Una multitud de cabezas brillantes tomó un cine de Córdoba y convirtió una broma de redes en una postal difícil de ignorar. Ciento veinte pelados con barba se reunieron en el Paseo del Jockey con una consigna tan absurda como eficaz: “farmear calva”, pasarla bien e intentar establecer la mayor concentración de hombres con ese look viendo una película en la misma sala.
La previa ya anticipaba el tono. Los participantes recorrieron el centro comercial, grabaron videos y posaron juntos antes de ocupar las butacas. La imagen, multiplicada en Instagram y otras plataformas, hizo el resto. En pocas horas, la reunión había escapado de Córdoba para circular como uno de los fenómenos virales más comentados del día.
El término “farmear” viene del mundo de los videojuegos y describe la repetición de acciones para acumular recursos o puntos. Trasladado al lenguaje de internet, farmear aura significa ganar presencia, carisma o prestigio. Los cordobeses lo tomaron con humor y agregaron su propia variante: si la calvicie suele alimentar complejos o bromas ajenas, esta vez fue la contraseña de ingreso y el motivo de celebración.
Detrás de la convocatoria estuvo el creador gastronómico Javier “Java” Pez, acompañado en la difusión por el médico Antonio Viana. La idea había comenzado un año antes, cuando Java reunió a diez pelados con barba en un bodegón. La escena llamó la atención y cada edición sumó participantes: fueron veinte, treinta, cincuenta, ochenta y, finalmente, 120.
Para esta ocasión, el cine habilitó una sala con esa cantidad exacta de asientos. La apuesta consistía en llenarla y ensayar un récord informal: el de más pelados con barba mirando una película juntos. No hubo certificación de Guinness. La verdadera marca estuvo en la convocatoria y la velocidad con la que el contenido conquistó las redes.
El éxito revela algo más que un buen chiste visual. La propuesta formó una comunidad que mezcla pertenencia, autoaceptación y capacidad para reírse de uno mismo. Más de mil personas contactaron al organizador, según contó Java, y los encuentros se convirtieron en un ritual con seguidores propios.
En tiempos en que el “aura” se mide en reproducciones, comentarios y memes, el grupo encontró una gran fórmula: apropiarse del estereotipo antes de que otros lo usaran contra ellos. Sin pelo, con barba y con el cine lleno, Córdoba mostró la fuerza de una idea sencilla cuando encuentra su comunidad. Y si el récord quedó pendiente de homologación, el de simpatía pareció asegurado.














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