Menú
Opinión, Política / 18 de marzo de 2019

Primer round de campaña: Cristina 1, Macri 0

El spot melodramático K y la entrevista presidencial autoflagelante abrieron la temporada electoral. Dos “víctimas” repudiadas por demasiados votantes.

Por

Cristina Kirchner - Mauricio Macri, en el Tedeum del 25 de mayo de 2014. Foto: Noticias Argentinas

Entre los dos todavía suman la porción mayoritaria de la torta electoral. Eso los sigue amontonando en una paradójica alianza cuya misión es y ha sido mantener angosta la “ancha avenida del medio” que soñó y no pudo concretar Sergio Massa. Pero ya va llegando el momento de ir definiendo hasta cuándo durará esa sociedad táctica y tácita entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Por ahora, parece que ambos siguen apostando a usufructuar la polarización que alimentaron mutuamente, aunque los tiempos electorales se acortan y los contendientes necesitan intentar sacarse alguna ventaja, no tanto para superarse entre ellos, sino para neutralizar la aparición de un candidato que logre robarle votos a los dos rompiendo el hechizo de la Grieta.

Da la impresión de que Cristina arrancó en ventaja. Más allá de la irritación que el comunicado de prensa audiovisual y ficcionalizado sobre la salud de su hija pueda provocar en buena parte de la opinión pública, considerado como primer spot de campaña resulta óptimo. Con su envío melodramático, Cristina logró dos objetivos: fogonear la épica de la propia tropa y, a la vez, consolidar ante amigos y enemigos la duda fundamental en torno a la posibilidad de su candidatura. Todo lo hizo victimizándose, como tan bien le sienta, y saliendo de contragolpe con un tono que se parece mucho a una advertencia de venganza. Las similitudes con aquel blindaje de su viudez -que desembocó en un triunfo arrasador en las urnas- son sugestivas.

(Leer también: El video de Cristina Kirchner: un spot de campaña que inmoviliza a todos)

El resultado de esta primera movida contundente de la ex presidenta en el año electoral fue claro. Ella y su hija quedaron lejos de Comodoro Py, amparadas en una suerte de exilio sanitario cubano. Pero esa ausencia corporal de Cristina contrasta con el aluvión militante que el kirchnerismo va poniendo en marcha mientras La Jefa sigue ganando tiempo. Esa marcha silenciosa K ya logró abducir viejos críticos, como Pino Solanas, Vicky Donda y Alberto Fernández, por nombrar a notorios disidentes que hoy vuelven a coquetear con el frente nacional y popular cuya líder espiritual no es otra que la ex presidenta que tanto denostaron en su momento. Hasta el propio Duhalde la busca, en un clima nostálgico por la Argentina peronista donde el consumo era lo único que importaba. Como diría Cristina: no fue magia. Es Macri y su recesión endeudada en dólares.

(Leer también: Cristina Kirchner y Eduardo Duhalde, ¿en la casa de Hugo Moyano?)

Del otro lado, pasa lo mismo pero a la inversa. El Presidente se siente tan disminuído por el incontenible rechazo de su imagen que reflejan las encuestas que tuvo que apurarse a confirmar su candidatura a la reelección, en una campaña que solo tiene para ofrecer sangre, sudor y lágrimas. O sea que su plan de seducción electoral se reduce apenas a una amenaza: si no me votan, vuelve Cristina y el país se convierte en Venezuela. Ella y él se necesitan, y quizá por eso se copian tanto. Así como Cristina se victimiza en un cómodo spot autorreferencial, Macri se lanza oficialmente a la gran puja del 2019 eligiendo dar una entrevista en un espacio que el oficialismo considera amigable, donde las preguntas más difíciles se responden echándole la culpa a los demás, incluso si eso incluye tirándole la pelota a su padre muerto: Cristina hace algo parecido cuando en su spot dice que Florencia no tiene la culpa de haber heredado a Néstor. Notables coincidencias.

La diferencia entre ambos es que Cristina conserva la carta de la sorpresa (se presenta o no), mientras sus aliados trabajan mal o bien por ella. En el caso del Presidente, es al revés: el macrismo tuvo que opacar a sus principales figuras con potencial electoral para que no compitan peligrosamente con las chances reeleccionistas del cada vez más antipático jefe. La coincidencia más importante de ambos es la necesidad de ganar tiempo. Ella precisa mantener sus aparentes aspiraciones presidenciales para aguantar mejor el embate de Comodoro Py durante 2019. Él apuesta a planchar todo, a detener el tiempo en una larga agonía esperanzada que, si nada cambia, podría permitirle a Cambiemos sobrevivir al 2019. Y en el 2020, Dios -o el Fondo y los jueces- proveerán.

*Editor ejecutivo de NOTICIAS.