Viernes 30 de septiembre, 2022

MUNDO | 01-04-2022 09:11

El plan de Joe Biden para divorciar a Maduro de Putin

Washington busca acercarse a Venezuela para despegarla de Moscú, reactivando la industria petrolera chavista.

Pensando que puede ser jalado en cualquier momento a una guerra en Europa del Este tras la escalada bélica en la invasión de Rusia a Ucrania, la administración Biden ha redoblado los esfuerzos para cerrar otros frentes internacionales de conflicto, buscando acelerar un acuerdo nuclear con Irán, y aliviar las tensas relaciones con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.

Pero el acercamiento más receptivo de Washington se está desarrollando -no sin tropiezos-, con un país que el Kremlin ha convertido en su satélite más distante: la Venezuela chavista. Altos funcionarios estadounidenses celebraron este mes su reunión de más alto nivel en varios años con el presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Desde la Casa Blanca describieron la sesión con Maduro como “cordial” y exitosa en establecer una relación personal. Y aunque luego se le buscó restar importancia al encuentro, tras las críticas de la propia bancada demócrata (entre ellos el poderoso senador de Nueva Jersey, Robert Menéndez), las líneas de comunicación entre Caracas y Washington siguen "abiertas". Con pros y contras.

Contraste

La administración Trump había cortejado al despiadado líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, para evitar una guerra nuclear. En contraste, lanzó una campaña de “máxima presión” contra Maduro, una figura ampliamente vilipendiada por la diáspora venezolana y cubana en los Estados Unidos. La línea dura de Trump fue un regalo para los republicanos de Florida, que lograron avances sustanciales en las urnas en distritos donde el exilio es intenso. Y la prohibición estadounidense sobre el crudo venezolano devastó la industria petrolera de la nación OPEP, que ya estaba en serios problemas económicos.

Estados Unidos cerró a la par su embajada en Caracas y se suspendieron los vuelos directos entre Estados Unidos y Venezuela. Más aún, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a Maduro de cargos de narcotráfico, y Donald Trump respaldó a Juan Guaidó como el líder legítimo del país. Pero nada de eso funcionó, cuestionan desde el círculo rojo de Joe Biden.

La oposición venezolana, siempre fracturada, ha caído en luchas internas, mientras el control del poder por parte de Maduro, apoyado en su pata militar, solo se ha fortalecido, junto con la huella de Rusia en Venezuela. Esto alienta un cambio de política bajo Biden: seducir a Maduro con la compra de petróleo y el regreso de empresas estadounidenses a Venezuela, algo que podría equilibrar las cuentas del golpeado petroestado.

Todo a cambio de un gradual despegue de Moscú. Entre los republicanos leyeron esto como un signo de debilidad del actual presidente, preocupado por la economía y el impacto de la suba de las naftas en la inflación. Pero desde la administración Biden explican que aun con la reactivación de la petrolera venezolana PDVSA y la reentrada de la norteamericana Chevron, la industria petrolera de Venezuela está en una situación desesperante, con infraestructura deficiente que requeriría miles de millones de dólares de inversión para mejorar, y años para aumentar significativamente la producción: hoy sólo podría crecer al 15 por ciento de la producción de Arabia, con lo que poco se retrotraerían los precios de la gasolina en las estaciones de servicio estadounidenses. El objetivo de la Casa Blanca es otro: un acercamiento con fines geopolíticos que mine la profunda alianza ruso-venezolana.

Vínculo

Esa alianza se basa fundamentalmente, para el análisis de Washington, en acuerdos petroleros. Pero la cooperación militar de Rusia con Venezuela es fundamental para el régimen, como sucede también en Cuba. Entre 2006 y 2013, el predecesor de Maduro, Hugo Chávez, compró equipo militar ruso por casi 4 mil millones de dólares. A fines de 2018, dos bombarderos rusos Tu-160, de largo alcance y con capacidad nuclear, llegaron al Aeropuerto de Maiquetía, y fueron recibidos por altos oficiales militares venezolanos. Y desde entonces Moscú envió decenas de militares rusos y toneladas de equipo a Venezuela.

Pero hoy el ejército ruso ahora está tan presionado en Ucrania, que Estados Unidos quiere sembrar en Moscú la duda sobre su red de alianzas en América Latina: Moscú convocó a la número dos de Maduro, Delcy Rodríguez, a una reunión en Turquía para revisar su alianza estratégica. El gobierno venezolano, no desea romper con Rusia, pero temiendo que Moscú pueda cortar su apoyo, estresado por el conflicto en Europa del Este, desea continuar con las conversaciones directas.

Conversaciones que podrían reanudarse en México, con la mediación del presidente Andrés Manuel López Obrador, que entiende que la sintonía con Estados Unidos es necesaria para la región. Maduro entiende en igual sentido que un descongelamiento del aislamiento impuesto por Estados Unidos, se vería acompañado por una reapertura a la Unión Europea. 

Claro, en oposición, advierten hasta los propios demócratas que se enfrentan a Biden, esto podría devenir en que Maduro gane tiempo mientras mejora su economía, para romper el acuerdo cuando Moscú vuelva a auxiliarlo, abriendo de paso la puerta para que Putin pueda expandir su alcance en un país que se encuentra a tres horas en avión de la costa de Florida, una amenaza permanente en caso de un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Internacionales.

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