Martes 4 de octubre, 2022

POLíTICA | 10-05-2022 15:00

Gabriela Cerruti: el laberinto de la portavoz del Gobierno

Ganó poder, pero genera roces en el Gabinete. Cercanía a Alberto Fernández y distancia K. La sombra de Biondi, el ex vocero.

Empoderada, resistida, protagonista o apuntada: son todas palabras que se usan, dentro del oficialismo, para hablar de Gabriela Cerruti. La funcionaria pasó de ser portavoz del Gobierno a secretaria de Comunicación y Prensa, el puesto que había quedado vacante desde que el tsunami desatado por Cristina Kirchner después de las PASO se cargó a Juan Pablo Biondi. La otrora periodista llegó a mediados de octubre con la difícil tarea de ordenar el dispositivo albertista, mantener el diálogo con todas las tribus del Frente de Todos y también de llevarse la marca para que todos los dardos no caigan sobre el presidente Alberto Fernández. Si lo está logrando o no depende de a quién se le pregunte.

LÚZ, CÁMARA, ACCIÓN

Como suele ocurrir dentro de la Casa Rosada, la llegada de Cerruti fue producto del tándem que mejor funciona dentro del Gobierno: Alberto y Vilma Ibarra. El Presidente venía rumiando la idea de crear un cargo con la figura de portavoz gubernamental, algo que había visto en sus viajes por Europa, y la secretaria Legal y Técnica, la mujer en la que más confía Fernández, fue la que le sugirió el nombre. Cerruti, además de ser de extrema confianza de Ibarra, sumaba puntos por varios factores: conoce el paño por su larga trayectoria como periodista (y escribió clásicos como “El Pibe”, una de las primeras biografías de Mauricio Macri), tenía una relación muy estrecha con Cristina Kirchner y por lo tanto designarla era un guiño hacia ese sector, y además, mientras Alberto siempre mantuvo un diálogo cordial con la prensa, al menos en el trato, ella podía llegar a convertirse en la “policía mala” o tener el roce que el mandatario nunca quiso.

Desde entonces pasaron sólo seis meses, pero también pasaron cosas.

“Es increíble cómo se degastó Gabriela en tan poco tiempo. Es una pena”, dice uno de los alfiles de Alberto. Es que Cerruti, de perfil alto y combativa, genera una grieta adentro de la grieta: o se la quiere o todo lo contrario. Los que están en el segundo grupo enumeran desde anécdotas insólitas -por citar una de las varias que se comentan, dicen que ella por acción u omisión no notificó a Alberto, en Moscú, que estaba al aire, y ahí fue cuando el presidente dijo lo de que “Argentina podía ser la puerta de entrada de Rusia” en el continente, una declaración que según esta versión no estaba pensada para hacer en público- a hechos políticos puntuales.

En especial se insisten con los roces “innecesarios” que tuvo con el kirchnerismo: no sólo provocó tensión en su relación personal con CFK sino que además sus declaraciones -como cuando habló de que la vicepresidenta no le contestaba los mensajes al Presidente- sólo sirvieron para tirarle más leña al fuego de la interna. En las filas K se habla, además, de un incidente dentro del incidente: la acusan a ella de filtrar a los medios una charla privada que tuvo con Hernán Reibel, el histórico vocero de la ex mandataria. Son del estilo de jugadas que el cristinismo detesta.

En esta biblioteca también están las críticas por su posicionamiento. Hay quejas sobre la idea de hacer las conferencias de prensa de los jueves a agenda abierta (“al abrir el juego a cualquier pregunta terminamos instalando temas que no nos sirven y no marcamos nuestra agenda”, se escucha en la Rosada), pero sobre todo por la alta exposición que viene teniendo. “El miércoles pasó algo que define quién es Gabriela: después de la reunión de Gabinete se sumó a la conferencia como si fuera una ministra más, al lado de Manzur, Taiana y Vizzoti. Tiene demasiadas ganas de figurar”, cuenta un funcionario, que apunta al fallido proyecto que hizo Cerruti -que incluyó la intentona de instalar tres cámaras fijas dentro de la Sala de Periodistas que también busca remodelar- de transformar sus conferencias en entregas diarias.

AL FRENTE

Claro está que todo lo recién enumerado, como suele pasar en la vida y también en la política, se puede ver desde otro lente. Es el que eligen sus defensores. “Desde que arrancó el Gobierno, Cristina sólo se quejó en público con nombre y apellido de tres personas: Guzmán, Biondi y ahora Gabriela. Está ganando mucha centralidad, creando una figura propia, y Alberto la respeta mucho, tienen diálogo diario”, dicen. Es verdad que tienen elementos: Cerruti se quedó con el puesto que tenía Juan Ross -íntimo de Biondi, el aún vocero en las sombras de Alberto- que pasó a ser secretario de Medios. Hasta entonces ese lugar era de Valeria Zapesochny, histórica vocera de Manzur que ahora vuelve a trabajar en ese puesto.

De hecho, los que hablan con la portavoz dicen que está más que confiada. “Me quiero quedar seis años más acá”, anda diciendo Cerruti, de las pocas que cree viable una reelección de Alberto. Se tiene fe.

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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