ECONOMíA | 04-01-2024 20:08

Fin de la sequía

El factor climático favorable es el empujón inicial para cerrar la brecha externa y reconstituir reservas internacionales.

La presunción de la inclemencia climática del año 2023 quedó confirmada: según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, las exportaciones del sector agroindustrial alcanzaron US$19.742 millones, US$20.700 millones menos que en 2022 (-51%) y quedando como el récord negativo desde la otra gran sequía, en 2009.

El firme. El dato alcanzaría para explicar el gran aplazo de la economía argentina en el último tiempo: la escasez crónica de dólares graficada en la caída abrupta de reservas, un dato que merece muchas interpretaciones según los rubros que se consideren pero que la estimación de varios economistas también tiñe en rojo para el último diciembre. Es decir, las reservas netas (no las brutas, que son las que el Banco Central insistió siempre en dar a conocer y esconder las relevantes, las netas de deudas y activos ilíquidos) aún están en magnitud negativa en una cifra sería superior a los US$10.000 millones. Una cifra alarmante si se considera que el rubro más sensible, los depósitos en dólares en los bancos argentinos, sumaban US$14.000 millones, según la información oficial del Banco Central. El año arrancó con un stock de reservas brutas de US$23.073 millones, marcando una caída abrupta con respecto al primer día de 2023: -US$21.600 millones.

Como parte de este golpe por debajo de la línea de flotación, la forma de financiarse fue, básicamente a través de la única línea de crédito habilitada: la que los importadores contrajeron con sus casas matrices y proveedores habituales al ser inducidos u obligados, según el caso, a extender plazos de pago en más de 180 días. De esa manera, según cálculos del economista Salvador Vitelli, jefe de Research de Romano Group, el stock habitual de deuda aumentó de US$29.300 millones a los US$63.200 millones, correspondiendo US$50.050 millones a importación de bienes y US$13.150 millones de servicios. En un solo mes, en noviembre, por ejemplo, se importó por US$5.490 millones y se pagó solo US$1.670 millones. Esto implica que el desmoronamiento de saldo exportable de la economía argentina el año pasado fue más que compensado por al incremento de la deuda de importadores y la caída de reservas.

Siempre el dólar. El punto de referencia sigue siendo, entonces, el tipo de cambio oficial, que venía corriendo de atrás a la inflación, tuvo una suba del 109% en los once primeros meses de 2023 mientras el IPC se aceleraba al 148%. Una medida claramente electoralista porque, como se demostró en las dos correcciones cambiarias (la del 14 de agosto, luego de las PASO y las del 12 de diciembre pasado, las “anclas” inflacionarias desaceleraban la carrera de precios, pero también forzaban su distorsión. Lo que ocurrió con los combustibles durante las últimas cuatro semanas, en que el valor en el surtidor subió entre un 110% y 120%, derramó efecto inflacionario sobre el resto de la cadena de producción. Las estimaciones privadas sobre el IPC en diciembre van desde un 23% hasta un 28%, una dispersión notable en dichas mediciones ya que muchas se concentraron en los últimos días del mes y que, seguramente, se irá corrigiendo en la medida que se vayan aplanando las remarcaciones. La consultora Invecq, por ejemplo, midió una suba de 33,6% para los alimentos en general, pero un 36% para los derivados del azúcar y nada menos que 43% para el rubro de la carne.

De todos modos, a la suba frenética de los alimentos en el primer impulso por el salto cambiario del 120%, sería acompañada, además de la ya mencionada de los combustibles, por las tarifas de los servicios públicos, el otro gran lastre elegido para camuflar la inflación pasada y servicios privados, como la medicina prepaga, telecomunicaciones y el transporte de carga. Durante enero se empezarán a llevar a cabo las audiencias públicas para desenmarañar y sincerara el valor de la cadena productiva de los sectores eléctricos y del gas, con algunos pedidos de recomposición que hasta cuatriplican los valores del año pasado. Sin ir a ese extremo, el aumento del precio del transporte público en el AMBA vigente a partir de enero es el precedente de un rebalanceo general que comenzará con la indexación por el IPC a partir de febrero: se podría decir que al menos el retraso de la tarifa para más del 45% de la población del país no seguirá retrasándose, pero continuará la cuenta pendiente de cerrar la brecha entre el costo y el valor del servicio que hoy llega a ser el 85% en algunos casos.

A futuro. A la luz de la dinámica inflacionaria, la devaluación del mes pasado y la promesa de ir ajustando el tipo de cambio a razón de 2% mensual puede interpretarse como un intento de provocar una mayor liquidación de exportaciones ya que cada día que pasa el valor real de la operación se va deteriorando. Para el consultor Alfredo Romano, en algún momento van a tener que volver a tocar el tipo de cambio oficial porque ese 2% “para anclar la inflación me parece que no va a resultar, la brecha se va a volver a empezar a ampliarse y a partir de marzo cuando tienen que empezar a liquidar los exportadores la cosecha gruesa, habría un tipo de cambio un poquito más alto”, proyecta. Por eso cree que el próximo paso será acelerar el ritmo devaluatorio o dar un salto posterior para llegar al objetivo de la unificación cambiaria.

Por su parte, Marcelo Elizondo, titular de la consultora DNI, apuesta a que la mejora de las exportaciones al superar la sequía podría estar cerca de la excelente campaña de 2022 y muy cerca del récord de 2020, con unos US$85.000 millones de embarques en total. “Esto generará un superávit comercial muy grande porque las importaciones en el primer semestre todavía van a estar debilitadas porque pese al discurso desregulatorio el acceso a los dólares oficiales está contenido en un cronograma que se irá aliviando según el ingreso de dólares al Banco Central”, aclara. Además, agrega que la recesión, el encarecimiento relativo de las importaciones y un mejor balance energético por la puesta en marcha del gasoducto también limitará el drenaje de divisas y generará un colchón de US$15.000 millones, agua en el desierto para las arcas exhaustas del Banco Central. Su estimación es que en la segunda parte del año se pueda empezar en liberar el cepo y tener un tipo de cambio de mercado con intervención del Banco Central (“flotación sucia”), a lo que podría agregarse la recomposición mediante la revisión del acuerdo con el FMI que hasta podría traer aparejada una inyección de fondos adicionales. Paso a paso…

La pulseada. Romano también es optimista por el resultado de la campaña agrícola en función de los altos precios internacionales que todavía sostienen al valor de las exportaciones. Condición necesaria para pensar que una recuperación del equilibrio externo no es utópica, pero tampoco una cuestión mágica. Elizondo, por ejemplo, insiste en que lo primero es recuperar los fundamentos macroeconómicos. “Poner orden en las reservas en el Banco Central, ordenar todas las obligaciones contingentes -deuda de importadores-, nuevo acuerdo con el Fondo, Leliqs, deudas intra-sector público, por lo menos para dar un marco de previsibilidad y sostenibilidad financiera”, subraya. Claro que, además, suma un viejo anhelo sin el cual es imposible reparar el rumbo: la necesidad de un equilibrio del presupuesto que permita en términos cambiarios reducir la emisión monetaria, para lograr un tipo de cambio mucho más previsible, sostenible y tranquilo en la medida en que se pueda suprimir la causa de la depreciación que es la emisión monetaria. Casi un programa de gobierno en sí mismo.

Hasta nuevo aviso, la pulseada entre las expectativas cambiarias y la dinámica inflacionaria será una carrera contra el reloj. A medida que los precios se remarcan, crecen las presiones por recomposición salarial a través de las paritarias y la actualización de las jubilaciones, cada vez más achatadas en torno al valor mínimo. El tiempo en el cual el Gobierno aspira a cristalizar reformas que impacten efectivamente en el bolsillo.

 

 

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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