Medio siglo de inflación casi continua, devaluaciones combinadas con tablitas cambiarias para mantener a raya al dólar que era el termómetro financiero por excelencia, tuvieron su consecuencia ineludible. Argentina es el país de la región con menor stock de crédito destinado a los particulares en proporción al tamaño de su economía. Casi el 10% del PBI total está financiando toto dipo de créditos de consumo a corto y mediano plazo (el hipotecario, además, no supera el 0,5% del PBI), contra 50% del promedio de América latina. Chile lidera ese ranking con algo más de 100%, seguido por Brasil (76%), Paraguay (57%), Colombia (45%) y Uruguay (31%). Una mala nota y una gran oportunidad: Argentina es el país con más potencial de crecimiento para los próximos años.
El riesgo. “A pesar de que la volatilidad y la incertidumbre continúan afectando la expansión del crédito, se observa una muy buena recuperación en la mora y una mejor conciencia de pago en los nuevos solicitantes”, apunta Julián Sanclemente, CEO de Alprestamo, una “fintech” que trabaja gestionando créditos y también colaborando en su cobranza. “Un sueldo previsible, incluso con una inflación del 35 % anual, reduce el riesgo de impago, genera previsibilidad y es un factor clave para la expansión del crédito”, argumenta.
El presente no es color de rosa. El Banco Central consigna que el 5,5% del total de los créditos está en forma irregular, pero con una diferencia abismal entre el destinado a empresas (2,5%) y el para las familias (9,3%). Esta situación viene ralentizando el crecimiento de los sectores que son más sensibles a la expansión del crédito. Así, toda la compra de bienes durables (autos, electrodomésticos, materiales de construcción), turismo, educación y hasta prácticas médicas tendrían otra demanda mayor si existieran otros plazos con tasas más cercanas al del resto de la región. Ese es el potencial que se observa desde dentro y que anima apostar por su crecimiento con sólo mantener cierto equilibrio macroeconómico y que el Estado no oficie de gran aspiradora de fondos, excluyendo así a los particulares del crédito.
El objetivo. En el reciente trámite legislativo por la aprobación de la reforma laboral había un artículo (el 35) sobre la posibilidad que las billeteras virtuales, además de los bancos, pudieran recibir los ingresos salariales (“cuentas sueldo”) y que abrió las compuertas de una disputa que se viene dando en el mercado desde que la revolución tecnológica dio la bienvenida a nuevos participantes en el mercado. Los bancos sostienen que debe haber igualdad de reglas para unos y otros porque están sometidos a más regulaciones de la autoridad monetaria. Pero, lo que no dicen en voz alta, es que durante los años que el Tesoro no tenía a quién pedirle, era ellos los que debían atender la demanda de nuevos instrumentos financieros. Claudio Cesario, presidente de la Asociación de Bancos Argentinos (ABA), sostiene que “para poder prestar se necesita ‘materia prima’: los depósitos”. Y sintetizó la advertencia que inquieta a la banca: si los depósitos salen del sistema bancario, “el crédito, por lógica, se encarece, sobre todo para familias y pymes”. En esta lógica, la cuenta sueldo es “la espina dorsal del sistema”. El dirigente sumó un elemento de confianza: los depósitos bancarios cuentan con una garantía de hasta $25 millones e invitó a revisar si en las últimas dos décadas hubo asalariados o jubilados que no cobraron por fallas bancarias.
Por su parte, la Cámara Argentina de Fintech sostenía que la economía ya funciona con pagos digitales y que la libertad real es elegir dónde cobrar. Comenta que en la actualidad ya se realizan 28 pagos electrónicos por adulto al mes (una relación de casi 15 a 1 frente a las extracciones de efectivo), atribuida a las cuentas digitales. Por ahora, los datos de comportamiento de usuarios muestran la convivencia entre ambos mundos y que la confianza sigue siendo clave. Un informe de COELSA indica que el 72% de los 27 millones de usuarios personales tiene cuenta en un banco y en una billetera a la vez. Hay 8 millones con sólo cuenta bancaria (CBU) y 2 millones con sólo cuenta virtual (CVU); cada argentino tiene en promedio 8 cuentas abiertas (4 de cada tipo). Es decir: el sistema ya es híbrido y la disputa se juega por el flujo más valioso: el salario.
Un trabajo de la consultora D’Alessio IROL muestra que el 37% sigue eligiendo la cuenta bancaria tradicional como “espacio de resguardo del ingreso”; 26% acepta cobrar indistintamente en banco o billetera; y un 15% lo haría en billeteras bajo ciertas condiciones, como transferencias simples o beneficios concretos. Además, marca mayor apertura entre los menores de 34 años y más cautela entre los +55. Y un dato clave: en los niveles socioeconómicos más bajos, el freno no es tecnológico, sino el riesgo percibido de “perder el ingreso” ante fallas del soporte.
El futuro. La discusión tuvo en esta oportunidad una victoria de las entidades “tradicionales” pero la inercia de la innovación tecnológica va configurando el futuro. Por ejemplo, Sanclemente muestra un dato de la performance de su empresa como ejemplo de las capacidades adquiridas por sistemas que interconectan ambos mundos: bancos que se digitalizan (como la reciente operación del Macro con Personal por Personal Pay) y billeteras virtuales que compran patentes de bancos (como Ualá y quizás próximamente Mercado Libre). En el caso de la plataforma de Alprestamo, reciben entre 850 mil y un millón de solicitudes de crédito por mes, un volumen que requeriría una enorme estructura física para una operatoria tradicional (casi 1.000 personas). La compañía opera con 52 personas para seis países, colocando un promedio de 20.000 créditos mensuales, además de tarjetas y cuentas de ahorro, una eficiencia impensable hace sólo 20 años. “Nosotros trabajamos con muchas entidades, realizamos negocios juntos y podemos convivir porque conocemos las fortalezas y debilidades de cada tipo de organización”, concluye. Un camino de coexistencia que augura nuevos “rounds” en la disputa de un mercado en crecimiento, lo que facilitaría la complementariedad.
por Marcelo Alfano














Comentarios