MUNDO | 23-10-2021 08:47

La Navidad según Nicolás Maduro

Raúl Baduel, impulsor del movimiento bolivariano, murió encarcelado. Ya son diez los presos políticos con igual final.

En las horas largas y vacías de la celda, es probable que pensara en los personajes de la historia que padecieron su misma desventura. Como Tomas Moro, encarcelado y decapitado en la Torre de Londres por el monarca al que había ayudado a gobernar Inglaterra y a escribir el Assertio Septem Sacramentorum.

En el aislamiento, Raúl Baduel no debe haberse enterado de un caso más cercano en espacio y tiempo que el de aquel teólogo castigado por el ingrato Enrique VIII: Daniel Ortega hizo apresar a Hugo Torres, el hombre que, en 1974, se había jugado la vida para sacarlo de la cárcel. Tampoco le importó que además de haberlo liberado, haya tenido actuaciones heroicas en momentos claves de la guerra revolucionaria. El déspota nicaragüense lo hizo encarcelar, igual que a otros excombatientes de la insurgencia sandinista que denuncian su dictadura.

El general Baduel fue uno de los fundadores del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, pero languidecía en una celda despojado de derechos. Él había rescatado a Hugo Chávez cuando en el 2002 lo apresaron militares golpistas. Pero murió solo, encerrado en las mazmorras del régimen chavista.

En su novela “Las dos muertes de Simón Bolívar”, Mario Szichman describe la agonía del Libertador al que hace decir “lo que me preocupa no es la muerte, sino la inmortalidad, que impide a una persona descansar tranquila en su tumba”. Seis años después, un acto delirante de Chávez le dio la razón al fallecido escritor: hizo desenterrar a Bolívar para que una segunda autopsia pruebe que fue envenenado en lugar de haber muerto por tuberculosis, como había dictaminado la primera autopsia, realizada en 1830 por el francés Reverend, cuando el cadáver del prócer todavía no se había enfriado.

La televisación de la autopsia, minuciosamente relatada por el exuberante líder caribeño, mostró la razón de la denuncia que había hecho el general Baduel tres años antes, cuando renunció como ministro de Defensa diciendo que el chavismo había emprendido una deriva totalitaria.

Aquella decisión dio inicio al calvario que acabó matándolo en una prisión del régimen. La familia no cree que haya muerto de covid19, como dice la versión oficial, pero aún si fuera cierto, lo visible era la debilidad y el deterioro que le había causado su encarcelamiento, primero en la prisión a la que llaman La Tumba y está en los sótanos del cuartel general del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia) y después en el Helicoide.

El preso político más célebre de Venezuela murió sin libertad y sin derechos. El padecimiento y la muerte del general Baduel prueban el brutal envilecimiento del chavismo, que bajo el liderazgo de Maduro alcanzó su mayor grado de criminalización.

El robusto militar que murió a los 66 años fue, en 1982, uno de los cuatro fundadores del movimiento bolivariano que luego se convirtió en el Movimiento V República, la organización política que llevó a Chávez a la presidencia de Venezuela.

En 1992, por oponerse a los planes de rebelión contra el gobierno democrático, fue marginado de la dirigencia chavista. Pero su fuerte vínculo con el líder se restableció cuando, en el año 2002, encabezó el grupo de oficiales que rescató al mandatario que había sido apresado por militares golpistas para proclamar presidente de facto al empresario Pedro Carmona.

Primero Baduel se negó a acompañar al comandante en una aventura golpista y después lo salvó de un golpe de Estado. Por haberlo rescatado, lo que implica haber salvado al gobierno chavista, Hugo Chávez lo encumbró en el Ejército y en el 2006 lo nombró ministro de Defensa. Sin embargo, tan solo un año después de haber asumido el mando de ese poderoso ministerio, Raúl Baduel renunció diciendo que el presidente había iniciado una deriva autoritaria que parecía encaminada al totalitarismo.

El precio que pagó por su dimisión y su cuestionamiento a Chávez, fue altísimo. Lo acusaron de haber efectuado malversaciones y negociados para apropiarse de casi cuatro millones de dólares. Lo declararon culpable y lo encerraron en la prisión militar de Ramo Verde.

La acusación parecía absurda. Si el general Baduel se hubiera quedado con semejante fortuna mediante actos de corrupción en el Ministerio que encabezaba, no habría renunciado al cargo que le daba tanto poder. Los funcionarios corruptos no dejan sus cargos sino que se atrincheran en ellos, porque el poder es la mejor guarida. Si hubiera robado se habría aferrado al cargo de ministro, en lugar de renunciar. Haber renunciado cuestionando el giro autoritario del líder bolivariano implicó su paso sin escalas de la gloria al infierno.

Quizá sea cierto que durante la libertad condicional que le concedieron en el 2015 se acercó a la disidencia o, incluso, conspiró contra Maduro y Diosdado Cabello. No obstante, ambos encabezan una nomenclatura que aplastó a sangre fuego protestas multitudinarias, colmó las cárceles de presos políticos, destruyó PDVSA, hundió la sociedad en la pobreza y causó una diáspora de dimensiones bíblicas.

No es incoherente que el militar que había rechazado integrar una rebelión golpista y después frustró un golpe de Estado, haya intentado luchar contra un poder dictatorial. Por esa razón el régimen de Maduro volvió a encarcelarlo en el 2017, acusándolo de “traición a la patria” y de instigación a la rebelión.

En las cárceles abarrotadas del chavismo residual ya murieron diez presos políticos. Baduel es el más revelador de los casos de encarcelamiento por enfrentar a la dictadura. Su paso por la historia del movimiento bolivariano muestra el envilecimiento del chavismo. Y su muerte certifica la criminalidad del régimen. El absurdo no es lo mismo que la ridiculez. Es más grave. Que Maduro adelante la navidad a octubre no es ridículo, sino absurdo.

Ridículo fue afirmar que a Chávez “le inocularon el cáncer” que acabó con su vida. También contar que el líder fallecido se le apareció convertido en “pajarito chiquitico” y decir que “la mayoría de nuestras importaciones vienen de afuera”. Pero afirmar que viajó al futuro y allí vio que “todo estará bien” y el régimen se impondrá sobre sus enemigos, fue absurdo. También lo es iniciar las celebraciones navideñas tres meses antes de las tradicionales fiestas cristianas.

Maduro recorriendo el Palacio de Miraflores adornado con guirnaldas y árboles de navidad, protagoniza una escena absurda. Y el absurdo es un rasgo de los sistemas totalitarios. Por eso las más reveladoras descripciones del totalitarismo fueron realizadas en el terreno de la ficción literaria.

El general Baduel denunció el viraje totalitario de Chávez y empezó a transitar un calvario judicial que parece inspirado en la novela El Proceso, de Kafka.

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Claudio Fantini

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