OPINIóN | 23-06-2023 13:23

¿Quó vadis, PRO?

En el PRO todavía no aprendieron el ABC del federalismo, y es difícil imaginar cómo sus futuros gobernadores e intendentes podrían coordinarse sin una referencia presupuestaria común.

El núcleo electoral del peronismo reside en el conurbano y en las provincias del norte. El del radicalismo, en los municipios medianos y chicos del interior.

El núcleo electoral del PRO está distribuido por la franja central del país, pero su dirigencia se apelotona en la Ciudad de Buenos Aires.

Los PROteños la mandaron a Vidal a la Provincia. Después se la llevaron de vuelta. Entonces lo mandaron a Santilli. A cambio se llevaron a Jorge Macri.

Resistentes, los veinte intendentes bonaerenses del PRO crearon el Grupo Dorrego para fortalecer la identidad provincial. Hoy, algunos de ellos son candidatos porteños y otros asesoran a los porteños que se presentan en la Provincia.

Para el PRO, la General Paz es una puerta giratoria –y gira alrededor del Obelisco. Por eso aceptan esta regla de oro del sistema político argentino: los candidatos a gobernador bonaerense se eligen en la Capital. Y los de Córdoba, querrían ellos, también.

Por esa razón, mantener el gobierno de la CABA es crucial para la supervivencia partidaria. Peronistas y radicales aprendieron a funcionar como confederaciones de partidos provinciales. El presidente del PJ es Alberto Fernández y Matheu 130 está siempre vacío. En la convención, los radicales discuten pero no disciplinan. En el PRO todavía no aprendieron el ABC del federalismo, y es difícil imaginar cómo sus futuros gobernadores e intendentes podrían coordinarse sin una referencia presupuestaria común. Y cuando la billetera se achica, el látigo se acorta.

El PRO surgió en la política argentina como rara mezcla de novedad, simpleza y excepcionalidad. Como un partido que le traía hambre y orden a una oposición dispersa. Hambre de poder en vez de letanías testimoniales; orden como estudio metódico de la opinión pública y planificación profesional de la campaña electoral. El hambre se lo contagió a sus socios, que hoy aparecen dispuestos a cualquier cosa para volver al poder; el orden, en cambio, lo perdió en el camino.

 

* Andrés Malamud y Miguel De Luca son politólogos.

por Andrés Malamud y Miguel De Luca

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