Jueves 7 de julio, 2022

OPINIóN | 23-05-2022 21:56

Porqué Brasil exporta billetes y Argentina los importa

Al no haber avanzado en la impresión de un billete de mayor denominación, el gobierno de Alberto Fernández generó un costo de U$S 186 millones.

Pocos lo saben, pero nuestra Casa de la Moneda SE (la fábrica que produce los billetes que usamos todos los días) tiene una capacidad productiva, superior incluso a la del vecino Brasil: mientras que la nuestra produce unos 800 millones de billetes al año, la brasilera fabrica unos 2.000 millones de unidades, con la diferencia que Brasil tiene 212 millones de habitantes, casi cinco veces nuestra población de 47 millones de personas.

Sin embargo, ¿por qué Brasil tiene la capacidad de “exportar” billetes y nosotros no? La respuesta se encuentra en la diferencia abismal que hay entre la denominación de nuestros billetes y los suyos, y el poder de compra que tiene cada billete. En Brasil, el billete más alto es el de doscientos reales y en Argentina es el de mil pesos. En Brasil, el billete más alto de doscientos reales equivale a U$S 42. En Argentina, nuestro billete de mil pesos equivale, luego de la devaluación brutal de los últimos dos años, a apenas U$S 5, cifra muy lejana a los casi U$S 60 a los que equivalía cuando se lo emitió por primera vez en el año 2017, bajo el gobierno de Mauricio Macri.

Es decir, Brasil tiene un excedente de producción de billetes, porque sus papeles guardan lógica con el ritmo al que avanza su inflación. Mientras tanto, en la Argentina, seguimos utilizando un billete de $1.000 que cada día vale menos, lo que provoca que la Casa de la Moneda tenga que estar imprimiendo billetes las 24 horas, los siete días de la semana, para poder cubrir la demanda.

De más está decir que, además del costo de oportunidad que perdemos al no hacer lo que Brasil y exportar billetes, toda esta locura tiene un costo asociado en dólares demencial. Sólo en 2020 y 2021, el hecho de no haber avanzado en la impresión de un billete de mayor denominación, el gobierno de Alberto Fernández generó un costo excedente de U$S 186 millones. Algo que también ocurrió durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, excepto que en aquella oportunidad, el costo de no imprimir un billete de mayor denominación entre los años 2008 y 2015, nos costó a todos los argentinos U$S 639 millones.

Con lo que gastaron de más en 2020 y 2021 se hubieran podido construir 74 nuevas escuelas o equipar 4.400 establecimientos educativos con la última tecnología. Si hacemos ese cálculo con lo que se gastó de más en los gobiernos de Cristina Kirchner, el número induce a la desesperación: 256 escuelas nuevas . La ineficiencia no sólo cuesta dinero, también cuesta futuro.

Respecto de los componentes que incluyen los billetes, todos, absolutamente todos son importados, a excepción de su diseño y, obviamente, la impresión (que en ocasiones se ha importado). Desde el papel y la tinta del billete, pasando por la tinta offset (esa que cambia, en el importe del billete, de verde a negro con la luz) y el hilo de seguridad, hasta el cartón que separa las planchas de billetes, se importan de países como Suecia, Suiza y Brasil, con un costo asociado en dólares que crece en la medida que se necesita imprimir más billetes. Sólo la impresión y el diseño son de “fabricación nacional”.

Es en este contexto en el que el Presidente Alberto Fernández sale a anunciar con toda la pompa el lanzamiento de una nueva familia de billetes, con la excusa de “recuperar los próceres” en nuestro papel moneda. Lamentablemente, en una nueva muestra de ignorancia e inoperancia de esta gestión, no se ve por ningún lado el anuncio de billetes de dos, cinco, diez o veinte mil pesos, lo que llevaría a aprovechar esta oportunidad para hacer algo más que demagogia y generar algo de eficiencia en el estado, y así disminuir el costo que pagamos los argentinos por la emisión de moneda.

Lo peor de todo este asunto, es que su resolución no requiere más que el uso del sentido común. Explicado con números simples: en la actualidad, para llevar diez mil pesos en la billetera hacen falta 10 billetes de $1.000, 20 de $500, 50 de $200, 100 de $100… y $10.000 en la Argentina hiperinflacionaria de hoy no es mucha plata, aunque sí cueste muchísimo ganarla.

Para llevar la misma plata, si tuviéramos un billete de $2.000 necesitaríamos 5 billetes, sólo dos si tuviéramos uno de $5.000 y, solamente uno si tuviéramos uno de $10.000 (que estaría más cerca de los U$S a los que equivalía el de $1.000 en 2017, ahora con algo así como U$S50). Es tan evidente, que sorprende que el gobierno no lo tenga en cuenta. N

En un momento en el que la crisis económica se profundiza todos los días y nadie sabe a dónde iremos a parar, con más del 50% de pobres, una inflación que va derecho al 100% y una escasez fenomenal de divisas (que sólo se ve morigerada porque estamos en los meses de cosecha y liquidación del campo), el gobierno pone como prioridad su demagogia. Pero el relato cuesta caro, muy caro. Y la cuenta la pagamos entre todos.

Augusto Ardiles. Ex director de la S.E. Casa de Moneda.

por Augusto Ardiles

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