Monday 27 de April, 2026

ESPACIO NO EDITORIAL | 20-04-2026 11:00

¿Quién está pensando en tu equipo?

La forma en que intervenís en el día a día define si tu equipo desarrolla criterio o solo ejecuta.

Una forma concreta de detectarlo es observar quién ocupa el protagonismo en la mayoría de las interacciones.
Ese protagonismo no es solo quién habla más, sino quién define, responde y cierra los temas. Cuando ese lugar queda concentrado en el gerente, el resto del equipo tiende a acompañar más que a elaborar. Respuestas rápidas, explicaciones extensas o definiciones sin validar comprensión terminan reduciendo el espacio para que otros analicen y tomen decisiones. Con el tiempo, eso se traduce en colaboradores que cumplen, pero no anticipan ni proponen.

Se espera iniciativa, se pide autonomía y mayor nivel de análisis, pero en la práctica, esas capacidades no fueron ejercitadas.

Modificar esta lógica requiere de intervenciones concretas sostenidas en el tiempo. Por ejemplo, cuando un colaborador trae un problema, en lugar de responder en automático, preguntarle: “¿Cómo lo resolverías vos?”, “¿Qué alternativas ves?”, “¿Esto ya lo enfrentamos antes? ¿Qué hicimos?”. Ese movimiento obliga al colaborador a pensar, evaluar opciones y decidir.

Con los procesos, en lugar de detallarlos de principio a fin, es más efectivo que el colaborador los explique. A partir de ahí, el gerente completa y refuerza las omisiones críticas. El foco pasa de transmitir información a asegurar comprensión real.

En esa línea, validar qué está entendiendo el equipo es parte central de la gestión. Si hay silencio o poca participación, conviene frenar y pedir una devolución concreta: “Contame qué estás escuchando”. Esa instancia permite detectar qué se comprendió y qué no. Muchas veces, lo más importante no aparece, y si no aparece, no está incorporado.

Las reuniones también reflejan esta dinámica. Cuando están centradas en el gerente, el equipo se dispersa y participa poco. Rotar la conducción cambia el escenario: quien lidera tiene que prepararse y guiar la conversación. También suma desafiar al equipo: pedir opiniones, sostener el silencio hasta que alguien intervenga, invitar a reaccionar sobre lo que planteó otro o plantear un problema y dar unos minutos para pensar alternativas. Así, la participación deja de ser pasiva y aparece una presión positiva que eleva el involucramiento.

Sostenidas en el tiempo, estas intervenciones generan un efecto acumulativo: el equipo desarrolla criterio, mejora sus decisiones y se involucra de otra manera. Esa dinámica también se transmite a quienes se incorporan.

Muchos problemas que los gerentes intentan resolver —falta de iniciativa, baja autonomía, equipos que no aportan— están directamente relacionados con cómo se estructuran las dinámicas de trabajo.

 

Jimena Gallastegui
Consultora en liderazgo y gestión de equipos
[email protected]
Instagram @jimenagallastegui
Referencias: www.linkedin.com/in/jimena-gallastegui

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