Sunday 26 de May, 2024

OPINIóN | 27-02-2023 07:48

El Papa Francisco como víctima de la grieta

El sumo pontífice quedó atrapado en la grieta política argentina. Saldo positivo en los cambios alcanzados.

Para no pocos argentinos el pontificado de Francisco quedó reducido en buena media al gesto adusto que puso al fotografiarse con Mauricio Macri, a haber “echado” a Margarita Barrientos de la Plaza de Mayo, a haberle “enviado” un Rosario a Milagro Sala, a que entre sus “voceros” se cuente Juan Grabois. A haber recibido “tantas veces” a Cristina Fernández y a tantos peronistas, en detrimento de los de otras fuerzas políticas en razón de su simpatía por el peronismo. No importa cuánto hay de verdad en todo esto. Al fin de cuentas, vivimos tiempos de grieta, de guerra política y, se sabe, en la guerra la primera víctima es la verdad.

Podríamos seguir y hablar, por caso, de la acusación que se le hace de fomentar el “pobrísimo”. Pero nos detenemos acá. Lo cierto es que los argentinos -o unos cuantos de ellos- redujimos el papado de Jorge Bergoglio a un conventillo político de dudosa veracidad. No llegamos a apreciar toda la dimensión de su pontificado en estos diez años, comenzando por promover una Iglesia más abierta y comprensiva, que no discrimine a gays y divorciados; una Iglesia austera y con gran preocupación —aunque no excluyente— por los pobres, y una atención como nunca antes en el catolicismo por el medioambiente.

Tampoco llegamos a apreciar todas las medidas que tomó —continuando el camino iniciado por Benedicto XVI— para combatir el horrendo flagelo de los abusos sexuales cometidos por miembros del clero, el mayor escándalo en la Iglesia en mucho tiempo. O para dotar de mayor transparencia a las finanzas vaticanas, contaminadas de corrupción y acechadas por mafias. Entre los avezados periodistas que se ocupan del quehacer del Vaticano no había muchas esperanzas de que Francisco llegaría tan lejos en aspectos tan delicados. ¿Logró todo lo que se propuso? No, pero no fue poco lo que consiguió.

Nos quedamos sin valorar su empeño por el ecumenismo y el diálogo interreligioso, especialmente con los judíos y los musulmanes. Y, en fin, por la paz mundial. Errores seguramente cometió. Sin embargo, el saldo es ampliamente positivo. Claro que nadie es profeta en su tierra

*Periodista. Autor de “Secreto de Confesión” y “El Jesuita”.

por Sergio Rubin *

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