MUNDO | 31-07-2022 00:37

La tragicomedia italiana propicia la llegada de la extrema derecha

Como tumbaron el eficaz gobierno de Mario Draghi. Festejan una líder neofascista y también el jefe del Kremlin.

La historia se repite como farsa, pero tiene ingredientes de tragedia. A la “Marcha sobre Roma” con que Mussolini se apoderó del poder, la hicieron centenares de miles de fascistas que confluyeron sobre la “ciudad eterna” para imponerle a Víctor Manuel III que saque del gobierno al liberal Luigi Facta para entregárselo al duce.

Cien años más tarde, un puñado de derechistas irresponsables empujó del gobierno a un economista brillante y respetado, especulando con adueñarse del poder en elecciones anticipadas En 1922, el primer ministro Luigi Facta intentó convencer al rey de la necesidad de resistir el putsch de los fascistas, pero no lo logró y Mussolini empezó a adueñarse de Italia.

En el 2022, a diferencia de aquellas multitudes de “camisas negras”, no fueron centenares de miles los que destruyeron el gobierno que encabeza Mario Draghi. Fueron cuatro personajes sin escrúpulos los que le hicieron la zancadilla que terminó volteando al primer ministro más prestigioso de la Europa actual. Un economista altamente capacitado, que se había lucido como presidente del Banco Central Europeo conduciendo el timón con mano maestra en tempestades financieras.

También conduciendo el gobierno italiano estaba mostrando su capacidad y su eficacia. No había razones objetivas para sacarlo del cargo. Al contrario, sobraban razones para apoyarlo en la gestión técnica que le habían encomendado y estaba cumpliendo con solvencia. Pero una pandilla de codiciosos conservadores puso sus ambiciones de poder por encima de las urgencias del país y de Europa, sacudidos por los tifones que provoca la invasión rusa a Ucrania.

El primer irresponsable es el gris personaje que se adueñó del Movimiento 5 Estrellas (M5E) tras mostrar mediocridad como primer ministro: Giuseppe Conte. Dolido porque le sacaron el cargo para dárselo al destacado economista, aprovechó un voto de confianza para estirar la pierna y hacerlo tropezar.

A continuación, en un acontecimiento insólito en este tiempo de gobernantes que pierden prestigio y respaldo en tiempo record, un clamor surgió en la sociedad acompañando el pedido del presidente Sergio Mattarella para que Draghi continúe en el cargo.También en las instituciones y gobiernos europeos se escuchaba el pedido de que retire la renuncia. Es imprescindible para la UE que la economía italiana esté bien manejada en semejantes circunstancias.

La escena era insólitamente buena. Edificante. Contagiaba optimismo. En este tiempo de engendros demagógicos pateando tableros y causando tembladerales, los italianos lucían un primer ministro con vigorosa autoridad moral y excelente reputación. Precisamente esa enaltecedora excepcionalidad resalta lo inquietante de la escena que vino ni bien Draghi aceptó retirar su renuncia con la condición de que todos los partidos se comprometieran a actuar con responsabilidad.

El timón volvía a quedar en manos de Draghi, lo que devolvía la serenidad a la nave italiana que navega las aguas revueltas por la inflación y la crisis energética causadas por Rusia. Pero en lugar de suspirar aliviados, los dirigentes extremistas de la Liga y el centroderechista Forza Italia, se dejaron llevar de las narices por una dirigente neofascista.

Giorgia Meloni estaba viendo en las encuestas que si se adelantan los comicios el partido ultraderechista que conduce, Fratelli d’Italia, puede obtener la mayor cantidad de votos con un 22 o 23 por ciento, que sumados al veinte y pico que sacaría la Liga de Matteo Salvini, más lo que pueda aportar el partido de Silvio Berlusconi, será la derecha la que pueda formar el próximo gobierno. Con eso logró convencerlos para que le dieran el tiro de gracia.

Giuseppe Conte hizo la zancadilla inicial mientras que Meloni, Salvini y Berlusconi le dieron al gobierno el empujón final. Si los cálculos que hicieron resultan acertados porque el centro y la centroizquierda no logran acordar un frente común, la elección que se hará a finales de setiembre engendrará un gobierno integrado por amigos y admiradores de Vladimir Putin.

Si las encuestas aciertan, una mujer gobernaría Italia por primera vez en la historia, lo cual sería una gran noticia sino fuera una admiradora de Mussolini que se identifica con el ultra-conservadurismo y el militarismo del presidente ruso.

Desde la caída del fascismo, la única figura proveniente del Movimiento Social Italiano (MSI) que habían fundado en 1946 los discípulos irredentos del “duce”, fue Gianfranco Fini, quien llegó a presidir la Cámara de Diputados y a ser ministro de Relaciones Exteriores en la primera década de este siglo. Pero a esa altura de su vida política ya había roto con Alessandra Mussolini (la nieta del fundador del fascismo), se había ido del MSI y había proclamado un giro ideológico hacia el liberalismo y la centroderecha.

En cambio Giorgia Meloni y sus Fratelli d’Italia mantienen la esencia del MSI, el partido en el que se originaron. Se identifican con el español Santiago Abascal y su partido neo-franquista VOX, además de pensar, como Matteo Salvini, que Italia debe alejarse del atlantismo para estrechar lazos de todo tipo con la Rusia que moldea el actual jefe del Kremlin.

Mario Draghi había alineado a Italia con la Europa atlantista decidida a resistir el plan de Putin, que consiste en obligar a los europeos a abandonar la OTAN para firmar una alianza de seguridad con la potencia militar que les provee gas y petróleo: Rusia.
También había aportado su conocimiento económico para elaborar sanciones apuntadas a que la economía rusa se debilite y no pueda sostener su guerra de conquista sobre Ucrania.

Si funciona el plan con que Giorgia Meloni arrastró a Salvini y a Berlusconi a la insensatez de derribar a Draghi, Italia podría quedar en manos de un liderazgo que debilite la democracia liberal y gire la proa desde el Atlántico hacia el Este.Meloni fue ministra de un gobierno de Berlusconi y hasta hace poco miraba desde abajo a Salvini, pero haber quedado como única fuerza opositora durante el año y medio del gobierno encabezado por Draghi, la convirtió en el polo de atracción para los partidarios de la derecha autoritaria y para los euroescépticos del anti-sistema. Por eso pasó de actriz de reparto a protagonista de esta comedia que podría terminar en tragedia.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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