a Mar del Plata por la disco, la moda dejó de ser un hobby. Con un amigo pusimos una boutique, y cuando fue la inauguración del Costa Galana, nuestras clientas nos pidieron vestidos de fiesta y descubrí que hacer alta costura me encantaba.

Noticias: ¿La exigencia de su padre lo hizo ser muy obsesivo?
Lage: ¡Súper! En casa, con la limpieza, con la decoración. Ahora me aflojé un poco. Viajar conmigo era imposible porque me armaba todo lo que me iba a poner cada día, ¡llevaba 40 valijas! Me separé de mi pareja, que sigue siendo mi socio, y me mudé de una casa a un departamento. A la fuerza aprendí a soltar.

Noticias: ¿Altos y bajos en 25 años?
Lage: Gracias a Dios, no hemos tenido bajos alarmantes. Lo más duro fue encontrar la gente para formar el taller, hay personas que están desde el comienzo. No están acostumbrados en el país a tener talleres de alta costura, el único era Gino (Bogani), a quien admiro. Mi socio fue mi pareja por más de veinte años, la peleamos, creciendo y reinvirtiendo en el atelier… ¿Los altos? Ser embajadores de Argentina para el mundo, ser invitados a cerrar un desfile por el director de moda de la comuna de Milán y que la gente diera vuelta los vestidos para ver el trabajo.

Noticias: Pero la gente no se viste tanto…
Lage: No hay que tenerle miedo al glamour. Nuestros géneros son hechos desde el vamos. Los teñimos, los bordamos con hilos de seda, tienen cuatro o cinco meses de trabajo. Ahora lanzamos una línea prêt-á-couture, una colección de alta costura pero con géneros comprados.

Noticias: Vistió varias veces a la Primera Dama, ¿le sirve?
Lage: Pienses lo que piense políticamente, cuando una Primera Dama se viste con tu ropa, el mundo se hace eco. Hace años que queríamos ingresar al mercado español, que es cerrado, y cuando vestimos a Juliana (Awada) para la gala con Letizia, las puertas se nos abrieron.

Noticias: ¿Acepta las críticas?
Lage: No me molestan, me duelen. Siento que no valoran el trabajo. Lo que hacen en la tele es tremendo. Hay buenos estilistas y hay otros que son estilistas porque es la moda. Críticos que se lo toman en serio y saben y otros que no tienen ni idea de enhebrar una aguja y te destruyen un vestido en cinco segundos.

Noticias: ¿Qué diferencia hay entre las alfombras rojas locales con las internacionales?
Lage: Afuera todo es muy pensado, los vestidos se preparan a medida con meses de anticipación o si son de colección, se modifican. En la Argentina tienen que darse cuenta de que la red carpet es importante. El glamour no está mal y no tiene que ver con una cuestión social verse elegante. A veces lo que se busca es sólo llamar la atención. Se hacen las cosas a último momento. El vestido de Mariana (Fabbiani) para los Martín Fierro lo empezamos cuatro meses antes, por eso nos negamos cuando vienen dos semanas antes. Si considero que no te voy a hacer lucir, prefiero no hacerlo. Además hay gente con la que no me siento cómodo.

Noticias: ¿Se negó ante un pedido de una clienta?
Lage: Un millón de veces. Si algo le va a quedar mal y me va a hacer quedar mal, doy un no rotundo. En eso soy un ogro, tengo fama de eso. Para llevar una falda amplia, tienés que tener una altura y un cuerpo. Casi no uso cinturones, tampoco hago vestidos negros, por más que veas alguno. Las grandes divas no están acostumbradas a dejarse llevar.

Noticias: Hay diseñadores que se volvieron personajes, como Santiago Artemis. ¿Le suma a mundillo fashion?
Lage: No soy un personaje, quizás por mi timidez, pero si a Santiago le sirve, está bueno. Miro el producto, si me gusta no me importa cómo se mueve o cómo es cada uno. Creo que estas locuras de querer llamar la atención están provocadas por las redes sociales. La exigencia a mostrarse más de lo necesario por llamar la atención.

Noticias: ¿Cómo influyó la crisis económica en un mercado tan lujoso?
Lage: La gente se asusta. Algunas fiestas se pasaron para adelante y se frenaron casamientos. Y aunque algunos piensen que lo que hacemos es una frivolidad, ponerse un vestido regio y sentirte una reina de tanto en tanto no está mal. Cuando fue lo de Juliana hubo muchas críticas en las redes, cero que por un tema político, mi equipo me decía que no tenía que contestar, pero un día exploté. Con mi socio planchábamos vestidos hasta las dos de la mañana, trabajaba toda la semana. Entonces, ¿por qué no podés decir que un diseñador vistió a la primera dama y tuvo éxito? Tendría que ser increíble que un grupo de argentinos tenga éxito en el exterior, pero acá estamos siempre listos para criticar.

Noticias: ¿El gobierno colabora?
Lage: Hubo un cambio en la Embajada Argentina en España que puso todo a nuestra disposición para poder exportar. Pero en 27 años, nadie se fijó en las necesidades del diseño argentino. Argentina es un país difícil para los diseñadores. Estamos lejos, no tenemos acceso a los materiales. Cuando se hacían los desfiles en el exterior con la Marca País, teníamos que pagar los vestidos que llevábamos como una exportación temporaria. Nuestro diseño podría exportarse bien, el problema es la falta de inversión. Los costos de confeccionar un vestido son siderales y no todos se venden. Pero lo importante es unirnos, dejar de hacer desfiles montados unos sobre otros, dejar las críticas y remar para el mismo lado.

Gabriela Picasso