Saturday 20 de April, 2024

ECONOMíA | 26-02-2024 07:32

Cruje pero no se rompe

Mientras el Gobierno alcanza superávits “gemelos”, los indicadores de consumo e ingresos siguen mal esperando el demorado rebote.

No por previsible deja de llamar la atención. Luego del tsunami inflacionario del último semestre, agudizado por el salto delante impulsado por la devaluación de diciembre, la caída en todas las variables asociadas con el consumo y el poder adquisitivo no deja de sorprender. El primero en doblar la apuesta es el propio Presidente que, ante el escandaloso 25,5% de suba del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de diciembre, sostuvo que debería haber arrojado cinco puntos más dada la gran distorsión de precios y controles existentes.

Los datos. Con los datos del INDEC de diciembre y la proyección de enero, la encuesta REM del Banco Central que ausculta a las principales consultoras de plaza, arrojó una pequeña corrección de la inflación estimada para febrero da el 18%; para todo el año, 244% y también de caída de la actividad económica (-3%). Esto implica una desaceleración de la tasa de inflación, pero desde niveles altísimos y motiva la gran apuesta del equipo económico: converger para mitad de año con una tasa de un dígito mensual en descenso, una unificación del mercado cambiario y la continuidad del superávit gemelo, indispensable para que no se derrumbe el esquema.

El último dato del INDEC muestra que ya en diciembre la actividad económica había retrocedido 4,5% interanual pero la industria manufacturera se desplomó nada menos que 12% durante 2023. Todo indica que recién en el transcurso del segundo trimestre la actividad podría empezar a encontrar un piso desde el cual crecer luego.

Lo cierto es que la aceleración de los precios tuvo un efecto letal sobre los ingresos de una buena parte de la población y que se evidenció en una caída del consumo en comparación con el mediocre año anterior, la erosión de los salarios formales e informales y también de las jubilaciones, que recién en marzo subirán 27%. La cifra, muy inferior esta vez a lo que habrá acumulado el trimestre, muestra las falencias de una fórmula de “actualización” que como sostiene el economista y demógrafo Rafael Rofman, no estaba pensada para período de alta inflación, ya que no refleja sólo el alza del IPC, sino que también la recaudación previsional y el índice de variación salarial con una demora temporal. Esta combinación obliga a seguir manteniendo el “bono” que hace subir el piso jubilatorio a casi $205.000 para marzo.

El segundo lote de afectados son los trabajadores con poca posibilidad de defender colectivamente sus ingresos, ya sea porque están precarizados o porque la industria en la que se emplean sufre los avatares de la crisis. El desempleo (clavado por ahora en alrededor del 7% del total) es un indicador necesario, pero no suficiente para la dimensión de esta debacle social ya que el empleo formal privado es minoritario. En los últimos 12 años (desde que le economía mostró signos de estancamiento) lo único que creció es el empleo monotributista, el estatal (especialmente en provincias) y el informal. Precisamente estos tramos son los más expuestos a las inclemencias macroeconómicas del ajuste fiscal y monetario a marcha forzada.

Desde hace más de dos décadas, el termómetro de la crisis lo viene tomando el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), de la UCA. Esta semana difundió el índice de pobreza correspondiente a enero, que si bien siempre es más alto que el oficial que construye el INDEC (EPH) porque toma otros indicadores adicionales que el nivel de ingresos con una cifra que espanta: 57,4% y nivel de indigencia del 15%. Para su director, el sociólogo Agustín Salvia, estas cifras no son producto de una crisis pasajera sino del agotamiento de un régimen en cuya salida además de niveles récord de pobreza cercanos al 60% de la población, un mercado laboral segmentado y precarizado. A los pobres “de siempre” que no tienen cobertura social de calidad, se le suman los “nuevos” descendidos desde la cada vez menos numerosa clase media.

Salvia aclara que las estimaciones de tasas de indigencia y de pobreza para diciembre de 2023 y enero de 2024 constituyen proyecciones estadísticas realizadas por el ODSA a través de ejercicios de simulación sobre los microdatos de la EDSA del tercer trimestre de 2023. Además, quue estas proyecciones no se realizaron por “extrapolación lineal”, sino mediante técnicas de nowcasting, que se utiliza para proporcionar estimaciones en tiempo real o predicciones a corto plazo utilizando datos actuales y disponibles de manera inmediata. "En esto el presidente no ha estado bien informado" agregó, en referencia a la descalifiación de "dibujo" que el Presidente se había referido a los resultados del Observatorio.

Otro economista, Martín González Rozada (UTDT) que estima las proyecciones del nivel de pobreza sobre la base de ingresos, sostiene que la abrupta suba de la medición del ODSA puede deberse a una cuestión metodológica que haga que la brecha tradicional de 4-6 puntos con la EPH se haya incrementado. “Es posible pero no probable”, subraya. Puntos más o menos, la realidad es que el ajuste vino en serio.

Equilibrismo. La búsqueda del déficit cero fue enunciada desde el principio, pero se mimetizó con otras promesas grandilocuentes, como la dolarización, por ahora en suspenso. Enero fue el primer mes en más de 16 años que presentó un superávit “gemelo” (fiscal + externo). Los números que orgullosamente el ministro Caputo mostró a la segunda del Fondo Monetario Internacional Gita Gopinath en su visita a Buenos Aires no son un antojadizos. El objetivo es acelerar la convergencia de los equilibrios fiscal y monetario (con reflejo en el del sector externo) para ir desarmando el cepo y dando señales de rebote. Pero la pregunta es la sostenibilidad del “plan licuadora” como lo etiquetó Carlos Melconian hace dos meses.

El economista Esteban Domecq apunta a que la dinámica actual es una consecuencia directa de la liberación de precios reprimidos durante meses bajo los diferentes formatos de control, el cepo cada vez más agudo y una política monetaria que convalidaba el rojo financiero permanente. Proyecta una recesión de 3,5% para este año, pero el análisis sectorial muestra que el impacto no es homogéneo, con perdedores por goleada y los que arañan el empate.

Focos. En la mirada de Marina Dal Poggetto, directora de Eco Go, plantea seis puntos a monitorear, tres económicos asociados a la estabilización y otros tantos sociales vinculados con al gobernabilidad y capacidad para sostener la productividad sistémica y el equilibrio fiscal duradero. En los económicos, señala: 1) cómo sigue el sendero de reducción de la inflación; 2) si se sostiene la compra de dólares del Banco Central a medida que se empieza a normalizar el pago en cuotas de las nuevas importaciones y cuál es su impacto sobre las reservas netas y la brecha y 3) qué muestran mes a mes los números fiscales y su impacto sobre el programa monetario. En los políticos, sugiere seguir de cerca: 4) cómo evoluciona el conflicto distributivo (paritarias y la sucesión de paros) frente a la licuación de ingresos; 5) cuál es la reacción de la sociedad frente a la recesión y 6) cómo sigue el tratamiento del DNU y de la ley Ómnibus, luego de su reseteo.

A su criterio, el programa económico está dando mejores resultados de lo esperado, especialmente en el costado fiscal: el buen resultado de enero, la capacidad del BCRA de poder acumular divisas y la lenta desaceleración de la inflación, pero las dudas siguen estando en la “sostenibilidad” del flanco social.

“La pregunta del millón es cuán rápido desacelera la inflación, cuán profunda la recesión y en qué medida las micro devaluaciones diarias y la tasa de interés pueden converger a una tasa de inflación de un dígito, sin tener que recurrir a un nuevo salto cambiario”, concluye. Un panorama incierto con la única certeza que el factor tiempo jugará esta vez el papel estelar en una carrera que no será de unos precios contra otros sino de la erosión de ingresos vs. la paciencia.

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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