Natalia Oreiro sabe de transformaciones. De Paquita de Xuxa a reina de las telenovelas. De cantante pop que convocaba a multitudes en Rusia a una de las actrices fundamentales del cine argentino.
Títulos como “La mujer de la fila”, “La noche sin mí”, “Música en espera”, “Infancia clandestina”, “Wakolda”, “Francia” y “Mi primera boda”, junto a propuestas como “Nada entre los dos” y “Gilda, no me arrepiento de este amor”, le posibilitaron ser una referente actoral dentro del cine nacional.
Y si de transformaciones se trata, logra ser el principal foco de atracción en “Yo, Narciso”. En una película que juega con las duplicidades, asume el doble rol de Miranda / Rocío Flores, una profesora universitaria, socióloga y escritora que, gracias a un vestuario impactante y a una cuestión de actitud, establece los juegos de seducción para desestabilizar a Máximo Rey, el cirujano plástico encarnado por Adrián Suar.
El reciente estreno de “Yo, Narciso” permite el encuentro de Natalia Oreiro con NOTICIAS.
Noticias: Tus últimas películas, “La noche sin mí”, “Nada entre los dos” y “La mujer de la fila” tienen un importante componente dramático, ¿es el momento de volver a la comedia pura con “Yo, Narciso”?
Natalia Oreiro: A mí la comedia me encanta y siempre estoy esperando un guión inteligente para volver a ella. Me siento plena en la comedia, pero no es sencilla, uno cree que en el cine el humor es más fácil que el drama y no es así. Obviamente, es complejo encarar una historia dramática que tiene un compromiso social muy fuerte como algunas de las películas que nombraste, pero también es difícil hacer reír a la gente, conseguir un buen guión, personajes diferentes, tener algo nuevo para contar e intentar no repetirse con la interpretación. ¡Sobre todo tenés que encontrar un coequiper como Adrián Suar! Hace 13 años que no trabajábamos juntos, desde “Solamente vos”, queríamos volver, pero el proyecto justo no aparecía y dijimos: “Vamos a hacer algo cuando valga la pena”. Nunca fue nuestra idea repetir dupla solo porque nos había ido bien , encontrar el material era fundamental y se nos dio, reunirnos en esta comedia fue un aire fresco total, como si el tiempo no hubiera pasado, volvía contenta a casa. Nos reíamos un montón con un tema complejo, porque la película lo trata desde el humor, pero estamos hablando de una patología como es el narcisismo.
Noticias: Con Adrián siempre tuvieron muy buena química, pero acá cambió algo, además de ser tu compañero también es director, guionista y productor. ¿Cómo es la dinámica cuando alguien es tu compañero y también tu jefe?
Oreiro: ¡Cero respeto! (Se ríe) Lo digo en el mejor sentido, porque el respeto no se da por un lugar jerárquico ni asimétrico, sino porque me gusta trabajar en un ambiente respetuoso en general donde todas las palabras son escuchadas. Para mí es muy relevante lo que me dice Adrián que es el director, pero también es muy importante lo que me comenta una maquilladora si vio algo que no le cierra. Por ejemplo, yo trabajé con María Laura Berch, que además de ser la directora de “La noche sin mí”, es una gran coach, maestra de actores y una destacadísima jefa de casting y siento, esto sin que vaya en desmérito de la dirección, que el director tiene tantas cosas en la cabeza. El tiempo, la puesta, la luz… Los actores a veces nos creemos el centro del mundo y obviamente no lo somos, pero tenemos que estar concentrados, ser como una plastilina lista para moldear cuando digan: “Acción”. No siempre el director tiene la posibilidad de estar en todas partes, no porque no quiera, se le va de las manos. Entonces respeto mucho su lugar, pero también la mirada de otra persona que quizás de una forma más contemplativa, sin la responsabilidad que conlleva dirigir, vio algo que por ahí al director se le pasó. ¡Igual Adrián hace de todo! Bueno casi… Lo único que no le gusta es cantar. Yo siempre le digo: "Vamos a cantar algo juntos” y se niega. En “Solamente vos” lo convencí, pero hacía doblaje, ¡eso fue una idea mía!
Noticias: Te dirigieron otros actores que también son directores como Fernán Mirás y Gael García Bernal. ¿Eso ayuda a que entiendan mejor tu trabajo como actriz a la hora de dirigir?
Oreiro: No sé si ayuda, pero creo que me autoconvenzo de que lo entienden más y por ahí nada que ver (Se ríe). Porque tanto Benjamín Ávila como Lorena Muñoz o Lucía Puenzo siempre estuvieron pendientes de mis inquietudes, mis necesidades o mis preguntas. Benja Ávila, con quien hice “La mujer de la fila”, es una persona absolutamente sensible y comprometida que pone la cámara y llora con vos. Entonces uno cree que si el otro es actor cuenta con más herramientas para transmitir la interpretación, pero todas las personas tienen algo para aportar. Desde la experiencia personal siempre hay algo nuevo para aprender, lo más importante es la confianza que le tengas a quien te eligió para interpretar ese personaje y también es fundamental que confíes en vos. Lo peor que te puede pasar en un rodaje es no sentir que estás alineado con tu trabajo o pensar que el director no cree en vos, ahí la inseguridad está a flor de piel.
Noticias: Volviendo a “Yo, Narciso”. ¿Cómo fue tener de pareja a Julieta Zylberberg?
Oreiro: Alucinante, para mí ella es una de las mejores actrices de mi generación. Juli me encanta en cine y en teatro, me gusta mucho todo lo que hace. Nosotras trabajamos juntas hace más de 20 años en un proyecto re random… yo digo eso y mi hijo el otro día me preguntó: “¿Qué es random?", es una palabra más de ahora, rarísima, digamos (risas). Lo que hicimos con Julieta se llamaba “Amanda O”, era como una serie web antes de que existieran las series verticales, hacíamos dupla ahí. Después no volvimos a trabajar nunca, pero yo sigo mucho su laburo, me encanta.
Noticias: En esta época donde está tan castigada para la docencia, ¿te gustó encarnar a una docente en la película?
Oreiro: Yo le tengo mucho respeto a la docencia, hay que ser muy buena gente para dedicarse a educar, sobre todo en estos tiempos. Se necesita tener mucha comprensión. Mi hijo Ata ya está en el secundario y yo siempre le digo: “Tus maestros son tus referentes, respetalos, son tus guías”. Cuando tenés la suerte de cruzarte con un buen docente te modifica, me parece re lindo poder transmitir conocimiento.
Noticias: Para la transformación de tu personaje el vestuario es fundamental. ¿Cómo trabajaron eso?
Oreiro: Mirá, yo siento que cuando hacés un personaje tenés que pensar en 360°, hay actores que no le dan tanta importancia, se ponen lo que le dan y está muy bien, pero en mi caso no puedo. Yo me acerco a un personaje y pienso cómo se peina, cómo mira, dónde nació, la edad que tiene, dónde se ubica socialmente, qué le gusta, cuáles son sus colores favoritos, si tiene vergüenza o no de mostrar sus piernas, si se viste con ropa suelta, cuál es su pareja, todo eso arma al personaje y el vestuario es lo primero que ve el espectador. Compongo mucho desde el vestuario, siempre lo hice, no es para publicitar marcas. Me acuerdo que cuando rodamos “Francia” con Israel Adrián Caetano, no había recursos, todo el mundo se vestía y se peinaba solo. Yo había ido a una feria americana a buscar cosas y el brochecito del pelo, el arito que usaba, cómo se cerraba la camisita, todo salió de ahí y Caetano me dijo: "Ponete lo que vos creas". Esa libertad me la dan en la mayoría las películas, trabajo codo a codo con vestuaristas, pero siento que para mí el vestuario es una parte esencial del personaje. Me pasó lo mismo en “Gilda” con el vestuario de Julio Suárez, que es un genio, en general han sido muy abiertos a mi participación en una creación que en definitiva es suya y mía también. Yo no puedo trabajar si el iluminador no viene, porque el brillo que necesito para mis ojos cuando cae la lágrima sino no se va a ver. Lo mismo aplica al sonido, en “Santa Evita” trabajé mucho en lo vocal con una coach, el personaje se va armando en una composición compartida, en equipo. A veces uno se cierra a las sugerencias del otro por inseguridad o por estrés, pero no te das cuenta de lo importante que es escuchar y estar abierto. El cine tiene eso de hermoso, es colectivo.















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