Tuesday 23 de April, 2024

MUNDO | 04-10-2023 07:04

El apartheid europeo

El Viejo Continente endurece sus medidas antimigrantes. Las gestiones del Papa.

El número de barcos que transportan inmigrantes del norte de África a través del Mediterráneo creció sostenidamente el último año impulsado sobre todo por el cambio climático. Pero Europa se resiste a aceptar este nuevo movimiento masivo de personas. 
Hoy la plataforma de lanzamiento para la mayoría de los migrantes que emprenden el riesgoso viaje a través del Mar Mediterráneo es Túnez. En sus improvisados puertos clandestinos se mezclan esperanzas y sueños, así como desesperación. “Sólo quiero ser jugador de baloncesto”, le dice Mohammed Lain Barrie a la BBC. Ha viajado 5.000 kilómetros desde su país de origen, Sierra Leona. “Sé que sería bueno. Quiero hacerlo para mi familia. Mi sueño es ir a Estados Unidos a jugar baloncesto”, relata.

Su rostro se ilumina mientras habla. Sin embargo, a sólo unos kilómetros de la costa hay un recordatorio de los riesgos que él, junto con decenas de miles más, está dispuesto a correr. Las redes de pesca yacen de fondo en el muelle del puerto de La Lusa. Pero con demasiada frecuencia la captura diaria allí incluye los cadáveres de migrantes que perecieron cuando sus barcos mal construidos y sobrecargados, se hundieron o volcaron. Sin embargo, no faltan personas dispuestas a pagar enormes sumas de dinero para subirse a esos barcos. La mayoría se dirige a Italia. En lo que va de año más de 115.000 personas han realizado el viaje. Eso es más del doble que el número de personas que lo lograron el año pasado en igual período. El aumento se compone en gran parte de africanos subsaharianos que están desesperados por huir del continente.

Políticas

Italia tiene una nueva primera ministra de derecha, Giorgia Meloni, que fue elegida con la promesa de un “bloqueo naval total”: su versión de la promesa del británico Rishi Sunak de “detener los barcos” que cruzan el Canal de la Mancha desde Francia: país que apunta si mirada inclusiva sobre los vecinos España e Italia, pero aplica cierres de fronteras en el sur.

Fotogaleria La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, gesticula durante una rueda de prensa en Roma

En Sicilia, donde aterriza la mayoría de los que vienen de África, Enrico Trantino, recientemente elegido alcalde de Catania, es un aliado político de Meloni. Trantino asegura que “es hipócrita esperar que Sicilia e Italia puedan hacer frente solos a la actual afluencia de refugiados: Es imposible que puedan venir aquí y que todos puedan tener el apoyo que necesitan para tener una vida mejor”.

Esa fue la prédica de Meloni en la cumbre a la que se llamó a mediados de este año para tratar el tema del tsunami de migrantes. Allí la primera ministra, alguna vez rechazada por tener raíces en la extrema derecha italiana, logró imponer su lógica frente al humanitarismo discursivo de los países del norte que le endilgan toda la responsabilidad de contención a los mediterráneos. Pero las cosas cambiaron. Meloni es hoy aceptada como parte del “Equipo Europa”. Así la presentó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cuando la acompañó en un reciente viaje a Túnez. Allí la UE ofreció hasta 2.000 millones de dólares de apoyo al presidente Kais Saied, si este ayuda a detener los barcos. 

Apartheid

 Lo anterior derivó en políticas duras y Saied fue acusado de incitar al odio racial: a principios de este año él mismo sugirió que había una conspiración en su país para reemplazar a los árabes locales con africanos negros que vienen de África Central. Y no es sólo en el Mediterráneo donde se está agitando el sentimiento antinmigrante, al que en distintos puntos de Europa denuncian como apartheid.  

Fotogaleria Esta foto muestra a una embarcación neumática en peligro con 120 personas a bordo en el Mediterráneo central.

En Alemania, el partido de extrema derecha AfD está en ascenso. Una encuesta reciente los sitúa codo a codo con los socialdemócratas gobernantes del canciller Scholz. Y ahora que se acercan elecciones, eso podría cambiar la política del país respecto de los refugiados. 

Rosenheim, en el estado alemán de Baviera, a pocos kilómetros de la frontera con Austria, es la primera parada de muchos inmigrantes que llegan al país. En 2015, miles de refugiados sirios dieron allí su primer paso en suelo alemán. El país acogió a más de un millón de asilados en esa crisis. El alcalde local, Andrea Marz, del partido conservador CSU, cuenta ahora que con las colas para la asistencia sanitaria, las guarderías y la vivienda es fácil convencer a los votantes de que los inmigrantes son los culpables.

La ironía es que Europa -Italia y Alemania en particular- necesitan más gente, más trabajadores. El gobierno de Berlín está pensando en lo que antes era impensado y propone que a los solicitantes de asilo que ya se encuentran en Alemania -a quienes se les prohíbe trabajar hasta que se procesen sus solicitudes-, solicitar una visa de vía rápida para darles curso a la fuerza laboral y ayudar a resolver la escasez "desesperada" de mano de obra.

Pero así como las empresas de toda Europa piden a gritos más trabajadores, los votantes de toda Europa están presionando a sus políticos para que pongan a su propia gente en primer lugar. El gobierno holandés colapsó la semana pasada porque la coalición gobernante no pudo ponerse de acuerdo sobre nuevas restricciones a la inmigración, y los países escandinavos, alguna vez súper liberales, también adoptaron políticas duras. Pocos se muestran conmovidos por los sueños de los que tantos inmigrantes hablan,aun cuando ese rezo venga del propio Francisco (ver recuadro). La simpatía por las historias individuales no se ha convertido en una voluntad colectiva de abrir Europa a quienes buscan asilo. Más bien lo contrario. 

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Internacionales.

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