Jueves 6 de octubre, 2022

POLíTICA | 03-04-2020 17:21

El pacto entre Alberto Fernández, Larreta y Kicillof para enfrentar lo que viene

Efecto coronavirus mata grieta y las primeras diferencias post cacerolazo.

Un grupo de vecinos de Caballito rompe con la distancia social recomendada para aplaudir de cerca a Alberto Fernández, que sale manejando su auto del Sanatorio Antártida donde nació y que ahora reinaugura con Axel Kicillof y Huyo Moyano. No está Horacio Rodríguez Larreta, pero sin su habilitación para abrir la clínica de los camioneros que estuvo envuelta en manejos millonarios y permaneció cerrada once años, el acto no hubiera sido posible. El avance del coronavirus en el país todavía mantiene unidos a los tres mandatarios. Alberto, Axel y Horacio pelean contra el mismo rival y se esfuerzan por mostrar que juegan para el mismo equipo. Pero cada uno lo hace a su estilo y en el camino, cosechan aplausos y duras críticas.

Modo Alberto. Con un nivel de aceptación mayor al 70%, según las encuestadoras, y del 90%, según el Gobierno, el Presidente pasa cambios en su Toyota Corolla y recorre las calles para chequear que todos estén en casa. Va camino al Sanatorio de la obra social de los Camioneros (OSCHOCA) donde lo espera Moyano. Al llegar, ambos sonríen y amagan con darse un abrazo que al final contienen, impedidos de tocarse por el coronavirus. “El problema de la Argentina no son los políticos ni los sindicalistas, sino los que dicen que sobra gente y los que especulan”, dice el Presidente. Y dedica más tiempo a hablar del “inmenso” y “ejemplar” Hugo, que a las 330 camas donde podrán atender a los contagiados de la provincia de Buenos Aires.

En su discurso, Fernández responde a las críticas de los opositores que le reclaman bajar los sueldos de los funcionarios, agradece a gremialistas que se alinearon para aportar recursos en medio de la pandemia y apunta contra los empresarios, a quienes todavía no logra sumar a la cruzada solidaria que pregona. Esta vez el Presidente no lo nombra, pero subyace en su discurso el nombre de Paolo Rocca, el dueño de Techint que dejó sin trabajo a 1.450 obreros de la construcción en plena cuarentena, y a quien le dijo: "Tanta plata has ganado a lo largo de tu vida, tenés una fortuna que te pone entre los más millonarios del mundo, hermano, ¡esta vez colaborá!".

En la Casa Rosada aseguran que la prioridad de Alberto sigue siendo la salud. Pero en la segunda semana de aislamiento social su relato viró hacia la economía. Los desembolsos para paliar la grave situación que atraviesan trabajadores informales, pymes y jubilados, entre otros sectores, ya llegan a $ 550.000 millones y representan 2,5 puntos del PBI, según un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad de Avellaneda.

El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, manteniene las reuniones con el Gabinete económico que integran Martín Guzmán, Claudio Moroni y Matías Kulfas, los ministros de Economía, Trabajo y Desarrollo Productivo. Junto al Banco Central y la AFIP, el grupo netamente albertista diseña las medidas para intentar atenuar el impacto económico de la pandemia.

Alberto Fernández monitorea todas las acciones, pero se concentra en hacer crecer su rol de “capitán”, buscar aliados y dar permanentes muestras de unidad. Las acciones que encabeza van desde responder tuits y hablar por Instagram con el cantante puertorriqueño Residente, hasta contar públicamente que habla con Cristina Kirchner, con todos los gobernadores, y los intendentes del conurbano más asustados por el coronavirus. Por whatsapp, ellos lo mantienen informado sobre la seguridad, el reparto de alimentos y la incorporación de camas o respiradores.

“Estamos en línea directa con Alberto, él tomó la conducción y logró un liderazgo importante”, cuenta Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverría. Su elogio no sorprende, ya que es uno de los jefes comunales que acompañan al Presidente desde el día uno. Pero la pandemia logró no sólo afianzar el vínculo entre Fernández y los mandatarios peronistas del Gran Buenos Aires, sino llegar a cautivar a opositores, como Néstor Grindetti, Gustavo Posse, Jorge Macri o Diego Valenzuela. “No hay grieta en este momento”, repiten los referentes de Cambiemos. Y hasta se animan a pronosticar que “Alberto puede cerrarla”.

En algunos sectores del Gobierno especulan con que la pandemia sirva para achicar también otras grietas. “El Presidente tiene la oportunidad de romper con esa idea de que la autoridad es sólo de la derecha -reflexiona un funcionario-. Sabe que un Estado fuerte necesita del Ejército”. El mismo que recorre Quilmes y La Matanza repartiendo comida.

En febrero, cuando el Covid-19 parecía lejano, Fernández dio muestras de querer recomponer el vínculo con las Fuerzas Armadas al destacar: “Hoy todos los oficiales y suboficiales son hombres de la democracia, egresados de sus escuelas en democracia, y esto amerita que de una vez por todas demos vuelta la página y celebremos". Esas palabras le valieron críticas de referentes de Derechos Humanos, como la madre de Plaza de Mayo línea fundadora Nora Cortiñas, quien lo trató de “negacionista”. Pero entonces Fernández reaccionó rápido y pidió disculpas por ofender a las víctimas del terrorismo de Estado, ratificó su compromiso con “la búsqueda de verdad y justicia”, y remarcó la intención de unidad detrás de sus palabras: “Que un error mío no nos divida”.

Modo Horacio. Albertistas y larretistas comparten la mirada sobre el jefe de Gobierno porteño: “Hoy es un gobernador peronista más”, repiten. La comunicación entre el dirigente de Cambiemos y el Presidente es constante, pese a las quejas K por el “exceso de buena sintonía”. El líder porteño no toma ninguna decisión sin tener el visto bueno del Presidente.

Pero el vínculo también incluye reproches. “Hay tipos tuyos que me están fogoneando los cacerolazos”, le reclamó el Presidente al jefe de Gobierno, en referencia a Darío Lopérfido y Yamil Santoro. “No son míos”, se defendió Larreta.

“Horacio sabe que no es el momento de politizar porque no le sirve a nadie y la gente está preocupada por no morirse, no por si Alberto apoya o no a Moyano”, dice a NOTICIAS un colaborador cercano a Larreta. Por eso, se concentra sólo en la gestión.

Por capacidad hospitalaria y organización, el mandatario porteño es el mejor posicionado. Además, se jacta de tener al ministro de Salud mejor valorado: el médico Fernán Quirós, quien le ganó varias veces a Larreta en los tests sobre capacidad intelectual que organiza el Gobierno para entrenar a su Gabinete.

“A Ginés lo veo grande”, lanzó Larreta durante una de las tantas charlas internas que se dieron por estos días. A su equipo también le confesó que, por su perfil económico, Kicillof demostró ser “un inútil absoluto” para estas situaciones extremas. “No puede tomar ninguna decisión solo y tiene cero gestión”, le apuntan al gobernador desde la Ciudad.

Las críticas se dan por lo bajo en todas las direcciones, aunque públicamente pocos las admitan. Pero Larreta, con el beneficio de conducir el distrito más rico del país, está cómodo en medio del caos y se afianza como el referente opositpr mientras Macri se derrumba. La relación entre ambos no es la mejor. “Mauricio está enojado con Horacio porque no lo defendió de los ataques de los dirigentes del fútbol cuando fue nombrado en la FIFA”, cuentan quienes conocen de cerca el vínculo. Y agregan: “Pero Mauricio tiene un enojo general porque no tiene gente y porque la pandemia lo hizo desaparecer”. Todo ganancia para el ambicioso Horacio.

Modo Axel. El gobernador bonaerense está hiperactivo: se reúne con intendentes y legisladores; visitas hospitales e improvisados centros de salud con barbijo; participa de videoconferencias en Olivos y suma camas y respiradores. Se muestra con Fernández, con Rodríguez Larreta y, sobre todo, con su ministro de Seguridad, el ex militar y médico Sergio Berni, quien ganó protagonismo en el Gabinete.

A cargo de la provincia más poblada y con 135 intendentes a quienes atender, Kicillof es el que más sufre las críticas internas. “Está desdibujado y le falta conducción”, coinciden dirigentes peronistas del conurbano. También le reclaman datos al ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, y cierran los accesos a sus ciudades pese al reiterado pedido de Kicillof para que no lo hagan.

El malestar no nació con la pandemia. Se arrastra desde la campaña y tiene que ver con la poca participación que el economista le dio a los intendentes en su administración. “¿Falta de liderazgo de Axel? Patrañas. Está encima de cada detalle”, responde a NOTICIAS el jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco. Y asegura que están “en contacto permanente con todos los intendentes”.

Bianco y la ministra de Gobierno, Teresa García, son los encargados de recibir los llamados de los municipios. “No hay desencuentros con el gobernador, hay confianza y liderazgo”, asegura el intendente de Morón, Lucas Ghi, de permanente contacto con la Provincia.

Pero no todos levantan el teléfono. En Pergamino, donde se registró un intento de saqueo a un supermercado, Javier Martínez aseguró que el Gobierno está “bastante enredado con muchas cosas”. Y reprochó: “No nos llegó ni una cama ni un respirador”.

Así y todo, la imagen positiva del gobernador también crece. “Está impulsado por el Gobierno nacional”, reflexionan varios encuestadores, quienes desde que se declaró la pandemia ven escalar las cifras de adhesión de Fernández, Kicillof y Larreta. El pueblo necesita líderes y por el momento confía en ellos. Ahora tienen que demostrar si están preparados.

Galería de imágenes

En esta Nota

Daniela Gian

Daniela Gian

Periodista de política.

Comentarios