CINE | 15-12-2022 08:00

Avatar: el camino del agua

(EE.UU., 2022, 189') Aventuras. Dirección: James Cameron. Con Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver, Kate Winslet, Stephen Lang. Apta para mayores de 13 años.

★★★★1/2 Se sorprenderá el lector -es inédito- que solo hablemos de una película en este espacio. Se sorprenderá quizás más dado que no se trata de lo que la academia podría mencionar como obra de algún maestro: "Avatar: el camino del agua", es un entretenimiento de Hollywood, esa cosa aborrecida en general por la crítica envarada y autoimportante (sí, incluso hoy). Quizás habría que recordarles que los cuentos que Platón usaba para explicr sus ideas eran, también, “entretenimiento”, y que la letra no entra con sangre sino con felicidad. Hay dos motivos para que le dediquemos una página completa a este film de James Cameron: el primero, que es el único estreno de la semana. El segundo, que es quizás la película más importante (no mejor, aunque por el puntaje verá que la consideramos excelente) del año.

No abundaremos en lo conocido: Avatar (2009) es la película “más vista de la historia” (si no ajustamos números por inflación: en ese caso es la décimo quinta) y fue un enorme triunfo tecnológico. Era un western entre indios y la caballería, pero en un planeta lejano. Sin embargo, era también un cuento tradicional donde aparecía la idea de la identidad del héroe y un relato de pasaje. No perdió nada de su poder visual y uno se preguntó cómo podía Cameron ir más allá. La respuesta, trece años después, es que podía. "Avatar: el camino del agua" hace por el 3D inmersivo (de una calidad que no existió jamás antes) y del hiperrealismo para la fantasía (realmente el espectador pasea por otro planeta, especialmente por sus paisajes submarinos) lo que El Nacimiento de una Nación por el resto del lenguaje cinematográfico. Visualmente es un espectáculo único.

¿Y qué cuenta este espectáculo? La historia de una familia en un mundo con reglas y tradiciones propias que aún vive en una época de comunión con la naturaleza enfrentada a una especie en vías de extinción -nosotros, humanos- que hemos perdido esa armonía con el entorno. Suena ecologista, pero todas las religiones (y los cuentos de hadas: este es uno y lo reafirma gráficamente en una secuencia de una belleza monumental cerca del final) hablan de la armonía con el mundo para lograr la felicidad. Si Avatar... no aburre es porque esa idea está imbricada en secuencias que nos conquistan con su belleza o nos tensan con su acción (Cameron nunca ha sido tímido para eso: directo y sin florituras tanto para una piña como para una flecha) y porque los personajes, del más bueno al más malo, del más pequeño al más grande, nos importan. De todos modos, la razón básica para ver esta película es que, aún con su historia conocida de buenos y malos, es algo nuevo ante nuestros ojos. Y una paradoja: una historia que opta por la naturaleza y creó un artificio sorprendente para transmitirla. Eso, también, es un motivo para verla en la pantalla más grande posible.

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Leonardo D'Espósito

Leonardo D'Espósito

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