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Cultura / 2 de febrero de 2018

Literatura y periodismo: historias sin ficción

La crónica periodística tiene su propio festival, “Basado en hechos reales”, que se realizó con gran éxito en el CCK. ¿Por qué interesa tanto el género?

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“¿Cómo seducir, usando un arma tan insuficiente como el lenguaje, a personas que han experimentado con la vista y con el oído todas las complejidades de un hecho real?”, así se preguntaba Tomás Eloy Martínez, en un artículo del año 2010, por la supervivencia del periodismo escrito frente al embate de la television e internet.

En ese mismo texto, el gran maestro de la crónica argentina, proponía a la narración periodística como la herramienta de los medios gráficos para seguir en pie tras el embate de la revolución tecnológica. Contar las historias –explicaba– siempre sería la manera más eficaz para acercar al lector al centro de los hechos, y brindarle una experiencia que sólo la prensa escrita podía darle.

“Entendemos mucho mejor cómo fue la peste que asoló Florencia en 1347 a través del ‘Decamerón’ de Boccaccio que leyendo todos los documentos de esa época. Y, a la vez, no hay mejor informe sobre la educación en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX que la magistral y caudalosa ‘Nicholas Nickleby’ de Charles Dickens. La lección de Boccaccio y la de Dickens, como las de Daniel Defoe, Balzac y Proust, pretende algo muy simple: demostrar que la realidad no nos pasa delante de los ojos como una naturaleza muerta sino como un relato, en el que hay diálogos, enfermedades, amores, además de estadísticas y discursos”.

A contramano de un periodismo cada vez más centrado en datos simples, breves y duros, que replica las mismas noticias hasta desgastarlas; el género de la “crónica”, ese espacio donde la información se confunde con la literatura, se acerca a la realidad por el camino contrario: el del detalle, la morosidad, las emociones y los protagonistas.

Y tiene una aceptación cada vez más grande en profesionales y lectores. Tanto, que hay quienes hablan de un boom del periodismo narrativo, con medios (como la revista “Anfibia”), sellos (como “Mirada crónica” de Tusquets) y eventos dedicados a difundir especialmente esta clase de literatura. “Basado en hechos reales”, justamente, fue primer festival consagrado a la no ficción, realizado entre el 30 de noviembre y el 2 de diciembre en el CCK. Más de 2.000 asistentes siguieron sus actividades y los videos de sus mesas redondas y charlas tuvieron 15.000 visualizaciones en YouTube. Un suceso que lo instaura hacia el futuro en el mapa de los festivales literarios locales.

Datos. Para tratar de definir los alcances de este género, que tiene una importante tradición en la Argentina y en el mundo, con nombres como Ryszard Kapuscinski, Gay Talese, Joan Didion, la premio Nobel Svetlana Alexievich o Tomás Eloy Martínez, como antecedentes, NOTICIAS se reunió con los organizadores de “Basado en hechos reales”. La mayoría son periodistas y editores, autores en muchos casos de extensas crónicas de gran valor literario.

Luciana Mantero, que escribió “Margarita Barrientos. Una crónica sobre la pobreza, el poder y la solidaridad”, es la primera en intentar una definición: “La crónica es un género híbrido que toma de la ficción, del periodismo, del género epistolar, para contar historias reales. La condición es que no sea ficción lo que se cuenta. Se trata de representar, al menos desde un lugar de voluntad, profesionalismo y seriedad, lo que sucede en la realidad”.

“Los que estudiamos periodismo, en las primeras clases aprendíamos las cinco preguntas que el periodista debe responder en una nota: qué, quién, por qué, cuándo y dónde –explica la Ana Prieto, otra de las integrantes de “Basado en hechos reales”– La crónica nunca debería abandonar la respuesta de estas 5 preguntas”.
En su distinción como género, la crónica se cruza con la literatura, que a su vez, en estos últimos años, ha desarrollado grandes textos no ficcionales. Es el caso de autores muy exitosos como Emmanuel Carrère, Delphine de Vigan o el noruego Karl Ove Knausgård, entre otros.

“En una crónica el texto tiene que tener efectividad narrativa –explica Silvina Heguy, editora de “Anfibia”–. Ir llevando al lector para que no te abandone. La historia debe ser divertida, interesante”.
“El caso de Tomás Eloy Martínez es muy ejemplar –propone Victoria Rodríguez Lacrouts, directora ejecutiva de la Fundación Tomás Eloy Martínez– porque en sus novelas, como usaba el método periodístico, muchos elementos son ficcionados a partir de elementos reales, pero son invención de él. Sin embargo llegaron a adquirir categoría de verdad. Cosas que dicen que dijo Perón, o Evita y las inventó Tomás”.

Para reflejar el amplio espectro que abarca la crónica, el festival tuvo toda clase de mesas y paneles: perfiles, corresponsalías de guerra, policiales, narraciones de lo público y de lo privado. También las llamadas “literaturas del yo”, historias personales e íntimas relacionadas más con la ficción que con el periodismo, como los textos de Martín Sivak o Mercedes Güiraldes, tuvieron su espacio. Y además, las producciones realizadas para internet o en soportes no escritos como documentales.

Tuvo, además, diversos talleres de crónica dictados por periodistas muy reconocidos del género, como Josefina Licitra o María Sonia Cristoff, una librería especializada en textos de no ficción y un Premio de Crónica breve dotado con 30.000 pesos.
En forma permanente, el festival auspició también la apertura de la Biblioteca Basada en Hechos Reales, en la recién inaugurada Casa de la Lectura, en la calle Lavalleja 924.

“Me parece que lo más interesante, es considerar la producción desde una mirada realmente federal, con foco en el gran trabajo que se hace en otros espacios que no son la concentración de Buenos Aires. Por ejemplo experiencias como Tucumán Zeta”, destaca otro de los organizadores, Víctor Malumiám, editor de Ediciones Godot y promotor de la Feria de Editores independientes.

Futuro

¿Qué lugar está destinada a ocupar la crónica frente al resto de los textos periodísticos? ¿Ha logrado construir ya su lector ideal?
“El caso de ‘Anfibia’ y otros similares desmitifican esto que se escucha en las redacciones, de que hay que escribir para un lector que no lee –opina la periodista mexicana, Cecilia González–. Hay muchos casos que demuestran que cuando una historia esta bien contada, se lee. Esto quisimos defender en el Festival. Estos textos de largo aliento tienen público, tienen lectores, difundámoslo”.
“El objetivo de ‘Anfibia’, que ya va por el quinto año de existencia –explica Silvina Heguy– es intervenir en la agenda mediática con crónicas. Es un desafío muy grande. Y este año lo hemos logrado con picos de audiencia. La crónica tiene la ventaja de abordar la realidad, que es muy compleja, justamente desde esa complejidad”.

Instalada como género en medio de la gran crisis que atraviesa el periodismo gráfico, la crónica se pregunta, justamente, qué papel ocupan las grandes historias frente al auge de la información audiovisual, o la que circula en redes, o la que se resuelve en dos simples párrafos en cualquier portal de internet.
“Hay lectores potenciales que hay que salir a conquistar –propone Luciana Mantero–. Y asociar el placer por la literatura con el interés de un libro que cuente historias reales”.