Thursday 23 de May, 2024

OPINIóN | 01-03-2016 15:33

Nace la Era Macri: de la crispación a la despasión

Mauricio Macri ubicó al enemigo entre quienes culparon de todo a un enemigo. La grieta inicia su segunda fase con una declaración de guerra al pasado reciente.

Con la apertura de las sesiones parlamentarias se inicia en toda su dimensión la Gestión Macri.

A partir de ahora se verá la verdadera capacidad del nuevo Presidente de gestar las alianzas que le permitan plasmar en medidas de corto, mediano y largo plazo el factor más ansiado desde que se impuso, por estrecho margen de votos, en el balotaje: la gobernabilidad.

Es curioso que la palabra "gobernabilidad" haya encabezado cualquier instancia de diálogo entablada en los primeros 90 días de gobierno.

Acaso como un símbolo de la nueva época, la Plaza Congreso está semivacía. Hay más policías y vallas que partidarios macristas. La foto se ensambla con los medios tonos del discurso oficial, las declaraciones presidenciales sin atril, las conferencias de prensa mesuradas, las edulcoradas convocatorias a una unidad nacional que aún no comienza, los animalitos en los billetes por venir y demás figuras simbólicas que delimitan el paso de la crispación a la despasión. Del discurso encendido en base a un supuesto anclaje en la épica histórica a uno más frío, de corte gerencial, que pone al hacer por encima del pensar.

Macri puso el origen de los males argentinos en una manera de gobernar y construir poder que fabrica enemigos adentro y afuera como método de división. Es su manera de hacer lo mismo, pero llamando a la cordura y no a la discordia: ubicar al nuevo enemigo entre quienes los creaban todo el tiempo. No es la primera vez que un gobierno se lanza denunciando la pesada herencia recibida.

“La Argentina que viene es el país del acuerdo, del encuentro”, dice Macri. Desde la bancada opositora le gritan de todo. Hugo Moyano sonríe y se come las uñas en un balcón. Gaby Michetti pide que se respete al Presidente y él que “se respete el voto de la democracia”.

Las palabras, por más adecuadas, bonitas o convocantes que suenen, jamás alcanzan para tapar la conflictividad propia de cada proceso. El que se inicia encierra la suya. Iniciar la segunda fase de La Grieta como si la división fuese cosa del pasado conlleva un riesgo: volver a mirar la realidad con un solo ojo para favorecer más un modelo de poder que las genuinas urgencias nacionales.

Ojalá que haya paz. Crispación cero. Y pasión por las soluciones de verdad.

*Director de Revista Noticias.

por Edi Zunino*

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