Jueves 3 de diciembre, 2020

OPINIóN | 13-11-2020 11:11

El milagro de volver a nadar

Volvió el agua y con ella todas sus virtudes curativas para grandes y chicos. Experiencias en primera persona y limitaciones a la actividad en los próximos meses.

Nadar no se parece a nada. A diferencia de cualquier otra actividad física, se realiza en un medio en el que el cuerpo no pesa, el solo hecho de moverse ejercita los músculos y el aire es tan importante, que quien no aprende a respirar en el agua (como en la vida) no logra avanzar de ninguna manera.

Se pueden correr maratones de kilómetros, pero “nadar es otra cosa”, dice uno de mis profesores, cuando algún canchero muy entrenado le propone que exija metros de nado sin miedo. Lo más probable es que el atleta termine hiperventilado, agarrado de la escalerilla, sin fuerzas siquiera para salir del agua.

Uno aprende, generalmente, a nadar en la infancia; pero salvo que un chico entrene con rigor; las lecciones infantiles quedan pronto en el olvido y el adulto que vuelve a una pileta después de años, solo puede chapotear lastimosamente unos minutos.

A nadar en la adultez se reaprende, en un proceso paciente y lento, que consiste -como ya dije- en lograr respirar con ritmo y con pausas. Se perfeccionan después los estilos, se ponen metros como metas, se usan accesorios para fortalecer ciertas zonas del cuerpo (manoplas, patas de rana, etc) y se entrena como en cualquier otra actividad física.

Podría escribir páginas y páginas sobre una práctica que me cambió la vida. Entré a una pileta como adulta después de 30 años de no nadar, por indicación de un médico, porque una hernia de disco que trastornaba de dolor. El dolor pasó pero el gusto por nadar quedó para siempre. Por mi amor a la natación también dejé de fumar, después de 30 años. En el sufrimiento de la abstinencia, el agua fue un calmante fundamental.

¿Algunas cosas maravillosas de esta práctica? La respiración acompasada, en tramos de natación largos (300, 500 o 1000 metros) produce un efecto similar al de la meditación. Lo juro. Además, el agua es curativa para quienes tienen problemas en los huesos o en los músculos, por eso es milagrosa para los adultos mayores y para personas que sufrieron lesiones graves. También para chicos en cualquier condición que exija relajación y estímulo.

Cualquiera puede aprender a nadar, a cualquier edad. Una de mis compañeras de pileta es china. En China a las mujeres, antes, no les enseñaban a nadar, por eso para ella poder zambullirse sin ahogarse era un sueño imposible. Cuando entró por primera vez en el agua no podía despegarse del borde. Le tomó 6 meses animarse a entrar en la “parte honda” aún con una tabla flotadora en los brazos. Tenía 50 años cuando empezó las clases. Dos años después era una nadadora imparable, de las que entrenan todos los días de la semana.

¿A quiénes no les recomiendo nadar? A los apurados. A los que quieren cuidar el pelo. No creo que haya muchas más restricciones.

Pandemia

La cuarentena fue letal para los nadadores que, en general, no son muy amantes de otras actividades. Después de 8 meses inactivas, la semana pasada reabrieron las piletas con algunos protocolos estrictos:

-Solo pueden volver a habilitarse las piletas al aire libre

-Hay que entrar con barbijo hasta el borde y volver a ponérselo al salir.

-Fundamental sacar turno para clases y pileta libre porque no puede haber más que una cantidad de gente determinada, en la piscina, a la vez.

-Muchas piletas no tienen habilitados los vestuarios, por lo cual hay que ir con traje de baño debajo de la ropa y cambiarse junto al natatorio.

-Se traza un recorrido de acceso y salida obligatorio para entrar y salir.

 

¿Qué se siente volver a nadar después de tanto tiempo? Felicidad. Y una toma consciencia de lo amargo y oscuro que ha sido vivir este largo período de aislamiento.

Una recomendación de mi profesor: tomárselo con calma, no pretender volver inmediatamente al nivel que teníamos antes de la pandemia. “Nadar es otra cosa”, repite cuando le juramos que todos estos meses caminamos y corrimos.

A la media hora de nadar, empiezan a dolerte todos los músculos.

Pero aflojan las tensiones de meses. Se respira. El mundo vuelve a ser el de antes.

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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