Domingo 22 de mayo, 2022

MUNDO | 12-12-2021 11:45

Superhéroe en picada

Anulando la elección que perdió en Barinas, Maduro terminó de arruinar una farsa electoral que pudo haberle salido bien.

Superbigote está copiado de los superhéroes del comic norteamericano, pero tiene la cara de Nicolás Maduro y combate a villanos con los rostros de Julio Borges, Henry Ramos Allup y otros opositores. El dibujo animado cuenta las aventuras del “superhéroe” chavista defendiendo a los venezolanos de los malévolos agentes locales del imperio norteamericano. A esta altura de los tiempos, parece más estúpido que terrible el hecho de que a los niños venezolanos se los induzca de ese modo a amar a Maduro y odiar a los disidentes. Los totalitarismos fascistas y marxistas del siglo XX usaban modalidades de adoctrinamiento que endiosaban a sus líderes y demonizaban a disidentes en textos escolares de lectura obligatoria.

En este tramo de la historia, “Superbigote” resulta más ridículo que peligroso. Aunque tenga consecuencias espantosas en la formación de los niños, es tan burdo ante la mirada del mundo que no puede considerarse otra cosa que una prueba de negligencia del régimen. Una más.

De gobiernos despóticos no sorprenden las medidas autoritarias. Lo que sorprende es la negligencia. Tan rudimentario como modalidad de adoctrinamiento resulta el dibujito animado, que revela un liderazgo obtuso. Y a eso se suman los enchastres cometidos después de unas elecciones regionales que podrían haber sido funcionales al régimen pero acabaron siendo lo contrario.

La dimensión del estropicio cometido en el último proceso electoral es tan grande que causa estupefacción. El régimen había logrado que una parte de la dirigencia opositora compita en la elección de legisladores, alcaldes y gobernadores estaduales. Esa oposición volvió a mostrar su mediocridad al no presentarse unificada.

Sin los votos de una diáspora de casi seis millones de venezolanos que no apoyarían a las listas oficialistas, y con la oposición fragmentando el sufragio de los pocos opositores que acuden a las urnas (la mayoría de los ciudadanos opositores no creen en los comicios del régimen y no van a votar) el camino queda allanado a la minoría chavista que concurre masivamente a sufragar para que triunfe el PSUV y le mantenga su puesto estatal o su prebenda.

A eso se sumó la misión de observadores europeos que, como no había razones para que se cometa fraude porque todo estaba servido para la victoria chavista, avalaría el proceso electoral y le daría a Maduro un argumento para refutar al coro internacional que lo acusa de dictador que realiza farsas electorales para legitimarse.

Los observadores de la Unión Europea (UE) cuestionaron muchos aspectos del proceso electoral, pero no lo invalidaron en su totalidad como fraudulento. El informe señala falencias gravísimas, pero reconoce algunos avances.

Dice que el régimen usa de manera arbitraria y discrecional recursos y otros instrumentos del Estado para aventajar a la oposición. Más grave aún, afirma que no hay Justicia independiente ni Estado de Derecho, lo que ropeos calificándolos de espías y después echó del país a dos miembros de esa misión que habían permanecido en Venezuela.

A renglón seguido, el régimen completó el estropicio anulando la elección de gobernador en Barinas. Una decisión impresentable que el Partido Comunista de Venezuela calificó como el peor acto contra la democracia y el Estado de Derecho en la historia del país caribeño, siendo el más categórico de los partidos opositores a la hora de denunciar la tropelía que burló la voluntad popular.

Incluyendo en su trabajo la estafa electoral en Barinas, el Centro Carter publicó un informe lapidario en el que descalifica totalmente el proceso comicial. El documento del Centro Carter concluye que “no se cumplieron los estándares internacionales básicos para elecciones democráticas”.

En Barinas, el candidato de la MUD (Mesa de Unidad Democrática) Fredy Superlano derrotó al gobernador que buscaba la reelección: Argenis Chávez, hermano menor del fallecido creador del régimen.

Por cierto, perder en Barinas es durísimo para Maduro, aunque le reste influencia a su adversario interno Diosdado Cabello. Se trata del Estado donde nació Hugo Chávez y al que gobernaron su padre y sus hermanos desde el inicio del proceso bolivariano.

El primero de la dinastía familiar fue Hugo de los Reyes Chávez, su padre. Después gobernó su hermano mayor y el único con porte intelectual y formación marxista: el físico y matemático Adán Chávez. Ambos gobernaron todos los mandatos permitidos. Pero el hermano menor gobernó menos. Argenis Chávez iba por la reelección y perdió.

Corroborando la afirmación de los observadores europeos sobre la mejora en la calidad de la autoridad electoral, el CNE había ido mostrando el escrutinio y estaba por anunciar oficialmente la victoria opositora cuando el Tribunal Supremo de Justicia anuló la elección y ordenó que se repita, sin la participación del ganador.

El argumento de la mayor instancia judicial de Venezuela, fue que el candidato opositor estaba inhabilitado. En rigor, había estado inhabilitado por su participación en una de las tantas iniciativas fallidas de Juan Guaidó, pero igual que otros dirigentes opositores, había sido indultado por el régimen cuando Nicolás Maduro priorizaba legitimar el proceso electoral y necesitaba candidatos opositores.

De no haber recibido ese indulto el CNE no le habría permitido postularse. De tal modo, la torpeza autoritaria de anular la elección y proscribir al ganador, al haberse ejecutado desde la máxima corte de justicia, confirmó la falta de independencia judicial que señala en su informe la misión de los observadores europeos.

Fue tan impresentable esa acción perpetrada por el régimen, que no sólo la denunció en tan duros términos el Partido Comunista; también tuvo que renunciar a su cargo Argenis Chávez, quien no competirá en la repetición del comicio.

Por duro que sea perder en Barinas debido a la carga simbólica de ese bastión chavista, hasta desde la perspectiva autoritaria era preferible aceptar la derrota. En definitiva, el régimen podría mostrar el resultado en Barinas como una prueba de “limpieza” del proceso electoral. Por el contrario, anular la elección confirma que cuando pierde en las urnas, Nicolás Maduro desconoce la voluntad popular.

Ese tipo de “hazañas” realiza el inconcebible Superbigote.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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