jueves, noviembre 14, 2019

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 30-10-2019 11:17

Alberto Fernández cambia la grieta por el desdoblamiento

El presidente electo encabeza la transición desde un país polarizado a uno atomizado.

En la Argentina, parece que el pueblo votó más racionalmente que sus representantes. Los políticos se acomodaron durante años a una grieta que ahogaba los matices en nombre de un inapropiado River-Boca que a la democracia le sirve poco y nada. Pero las urnas dictaminaron otra cosa, y le toca a Alberto Fernández decodificar con precisión ese mandato popular y llevarlo a buen puerto.

Por lo pronto, parece que el presidente electo comienza a entender cómo el desdoblamiento cambiario que asoma en la economía también tiene su correlato en la nueva distribución del poder nacional. La foto de peronismo explícito en la que posó ayer Fernández junto con gobernadores y otros capos partidarios contrastó con la fiesta K montada a sus espaldas en el búnker del domingo electoral. Aunque el macrismo mediático se apure en señalar una grieta interna insalvable en el Frente de Todos, es probable que el futuro presidente esté preparando un modo de conducción compartimentada, que se vaya desdoblando en distintos momentos e intereses, para liderar no de un modo hegemónico sino de manera disociada, como fue su exitosa campaña electoral.

Este renunciamiento táctico a las tentaciones hegemonizantes ya provocó la queja y el desencanto de muchos kirchneristas mediáticos, que salieron a tuitear sobre el módico triunfo conseguido en las urnas: muchos esperaban resultados aún más aplastantes que en las PASO, pero la mayoría votó al revés de esos deseos. Alberto tendrá que escuchar esa insatisfacción K, no tanto para intentar aplacarla, sino para hacerla jugar a su favor.

Después de todo, el relativo buen resultado obtenido por Mauricio Macri en el segundo turno electoral abrió otro proceso desdoblado en el interior de Juntos por el Cambio. Gracias a su derrota digna, Macri puede ahora aspirar a convertirse en líder de la oposición, sin ser naturalmente avasallado por María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y algunos radicales con futuro en el frente opositor. Cada uno tendrá su chance de pelear por la supremacía desde su respectivo espacio de influencia, porque nadie quedó eliminado por el voto popular.

Nunca sabremos si este escenario nacional atomizado fue buscado o elegido por Cristina cuando lanzó la candidatura de Fernández, o si era la única chance que tenía a mano, aunque no fuera la ideal. Lo cierto es que, a partir del domingo electoral, la grieta que estructuró en modo bipolar la política de los últimos años empieza a sonar como algo viejo, inadecuado para la nueva era. Ahora hay que pensar más bien en pliegues dinámicos en el tejido de poder, más que en cortes rotundos de espacios hegemónicos versus sobrantes periféricos.

Habrá que ver si las dotes de intermediario y negociador de Alberto Fernández lo hacen el presidente perfecto para esta época, o si él no es más que el síntoma de un sistema pulverizado en vías de extinción.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Editor Ejecutivo y columnista de Radio Perfil.

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