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Costumbres / 14 de junio de 2019

3 ventajas de la cosmética vegana

La cosmética ecofriendly crece día a día. Cualidades y defectos de un estilo de cuidados que tiene fanáticos. Los productos básicos.

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Búsqueda. La mayoría de los emprendimientos de cosmética natural son artesanales. Justamente, es la industrialización a gran escala lo que critican.

La industria del cuidado personal es una de las más contaminantes. Por los envases, por la composición de los productos, por la forma en que se testean y elaboran cremas, jabones y champúes. Tal vez por eso es uno de los rubros que más transformaciones ha experimentado en los últimos tiempos. Y cada vez son más los emprendedores que tratan de cambiar la historia, bregando por una belleza más natural y sustentable. ¿Qué significa y qué beneficios tiene una cosmética “consciente”?

1- Sin aditivos tóxicos. Para Paula Blanco, de La Botica Eco, la iniciativa de crear productos sustentables nació a partir de un problema personal: su hija de 5 años tenía un desarrollo precoz a raíz de los cosméticos de uso diario. “No teníamos idea del impacto que pueden generar los productos que usamos. Así que apoyada en mis conocimientos de bioquímica, empecé a fabricar en casa lo básico para la higiene familiar”, relata. Cuando el crecimiento precoz dejó de ser un tema, estos cambios ya habían sido adoptados como lo normal y el camino natural fue la creación del emprendimiento. Reconocidos especialmente por su shampoo sólido, que propone eliminar la “sopa química” que ponemos en nuestro pelo, ofrecen un producto libre de conservantes, antioxidantes, detergentes, parabenos, siliconas o cualquier otro aditivo sintético.

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El nacimiento de la marca de cosméticos naturales Haikai se produjo cuando Juan (publicista) y Yanina (bioquímica) decidieron combinar sus profesiones a partir de pensar qué sustancias querían evitar en su higiene diaria. Y como en el caso de Paula, lo que empezaron a fabricar para ellos y su entorno pronto demostró sus efectos positivos y tuvo potencial de negocio. Se plantearon desde el inicio no dejar que la masividad afectara la identidad artesanal de sus productos y sus valores, en los que sobre todo es importante la relación directa con los consumidores. “Nuestros clientes se cuestionan, nos preguntan y dan devoluciones. La relación es mucho más estrecha, porque saben que del otro lado hay alguien para responderles y aconsejarlos sobre el mejor producto”, relata el matrimonio. De hecho, en Haikai esas dudas suelen ser respondidas por la persona que elabora los cosméticos.

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La estrella. El shampoo sólido, en barra como un jabón, es uno de los más vendidos. También los fitochampúes, como el de Weleda, sin sulfatos ni siliconas.

A su vez, los consumidores son cada vez más conscientes. Desde preguntas generales a datos específicos, el feedback da la pauta de un interés por un consumo responsable. “Hay mucha información acerca de la toxicidad de los componentes utilizados en la industria cosmética, y también hay más consciencia. Hoy hay una gran necesidad de consumir cosas reales, que nos acerquen a la naturaleza y a nuestra propia esencia”, opina Magdalena Ávalos, directora de María Magdalena, un emprendimiento de cosmética natural certificada que surgió cuando tras un retiro de ayuno se planteó por qué se pondría en la piel algo que nunca comería. Hoy ofrece óleos corporales, un perfume natural, un sérum facial nocturno y diurno y una crema liviana, todos de materias primas saludables y biodegradables.

2- Adiós al plástico. La otra gran pata de esta movida es la búsqueda de generar menos desechos, especialmente plásticos. Dada la gravedad de la problemática, incluso las marcas más grandes han tomado nota. Weleda, empresa suiza con casi 100 años de trayectoria en la búsqueda de una cosmética sustentable, acaba de lanzar una línea capilar que busca ser natural y ecológica en todas sus aristas. Hecha a base de aceites esenciales y sin químicos añadidos, también tiene envases de materiales reciclables y fórmulas biodegradables.

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“Elegir estos fitochampúes y fitoacondicionadores supone un proceso detox de los petroquímicos, parabenos y detergentes presentes en la mayoría de los productos convencionales, que se acumulan en el cuero cabelludo pero además desembocan en nuestros océanos”, apunta Isabel Escalante, responsable de marketing de la empresa.

En MIES, un emprendimiento de cosmética “gourmet”, se enorgullecen de no hacer “envases pomposos que únicamente encarecen el precio final y contaminan el medio ambiente”. Su propuesta son cosméticos hechos a mano, veganos, sin maltrato animal y saludables, que cuidan tanto a la persona como al medioambiente. “Menos es más es nuestro slogan, inspirado en el arquitecto Mies van der Rohe: menos químicos, menos envases y más calidad. Lo que el cliente paga es lo que va al cuerpo, no el empaque”, sintetiza Paula Bernardi, socia de la empresa.

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De autor. Los productos eco-cosméticos tienen un sello de originalidad a partir de distintas combinaciones de aceites esenciales, flores o tinturas madre.

3-Sin procesos industriales. Un gran desafío es que la gente se anime a cuestionar aquello que lleva años consumiendo. “Desde Ánima Flora alentamos al consumidor a informarse sobre los ingredientes con los que se elaboran los productos que utiliza”, advierten Johana Bilkis, Sofía Hernández y Yanina Velázquez, las tres amigas detrás de Ánima Flora, emprendimiento que hace desde shampoo sólido a repelente de insectos. Piensan su proyecto como una cosmética generadora de conciencia, buscando motivar un pensamiento crítico respecto del consumo y las formas de producción industrial que generan miles de toneladas de residuos al año.

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Aunque quizás el mayor reto sea tener la paciencia y la rigurosidad para esperar las certificaciones correspondientes. “Hay muchas marcas que se lanzan al mercado y no tienen aprobación o registro en el ANMAT. Eso les juega en contra, porque terminan siendo poco creíbles. Está bien que se quiera usar una crema natural, pero tampoco podés ponerte algo que no sabés qué tiene, quién lo hizo, en qué lugar y cómo”, apunta con lógica la blogger de belleza Verónica Frágola (@fruticienta).

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Variedad. Hay versiones naturales de shampoo, acondicionador, desodorante, sérum, crema de cuerpo, sal de baño, jabón, agua micelar y espuma en barra.

Probadora experta de productos, asegura que los naturales más logrados son las mascarillas. “Falta que agreguen buenos conservantes, algunas cremas se echan a perder rápido. La gente no tiene presente que una crema natural no puede mantenerse libre de bacterias tan fácilmente como una de laboratorio”. Por eso, la prioridad debería ser conseguir seriedad y profesionalización en el rubro. Es el único modo de poder construir el camino firme que el planeta se merece.