OPINIóN | 27-10-2020 17:58

No es tarde para superar el bimonetarismo

Las razones del fenómeno que otros países lo superaron y que la Argentina tiene la oportunidad de lograrlo ahora.

No es habitual tener un país con economía bimonetaria en el siglo XXI. En esta materia como en otras, las personas, humanas o empresas, eligen los instrumentos que les resultan más convenientes para sus actividades. En general, preferimos manejarnos con aquellas monedas que nos permitan transacciones y que sirvan de reservas de valor en sociedades modernas complejas. En la práctica, estas funciones están muy interrelacionadas.  En el pasado se usaban metales y piedras preciosas en lugar de productos perecederos como moneda. En la modernidad se usan notas de papel o, cada vez más, anotaciones de cuenta que son valuadas por lo que representan. Las personas estarán motivadas a usar la moneda que les permita mantener el poder adquisitivo para cubrir su demanda de bienes y servicios en la zona de su entorno por el mayor tiempo posible.  

Cabe entonces preguntarse por qué en la Argentina su moneda no es valorada y se buscan alternativas. La respuesta requiere explicaciones más allá de una tendencia a imprimir continua e incrementalmente más dinero local. Tampoco es este un factor primordial a ignorar. Recurrir al banco central para que le pase sumas de moneda fresca y las gaste el sector público sin un reflejo en mayores bienes y servicios genera aumentos de precios y esto es erosión del poder adquisitivo de esa moneda y, por lo tanto, un incentivo a que el receptor de esos pesos trate de descargar los que no usa. Una forma práctica de hacerlo es comprando moneda extranjera, menos inflacionaria, o algún sustituto. En teoría, esa huida de los pesos se podría mitigar y, hasta revertir, si se ahorrase en su moneda. Sin embargo, en la Argentina este acto está asociado a riesgos diversos que fluctúan entre alteraciones de contratos, incluyendo confiscaciones de diverso tipo, hasta usos de esos fondos en cuestiones no productivas y que, por lo tanto, terminan en pérdidas. La persistencia en semejante dinámica negativa conlleva más debilitamiento de la economía y de la moneda. En consecuencia, si no se corrigiese, un mal paso lleva a otro de una categoría superior. La lluvia pasó a ser una tormenta. Y la tormenta, un huracán.

Por lo tanto, la solución pasa por encontrar y demostrar que el instrumento monetario argentino es representativo de una realidad y perspectivas deseables. Esto requiere tener un sistema no sujeto a arbitrariedades ni excesos; que utilice bien sus recursos y atraiga más. Así, la moneda sea calificada como confiable y se corresponda a una sociedad que tiene interesantes posibilidades de desarrollo. Muchos países lo entendieron y actuaron en consecuencia, corrigiendo lo necesario y recurriendo a soluciones profundas y duraderas en el tiempo. En estos días hay dificultades extraordinarias. Estas bien podrían ser la razón para actuar sobre las causas profundas en un ambiente internacional con características que no son adversas para la Argentina -como calidad y precio de servicios, agro y derivados- en momentos de tasas de interés mundiales muy bajas. No es tarde para superar el bimonetarismo.

 

* El autor es director ejecutivo de Quantum Finanzas y fue secretario de Finanzas.

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por Daniel Marx*

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