Tuesday 21 de May, 2024

ECONOMíA | 02-04-2023 00:52

Un fondo vaciado: bonos y garantía jubilatoria

Al centralizar la operación de bonos para frenar al dólar financiero, el Gobierno desnudó la fragilidad del sistema jubilatorio.

“La plata de los jubilados” fue el eje de la tormenta financiera desatada, paradójicamente, por quién fue uno de los protagonistas de alentar la estatización del sistema previsional y la creación del denominado Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS).

En realidad, dicho fondo (creado en 2008 a instancias del entonces Amado Boudou, que lideraba el ANSES y que ya venía trabajando desde la gestión de Sergio Massa al frente del organismo) heredó las tenencias de las AFJP cuanto sus carteras fueron absorbidas por el Estado. Se componían de acciones de empresas que cotizaban en la bolsa (algo lógico para evitar la subjetividad el volumen para no afectar con su gran volumen al mercado bursátil. Pero también se fue llenando de títulos públicos, algo usual en los fondos previsionales en todo el mundo, pero cuyo porcentaje fue creciendo a medida que las necesidades del Tesoro crecían. Tanto que, a principios de marzo, dichos bonos (en pesos y en dólares) formaban el 78% del total, unos US$56.000 millones.

Otros fondos. El concepto de un fondo con activos a muy largo plazo tiene su razón de ser en los sistemas jubilatorios en los que el factor capitalización es el que más pesa. No necesariamente es de gestión privada (como el chileno o lo fue el argentino): por ejemplo, entre los fondos más poderosos del mundo figura el de pensiones noruego, que acumula un respaldo de US$1,3 billón, peleando el primer lugar nada menos que con el China Investment Corporation (US$1,2 billón). El resto de los otros que figuran entre el top ten tienen en común que son fruto de la acumulación de rentas extraordinarias producto de la explotación de recursos naturales (petróleo, gas o mineros) que cumplen el doble rol de financiar su propio desarrollo y mantener una reserva para acudir en la época de “vacas flacas”.

Argentina podría haber establecido un fondo de estas características, pero la actividad que podría haber generado esas rentas es el agropecuario, empezando por la soja. Pero para ello los gobiernos en los últimos 20 años decidieron otra cosa: aplicarle retenciones de hasta 35% y segmentar el tipo de cambio que en definitiva es un tributo adicional. Es decir, se apropió de dicha diferencial para financiar el agujero negro déficit fiscal, producto de haber aumentado el gasto público consolidado en más de 15 puntos del PBI en ese lapso. Sobre todo cuando dicho salto fue explicado por tres razones de carácter político: subsidios a los servicios públicos, transferencias discrecionales a las provincias y el rojo previsional ya que el gasto creció mucho más rápido que sus recursos.

Urgencias. Definitivamente lo que disparó la medida de concentrar la gestión de los activos públicos no fue cambiar el perfil y uso del FGS sino el del estrangulamiento del sector externo. Varias medidas advierten sobre la crítica situación del mercado cambiario. En primer lugar, las perspectivas del ingreso de divisas son pesimistas: la sequía ya amenaza con quitar US$20.000 millones a lo que se recaudó el año pasado, pero también porque los sucesivos Soja I y II fueron anticipando liquidaciones que permitieron los buenos resultados del año pasado.

Las reservas están en un nivel mínimo y lo que está en duda es el cumplimiento de la meta de acumulación de reservas comprometidas con el Fondo Monetario Internacional. Durante lo que va del año, el Banco Central vendió US$2.800 millones y la sangría es diaria por la demanda de importadores (a pesar del cepo), pagos postergados que son por operaciones del año pasado y para intervenir en el mercado de los dólares financieros. A esto se le sumaron pedidos de los bancos para hacer frente a retiro de depósitos de particulares. A las US$ 37.000 millones de reservas acumuladas en el Banco Central, los depósitos en moneda extranjera sumaban US$19.264 millones (al 22 de marzo), de los cuales una parte son de privados, los más sensibles a los vaivenes de la economía. El economista Fernando Marull estima que las reservas líquidas de plena disponibilidad ya están en magnitud negativa (-US$4.980 millones), sin considerar el oro y los DEG (derechos especiales de giro). La consultora Ecolatina calcula, según la metodología del FMI, que a fin de marzo las reservas netas serían poco más de US$1.000 millones cuando la meta pactada con el FMI era de US$7.770 millones y US$4.770 millones luego de la flexibilización. Nada que, por este primer trimestre, el FMI no pueda solucionar con algún movimiento contable o perdón por el “efecto sequía”.

Fondeo. Jorge Colina, economista de IDESA, es contundente: señala que en la actualidad el Fondo de Garantía de Sustentabilidad no sirve porque más de las tres cuartas partes de su cartera está constituido por títulos públicos de un Estado que está fundido. “El sistema previsional tiene un algo déficit y por esa razón el Gobierno necesita financiarse de cualquier forma. Pero el Estado argentino no ahorra, al contrario, genera deuda y desahorra”, subraya.

Entre los economistas hay un consenso en que la verdadera razón del canje de bonos (les entregan a los organismos estatales bonos pesificados pero ajustados por inflación) es la de tener herramientas para tener “poder de fuego” en un mercado indómito: el de los dólares financieros (el contado con liquidación para empresas o el MEP para particulares) que así marcan la brecha con el tipo de cambio oficial. Muchas miradas se pusieron sobre el virtual endeudamiento a tasas de retorno efectivas altísimas (más de 40% anual) que significa el hecho de poder vender esos bonos a particulares y así incrementar el endeudamiento extraestatal.

Los títulos involucrados son los Bonares (AL, bonos bajo legislación local) y los Globales (GD, bonos bajo ley extranjera) y les dan en cambio un Bono dual (indexado por CER o por “dólar link”) con vencimiento en 2036.

Por ejemplo, el vicepresidente del Banco Central Lucas Llach, integrante de las usinas de ideas económicas del Juntos por el Cambio, afirma que es un error plantear el tema como si la “plata de los jubilados” existiera realmente. Desde otra posición política, Emanuel Álvarez Agis, exviceministro de Economía durante la gestión de Axel Kicillof interpreta que poner el foco en el impacto patrimonial sobre el stock de activos del FGS es un remanente de pensar el sistema previsional como de capitalización cuando hace 15 años volvió a ser de reparto. “Hoy los contribuyentes actuales financian a los jubilados actuales, y eso cada vez más, por las malas razones, se hace con rentas generales, no con contribuciones específicas”, explicaba a Bloomberg en una entrevista reciente.

En conclusión, el fondo previsional que resurgió al interés en el debate público en realidad ante el peligro de ser vaciado porque se descuenta la premura del Gobierno por obtener dólares en realidad ya fue vaciado a lo largo de todo estos años en que al sistema previsional le fueron agregando obligaciones (beneficiarios de moratorias sin aportes previos) y le fueron añadiendo más bonos de dudoso respaldo a sus activos. Una ecuación que en nada se parece a la sustentabilidad que persigue el FGS.

 

 

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Tristán Rodríguez Loredo

Tristán Rodríguez Loredo

Editor de Economía.

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