La memoria suele ser implacable, incluso con los aliados. En marzo de 2018, cuando era un economista mediático y no había ingresado a la política, Javier Milei descargó una catarata de insultos contra Fernando Iglesias. La noticia que lo había enfurecido indicaba que el entonces diputado había cobrado $77.000 en viáticos del Congreso.
“Aquí tenemos al pedazo de mierda humana del Komisario Ferminio Iglesias”, escribió Milei en mayúsculas. Acusó a Cambiemos de limitarse a reemplazar a quienes ocupaban los cargos y usufructuar los privilegios de la “corporación política”. Remató con una definición que luego convertiría en bandera electoral: “El Estado es una estafa”.

Ocho años más tarde, el tono cambió por completo. El 12 de septiembre de 2026, Milei compartió en X una columna de Iglesias publicada por LA NACION y escribió: “Extraordinaria columna de un embajador de lujo. MAGA!”. El hombre al que había degradado con uno de sus insultos más duros pasó a recibir un elogio presidencial y un lugar destacado dentro del servicio exterior.
No es sólo una reconciliación virtual. Iglesias fue designado por el gobierno de Milei como embajador ante Bélgica y la Unión Europea. En abril sumó la representación ante Luxemburgo, sin abandonar las otras funciones. La acumulación de destinos quedó formalizada mediante el decreto 268/2026.
La columna que motivó el entusiasmo presidencial se titula “¿Es Milei un populista de derecha?”. Allí, Iglesias rechaza esa caracterización y afirma que no está respaldada por “los datos de la realidad”. Según su argumento, el Presidente no responde al nacionalismo proteccionista, busca reducir el poder estatal y no concentra autoridad. Los rasgos populistas, sostiene, corresponden en la Argentina al peronismo.
El embajador también cuestiona a intelectuales y periodistas que describen al Gobierno como una experiencia autoritaria. Los acusa de privilegiar discursos e interpretaciones sobre los hechos y llega a compararlos con el Quijote, por combatir amenazas que considera imaginarias.
El respaldo fue inmediato. Milei no discutió los argumentos ni añadió matices: convirtió el artículo en una certificación pública de lealtad. El recorrido entre ambos retrata la velocidad con la que el mileísmo redefine adversarios y aliados. Iglesias dejó de representar, para el actual Presidente, los privilegios de la casta. Primero se volvió socio político; después, diplomático elegido por su gobierno; finalmente, “embajador de lujo”.














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