Tuesday 14 de April, 2026

POLíTICA | Hoy 09:34

Gebel presidente: el sindicalista kirchnerista que trabaja en su campaña

Desde Suiza, Gebel mostró su mesa política con gremialistas y ex libertarios. Su armado mezcla fe y una estructura opaca.

El dato no fue una filtración ni un off: fue un posteo. Este fin de semana, desde Lausanne en Suiza, en medio de una gira europea que incluyó Madrid y Barcelona, Dante Gebel mostró el inicio de su armado político. “Reunión con amigos en Europa, haciendo planes a futuro”, escribió en X. La foto no era inocente: a su lado estaban Juan Pablo Brey, Eugenio Casielles y Jose Minaberrigaray. Es decir, gremialismo duro, desprendimientos libertarios y operadores en construcción. Todo condensado en una postal prolija, casi naïf. Pero profundamente política.

La escena, en rigor, expone la primera contradicción estructural del fenómeno Gebel. Se presenta como outsider, como un hombre que vive fuera del país —radicado entre California y Miami—, ajeno a las lógicas del poder local. Pero su mesa política está compuesta, precisamente, por lo más clásico de la política argentina: sindicalismo con capacidad de daño, operadores con pasado en estructuras partidarias y armadores que conocen el territorio. No hay pureza antisistema. Hay reciclaje.

El "Vasco" Minaberrigaray es Secretario Gremial del Sindicato de Empleados Textiles de la Industria y Afines (S.E.T.I.A). Y desde su propio sitio advierten que "bajo el paraguas de Consolidación Argentina, sectores del sindicalismo, pymes y organizaciones sociales comenzaron a articular un espacio con presencia territorial y discurso centrado en la unidad y la necesidad de un liderazgo que logre sintetizar intereses diversos".  "La foto es alimento para este escenario", agregan. 

Gebel

Pero es el el caso de Brey el más paradigmático. Secretario general de Aeronavegantes, con doble rol en el gremio y en su obra social, integrante de la CGT, con poder real para paralizar vuelos en todo el país. Su historia combina todos los elementos del sindicalismo tradicional: estructura familiar insertada en Aerolíneas Argentinas, negocios paralelos, vínculos cruzados entre política, gremio y empresa estatal. Que sea, además, uno de los arquitectos del proyecto presidencial de Gebel no es un detalle: es la evidencia de que el “nuevo liderazgo” se apoya en viejas lógicas de poder.

"Mi vínculo con Dante es de muchos años y en todo este tiempo pude ver el liderazgo que él tiene y cómo ha formado equipos a lo largo de su vida y cómo los ha direccionado también, por eso creo que es una figura muy importante y que le haría muy bien al país", dijo en propio Brey hace una semana. Se entusiasman con acercar al moyanismo a la mesa (es cercano a Pablo Moyano, el hijo de Hugo, con buenos vínculos a su vez con Máximo Kirchner y Cristina).

Brey y Moyano

Pero el vínculo entre ambos no es solo político: es orgánico, económico y familiar. El padre de Brey figura como director de River Church, la iglesia de Gebel en California, junto al propio pastor y a Daniel Darling, el hombre que maneja la estructura financiera del grupo. Darling no es un actor más: mantiene una relación de más de seis décadas con la familia Brey y es, además, padrino del propio Juan Pablo. El esquema es tan cerrado como explícito: el padre participa de la fundación religiosa, el padrino administra los fondos y el hijo despliega su poder sindical para proyectar políticamente al líder espiritual. Todo queda dentro de un mismo circuito de confianza.

Ahí aparece el segundo punto crítico: la opacidad. Gebel construyó un imperio en Estados Unidos basado en iglesias, fundaciones y empresas con controles mínimos. Lidera un entramado que incluye Dante Gebel Ministries INC, River Church USA Incorporated, Open Line Group LLC, Favorday y DMG Entertainment Group Corp. Su socio, Rich Guerra, tiene registradas otras 169 iglesias-empresa en California. Es un modelo que mezcla fe, negocios y estructura bajo un régimen donde las organizaciones religiosas no están obligadas a transparentar sus finanzas.

El propio Gebel exhibe ese éxito como parte de su mensaje: un hombre que nació en una casa humilde de Billinghurst y hoy vive entre mansiones en California, viaja en avión privado, se muestra con autos de lujo y asegura haber donado más de 46 millones de dólares desde 2020. Pero no hay balances públicos, auditorías ni documentos que permitan verificar el origen, el destino o la trazabilidad de esos fondos. La narrativa es circular: recibe donaciones, las muestra como bendición, afirma redistribuirlas y el ciclo vuelve a empezar.

Gebel

Ese punto no es menor. Porque si el proyecto político avanza, esa opacidad se convierte automáticamente en un problema político. Argentina no es California: la demanda de transparencia, la presión mediática y el escrutinio público son otros. Lo que hoy funciona como relato espiritual puede convertirse en una zona gris difícil de sostener.

El tercer actor en esta construcción es menos visible, pero igual de relevante: Mario Pergolini. No aparece en la foto de Suiza, pero forma parte del andamiaje. Su vínculo con Gebel es mediático, creativo y estratégico. Aporta producción, narrativa y llegada al ecosistema digital y televisivo argentino. Es, en los hechos, el socio comunicacional que puede traducir un fenómeno religioso en una propuesta política con volumen público.

Pergolini y Gebel

Esa tríada —fe, dinero y medios— es la base real del proyecto. No es casual que el propio Gebel haya dejado abierta la puerta a una candidatura presidencial: la idea no es improvisada, es un proceso en marcha.

Ahora bien, el contexto habilita este tipo de experimentos. La irrupción de Javier Milei rompió una barrera histórica: la posibilidad de que un outsider llegue al poder. Pero también dejó una enseñanza: sin estructura, el poder se vuelve inestable. Gebel parece haber tomado nota. Por eso no se limita a su base religiosa ni a su carisma. Busca anclaje sindical, reciclaje libertario y respaldo mediático.

Gebel

El problema es que en ese intento de síntesis quedan expuestas todas las tensiones. Un pastor que predica la prosperidad, pero cuya economía es opaca. Un outsider que se apoya en uno de los gremialistas más representativos de las viejas prácticas. Un líder espiritual que construye poder político desde el exterior del país. Y un armado que se presenta como nuevo, pero reproduce lógicas conocidas.

La foto en Suiza, entonces, no es una anécdota. Es una radiografía. Muestra el corazón de un proyecto que todavía está en estado embrionario, pero que ya deja ver sus límites. Gebel quiere ser algo más que un fenómeno religioso o mediático. Quiere ser poder.

La pregunta no es si puede construir una candidatura. La pregunta es si puede sostenerla cuando la lógica de la política —la rendición de cuentas, la transparencia, los conflictos de interés— empiece a correr el velo de ese mundo donde todo, hasta ahora, se explica como “bendición”.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Noticias

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