OPINIóN | 16-01-2020 16:16

Chanchogate: encubrimiento, rigor mortis y mentiras

Las asombrosas semejanzas del policial trash del verano con las investigaciones judiciales trascendentes de los últimos años. Un drama que vuelve como farsa.

¿Por qué encubren al lanzador del chancho-cordero? ¿Quién fue el autor intelectual de la broma-atentado? ¿Se comieron la evidencia?

El chanchogate, insuperable policial trash del verano –catalogado por la Fuerza Aérea Uruguaya como “lanzamiento de animal desde helicóptero civil”, cuenta con demasiados elementos a los que nos tienen acostumbrados las investigaciones de casos judiciales serios. A saber:

Poco se sabe sobre las circunstancias en que murió la víctima,un animal de fisonomía imprecisa. A los testigos que aseguran que se trató del excéntrico delivery de un cordero descuerado –en cuya hipótesis la anomalía apenas consistió en entrar al hogar por la pileta en lugar de la puerta- se contrapone el veterinario mediático Juan Romero, cuya investigación paralela introduce la denuncia por  crueldad animal. El experto asegura haber visto el video varias veces en cámara lenta antes de dictaminar que se trataba de un cerdo que movía las patas al caer y murió por el impacto con el agua. “No tenía rigor mortis”, testificó.

“Nos tiraron un (cordero) muerto”, declaró la dueña de casa, Lara Bernasconi, asombrada de que su familia sea cuestionada cuando en realidad son las “víctimas de un hecho de vandalismo”. Que a juzgar por el video que ellos mismos filmaron les causó mucha gracia, a diferencia de lo que provocó lejos de la distención esteña. A Julieta Prandi, por caso, le recordó los vuelos de la muerte de la dictadura, según consta en su público repudio al hecho.

No hay plan de vuelo registrado. El helicóptero pudo volar desde alguna chacra vecina sin ser detectado.

Las presuntas víctimas mienten. En su declaración ante la jefatura policial de Maldonado, el administrador del complejo donde ocurrió el hecho denunció haberse dirigido a la vivienda de Federico Álvarez Castillo al escuchar el estruendo y que, interrogado por lo que había ocurrido, el dueño de casa respondió que le habían tirado un paquete con juguetes, regalo de Reyes para sus hijos. Contradice al atentado aludido por su mujer.

Ajuste de cuentas. Según versiones coincidentes, el perpetrador del hecho mantendría una deuda comestible con la víctima, que habría saldado tras la insistencia de quien, según esta línea de investigación, pudo ser el autor intelectual del episodio.

Hay encubrimiento. Aunque en las tertulias esteñas los hermanos Cantón están en el centro de las sospechas, sigue sin identificarse al autor material del hecho y el propio Álvarez Castillo niega saber quién piloteaba el helicóptero que tiró al animal.

Se destruyó la evidencia. La fiscal de oficio Ana Dean confirmó que el occiso caído del cielo terminó en la parrilla familiar y los Álvarez Castillo se lo comieron aunque habían asegurado ignorar su procedencia.

Chancho, cordero o ciudadano, cualquier similitud con otros casos de mayor gravedad político-institucional podría ser pura coincidencia. O no.

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Alejandra Daiha

Alejandra Daiha

Editora Ejecutiva y columnista de Radio Perfil.

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