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Política / 3 de junio de 2013

anticipo

Clarín: deseo y horror K

Fragmentos de la investigación de Martín Sivak sobre el multimedios que pasó de aliado a enemigo público. El día que el Gobierno intentó comprar al Grupo.

En guerra. Kirchner eligió a Clarín como su principal vocero en los primeros años, pero la crisis del campo los separó.

Kirchner tenía un trato frecuente con el mundo de Clarín: desde su CEO hasta periodistas rasos pasando por sus mayores columnistas. A Marcelo Bonelli, un interlocutor regular, le daba grandes novedades. También le pedía que llamara “el pálido” a Roberto Lavagna, su ministro de Economía porque sabía de la inquina entre ambos. A fines de noviembre de 2005, Bonelli contó “la historia íntima de la salida de Lavagna” y le dio el gusto al presidente. “Néstor Kirchner estaba solo y serio en su despacho cuando lo encaró directo a su ministro de Economía: ‘Roberto, decidí abrir una nueva etapa en la política económica. Y para eso necesito ahora disponer de tu cargo’. Roberto Lavagna enmudeció y se acentuó la palidez habitual de su rostro, por la cual algunos funcionarios lo identifican en la Casa Rosada”.

Kirchner confiaba en Daniel Míguez, uno de los periodistas de Clarín que cubría Gobierno. En 2005 le anticipó que Cristina sería la candidata y le embargó la primicia, como hizo varias veces. Suspendió una entrevista con el diario porque no estaba entre los elegidos para preguntar. Se interesó por su suerte cuando pasó a la sección Zonales, un ascenso jerárquico pero un exilio político porque dejó de cubrir Gobierno.

Más que de los periodistas, Kirchner necesitaba de los lectores del diario: creía que ahí estaban sus votantes. Se lo dijo en términos coloquiales a Vander Kooy:

-Me chupa un huevo La Nación. Ustedes tienen a mis votantes.

Kirchner, ya como ex presidente, le mostró al consultor Roberto Bacman algunos de los apuntes de sus célebres libretas. Bacman había tenido por tres décadas a Clarín como principal cliente pero cuando empezó el conflicto eligió trabajar con el Gobierno. Las cifras que le mostraba Kirchner eran de las acciones del Grupo Clarín en las bolsas de Buenos Aires y Londres:

-¡Mirá cómo bajan!

En efecto, pasaron de 33 pesos en octubre de 2007 a sólo 3,59 un año más tarde. Kirchner le expuso a Bacman los perfiles de los flamantes tenedores de las acciones del Grupo. Las habían recibido de Goldman Sachs, el fondo de inversiones que entró al multimedios en 1999 y se retiraría en 2012.

El valor de las acciones del Grupo Clarín reflejaba los coletazos de la crisis financiera mundial y variables del mundo bursátil. En su caso especial, las oscilaciones representaban los enormes perjuicios económicos de resoluciones estatales, como haberle quitado el contrato de las transmisiones del fútbol argentino, haberles abierto las licencias del cable a nuevos competidores y haberle obturado todos los planes expansionistas en el mercado de las telecomunicaciones. De los empresarios anticlarinistas –si esa identidad existiera–, Kirchner había aprendido la fórmula del daño: sacarle el cable y la pelota.

Periodistas que los quisieron y trataron con frecuencia sostienen que los Kirchner desarrollaron en un primer estadio del conflicto una división del trabajo. Mientras que Néstor se especializó en cómo dañar el patrimonio de Clarín, Cristina prefería los argumentos ético-políticos de la Ley de Comunicación Audiovisual y posteriormente los tonos épicos del 7-D.

Patrimonio y regulación. Los roles diferenciados de los Kirchner se complementaron en un contraste: Néstor gobernó con Clarín y Cristina contra Clarín.

Contrapesos. En 2007, Kirchner les presentó a Vila y Manzano la idea de contrabalancear al Grupo Clarín. Francisco de Narváez, quien era socio de ambos, también entró en la conversación. Como primer paso, discutieron un canal de televisión exclusivo para la provincia de Buenos Aires. Kirchner también pidió que se asociaran con Hadad para conformar un grupo con mayor poder y con mejores posibilidades de disputar audiencias y mercados al Grupo Clarín. Hadad se negó porque argumentó que sus medios perderían identidad, según empleados jerárquicos de C5N y América.

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