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Cultura / 6 de abril de 2019

Game of Thrones: la fórmula ganadora

En una semana se comenzará a emitir la última temporada que promete ser un suceso y rompe con los estereotipos de la leyenda: héroes imperfectos.

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Game of Thrones llega a su esperado fin. El próximo domingo 14 de abril, se comenzará a emitir la octava y última temporada de la multipremiada serie de HBO que tiene a millones de fanáticos de todo el mundo en vilo. Es que el universo fantástico creado por el escritor George R. R. Martin y llevado a la pantalla por David Benioff y Daniel Weiss ya se volvió un producto de culto. Los foros de internet y las redes sociales están plagadas de fanáticos, y no tanto, que elucubran posibles finales y especulan con quién será el personaje que definitivamente se siente en el “trono de hierro”.

En un universo ficticio tan grande y complejo y con la experiencia de las temporadas pasadas de que todo pueda suceder, incluso la muerte de un personaje principal como pasó en los siete años anteriores, los ocho capítulos que darán cierre a la saga son una incógnita. Y el motivo principal para esta duda no es ni más ni menos que la propia idiosincracia de la serie: giros imprevisibles, personajes que traicionan, otros que se arrepienten, alianzas y hasta internas familiares recorren la historia de la veintena de personajes estables del show y justamente eso es lo que lo vuelve irresistible. Es que en Game of Thrones no hay buenos y malos como en las películas de superhéroes, sino que los personajes son contradictorios, con sus luces y sombras y capaces de hacer cosas más cerca del estereotipo de villano que de héroe. “Creo que se produce un acercamiento con los personajes porque son humanos e imperfectos”, resumió Benioff. Y los datos contrastan este éxito: la séptima temporada batió el récord de ser la más descargada de la historia, sino que también batió récords de rating en Estados Unidos y Europa.

Amor y odio. Las idas y vueltas de los personajes y su facilidad para pasar de un bando a otro en sólo unos capítulos hace que sea imposible terminar de identificarse con alguien. Jon Snow, el bastardo de sangre real es quien más se acerca a la tradicional figura heroica. En un mundo donde hasta el más altruista puede cometer una traición imperdonable, sino bandos en disputa de poder, el personaje de Kit Harrington no estuvo excento de traicionar o forzar alianzas por su propio beneficio. Con la misma cara impávida con la que traicionó y abandonó a su tropa por una mujer, fue capaz de mandar a la horca a quienes lo habían asesinado. Porque sí, en el mundo fantástico de Game of Thrones todo puede pasar, hasta una resurrección.

Daenerys Targaryen es la otra gran candidata al trono. La tía y amante de Snow (el incesto es moneda corriente en la serie) pasó de ser una niña a convertirse en una especie de Evita medieval. Con su rodete rubio se convirtió en la abanderada de los humildes, abolió la esclavitud y trató de imponer una sociedad más justa. Pero a su paso no dudó en acometer con todas sus fuerzas. Hizo uso y abuso de sus tres dragones para imponerse, quemando vivo a quien osara hacerle frente. Tal es su ínfula de poder que su alianza en busca del trono ya comienza a resquebrajarse por su desmedida sed de poder.

Esta dualidad no es azarosa. La obra de Martin se desarrolla a través de siete libros, de los cuales ya terminó cinco, en los que las idas y vueltas de los personajes son moneda corriente. En la adpatación televisiva este espíritu se mantiene intacto y esa impredictibilidad es lo que hace que la audiencia se mantenga en vilo.

Tal como el propio Martin explicó: “Las personas hacen cosas por lo que creen que son razones justificadas. Todo el mundo es el héroe de su propio relato, y hay que tener eso en cuenta. Si lees mucha historia, como yo, incluso las personas peores y más monstruosas pensaron que eran los buenos. Todos somos nudos muy enredados”. Y eso es algo que tuvo muy presente al momento de crear su universo ficticio.

Claro que este no es el único elemento que hace de Game of Thrones una de las series más importantes de la actualidad. Pero el borrar la frontera entre el bien y el mal, o al menos volverla difusa, es lo que hace que se vuelva adictiva. De hecho, un proceso similar puede rastrearse en otras series que marcaron una época. Los Sopranos y Breaking Bad, por ejemplo, también se empeñaron en dejar atrás esta dicotomía para crear personajes más complejos y lejos de encasillamientos.

Así, en los ocho capítulos que restan para ponerle fin a esta historia de fantasía medieval puede pasar de todo. Los fans lo saben y eso les encanta. Aunque su personaje favorito asesine, traicione o se alíe al enemigo, nadie puede decir qué está bien y qué
está mal.