Martes 2 de junio, 2020

OPINIóN | 20-05-2020 18:16

Acerca de Firmenich

Una reflexión de Diego Guelar sobre Mario Firmenich, el protagonista de la última tapa de NOTICIAS.

En mayo de 1973 –cuando asume la Presidencia de la Nación Héctor J. Cámpora–, el hombre más poderoso de la Argentina era un joven de 25 años llamado Mario Firmenich. Jefe de la guerrilla más importante de Sudamérica, contaba con una “caja” millonaria en dólares –que se incrementaría en 1974 con el rescate de US$ 60 millones pagado por los hermanos Born–, controlaba gobiernos provinciales muy importantes –provincia de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza– y tenía influencia directa en varias otras –como La Rioja o Santa Cruz–; ponía a desfilar por las calles a millones de jóvenes con la vincha y brazalete de Montoneros –la llamada Juventud Peronista “Regionales”– que provenían centralmente de clase media pero que integraban también miembros de origen obrero e hijos de las más encumbradas familias de la aristocracia, la política y la intelectualidad argentina.

Disponía de su propia prensa, con el diario “Noticias” y el semanario “El Descamisado” y tenia células de su organización en todos los canales, radios y periódicos locales y nacionales.

Cultivaba un fluido contacto con el Comandante en Jefe del Ejército, el general Jorge Carcagno, y con él acordaría el “Operativo Dorrego”, que armaría brigadas de la JP con efectivos militares para la “recuperación de zonas inundables” de la Provincia de Buenos Aires.

No hay que olvidar el contexto internacional. La URSS venia ganando la “Guerra Fría”. Los EEUU habían tenido que abandonar el patrón oro, tenían una inflación que llegaría al 14% anual y estaban al borde de la derrota final en Vietnam. Los soviéticos controlaban el “Movimiento de No Alineados” –mayoría en la Asamblea General de las Naciones Unidas– y, en América latina, con base central en Cuba, tenían una política que venía jaqueando, desde los movimientos de izquierda y la insurgencia guerrillera, a las muy frágiles democracias de la región. Con gran habilidad, Moscú instrumentaba a grupos que no le respondían (y le eran críticos) como los nacionalistas, los cristianos, el maoísmo y el progresismo socialdemócrata.

Éramos los “idiotas útiles” (yo era uno de ellos) que creíamos de buena fe estar contra “el capitalismo salvaje norteamericano” y la “dictadura estatal soviética” y soñábamos con el “hombre nuevo” que iba a construir un mundo más justo.

El “Tercer Mundo” era una ficción que flotaba entre los dos contendientes de la Tercera Guerra Mundial que se desarrollaba en América latina, África, Medio Oriente y el sudeste asiático (con los soviéticos ganando).

No lo sé, y es intrascendente para el análisis histórico, si Firmenich era consciente del bando para el que trabajaba o era un “idiota útil” más. Pero ahí estuvo, y representó la otra cara del general Videla en una macabra operación de “pinzas” que dejó un reguero de muertos, torturados, exiliados y jóvenes que nunca pudieron rehacer sus vidas.

Su responsabilidad política es mucho mayor que la emergente del puñado de asesinatos que perpetró (empezando por el del general Aramburu) y dio la mejor excusa para que se encumbrara en la conducción del Estado argentino la camada de criminales más sanguinaria de la región.

No hubo dos demonios... El terrorismo de Estado no es comparable a una banda de jóvenes equivocados, sin entrenamiento ni armamento adecuado, manipulados por una conducción fanática que no supo cuidar a su propia tropa y la lanzó a una “contraofensiva” suicida.

La dictadura le pagó bien a Firmenich. Allí está, vivito y coleando, como un jubilado más, con su esposa y sus cinco hijos vivos. Hasta se pudo dar el lujo de criar a su hijo Facundo en la certeza de que hay “asesinatos justos”. Allá él con su conciencia, si la tiene.

Su falta de autocrítica no es la única. Las FFAA tampoco lo hicieron, pese a haber tenido la oportunidad de ser juzgados por jueces de la Constitución (el bien intencionado gesto del general Martín Balza en 1989, no fue suficiente...).

Pero tampoco hizo autocrítica el general Perón sobre los “excesos antidemocráticos” de sus gobiernos, ni la llamada “Revolución Libertadora” de 1955, ni los gobiernos democráticos que se fueron sucediendo y fracasando a repetición (en el campo económico y social).

Quizás la única excepción a destacar es la del ex presidente Duhalde que enfrentó con éxito la crisis de 2001 y “aprendió” que solo la unidad nacional nos permite enfrentar catástrofes mayores.

No se pueden desconocer tampoco los legados más positivos de las administraciones Alfonsín y Menem: la constitución de 1994 y la fundación del Mercosur.

En estos tiempos de pandemia universal, recordar estos 50 años tiene que servirnos para animarnos a trabajar juntos, sin agravios e imputaciones cruzadas, en la superación del Covid-19, la pobreza, el default, la recesión, la inflación y la crisis del Mercosur.

El señor Firmenich es solo una triste muestra de nuestra frustración nacional y un ejemplo para no ser imitado.

por Diego Guelar, ex Embajador argentino en USA, UE, Brasil y China

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