Lunes 1 de junio, 2020

POLíTICA | 28-02-2020 17:42

Próceres albertistas: el nuevo relato del Presidente

Fernández se apoya en la historia para construir su propia épica. Diferencias con los K y rescate de Sarmiento. Llanto con San Martín.

En diciembre, los primeros siete días de la presidencia de Alberto Fernández fueron intensos. El gobierno que comanda aumentó las retenciones al campo, decidió el desdoblamiento cambiario, decretó la doble indeminización ante los despidos laborales, modificó la fórmula de movilidad jubilatoria, entre otras medidas, e incluso el recién electo mandatario se procuró el tiempo para ir a tomar exámenes a la Facultad de Derecho. Pero hubo un detalle que pasó desapercibido en esa semana inaugural. El Presidente le pidió a uno de sus hombres de confianza que recupere una pequeña estatuilla que él aprecia mucho. Es un busto del rostro  de Domingo Faustino Sarmiento, que lo acompañó en su escritorio de jefe de Gabinete durante los cinco años que estuvo en el cargo y que desapareció de su lugar apenas desalojó la oficina. Esa pieza de orfebrería es mucho más que un adorno: es toda una declaración política dentro de un amplio frente donde gran parte, sobre todo la que responde a Cristina Kirchner, piensa que el padre de la educación pública es uno de los grandes villanos del pasado argentino. La historia vuelve, otra vez, para agitar fantasmas del presente.

Alberto sabe que Sarmiento, a quien admira, cae pésimo en el kirchnerismo. Pasa lo mismo con Juan Bautista Alberdi, el enemigo histórico de Juan Manuel de Rosas, a quien el Presidente suele incluir en sus dicursos y reflexiones. Es por eso que Alberto vuelve a hacer gala de la cintura con la que intenta mantener el equilibro en su gobierno: en el cierre de esta edición, viajó hasta Rosario para un acto homenaje, anunciado a toda pompa, a Manuel Belgrano, un prócer al cual su administración está poniendo en el centro de la escena y al que CFK había elegido como “su favorito”. “Es que Belgrano es un símbolo de unidad”, explican a NOTICIAS, Ricardo Forster y Alejandro Grimson, dos académicos que son asesores del Presidente, y nombran esa palabra mágica que el Gobierno busca y necesita.

Cristina presneta el nuevo billete

Historia para todos y todas. “Con la historia Alberto va a hacer lo mismo que hace con la política”, dice un hombre que lo conoce desde hace mucho y que este año compartió una larga reunión con él en la Casa Rosada. La traducción sería: Fernández va a armar con el pasado un complejo rompecabezas, similar al que usa para zafar de los encrucijadas políticas de las internas actuales. A los radicales les va a hablar de Raúl Alfonsín, como hizo en su discurso de asunción; con el ala desarrollista va a sacar a relucir sus conocimientos sobre Arturo Frondizi; frente a los liberales se va a defender con Sarmiento o Alberdi y con el peronismo clásico entrará de la mano de Belgrano o San Martín. Una especie de “elige tu propia aventura” pero con las memorias argentinas.

Al kirchnerismo duro también lo sabe seducir: Fernández le regaló a Axel Kicillof un cuadro de Rosas, un presente que terminó con polémica. “¿Estamos de acuerdo con que esto termina mal, no?”, comentó la foto Fernando Iglesias, dejando en claro que cuando se debate a los próceres lo que está de fondo es una pelea por el control del presente. El diputado macrista no fue el único en protestar: la imagen del gobernador bonaerense colgando el retrato fue viral, el apodo “el Restaurador” fue tendencia en las redes todo el sábado 22, e incluso cientos de usuarios acusaron a Kicillof de falsear la imagen, controversia que tuvo que ser desmentida por la secretaria de Medios de la Provincia en persona.

Bronce. La historia empieza a posicionarse como un lugar clave desde donde construir una épica para el Presidente. No es original en ese sentido: ya lo hicieron muchos mandatarios peronistas antes que él, y en especial CFK, que le dio un papel muy importante a la relectura del pasado según su conveniencia y de la que, dicen los que la tratan, tiene una lucha para "entrar a la historia".

Antes de cumplir sus primeros tres meses en el cargo, Fernández ya tuvo actos importantes en ese sentido: además del rescate de la estatua de Sarmiento que reveló el periodista Jorge Fernández Díaz, el Presidente estableció mediante un decreto que el 2020, a 200 años de su muerte, sea “el año de Belgrano”, impulsó el regreso de los próceres a los billetes, y también se emocionó hasta las lágrimas cuando el historiador Felipe Pigna y el artista Ramiro Ghigliazza le llevaron un cuadro gigante de San Martín, en los últimos días del 2019, que hoy adorna su despacho. 

Kicillof con el cuadro de Rosas que le reglaó Alberto Fernández.

No son sólo gestos. En los próximos quince días estará lista una comisión “interministerial”, en la que trabajaran las carteras de Cultura, Educación y Defensa, más los asesores presidenciales, desde donde se planearán propuestas y actividades alrededor del “año de Belgrano” y de otros aniversarios importantes, como el 25 de Mayo y los 35 años del Juicio a las Juntas, una fecha que será importante para el Presidente y los suyos. 

Esa actividad contrasta con las demoras que todavía se sienten en el área de Cultura que comanda Tristán Bauer, donde todavía no están nombradas las nuevas autoridades de la mayoría de los museos, del Cabildo, ni de los institutos históricos de Rosas ni de Eva Perón. Bauer, además, ya anunció el regreso de “Zamba”, el programa infantil del canal “Paka Paka” donde se trataban temas históricos y desde donde se recreaba a Sarmiento como un personaje malvado. Fernández tendrá que saber acomodar ambos relatos.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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