Monday 17 de June, 2024

TEATRO | 09-06-2023 11:19

Sensibles recuerdos compartidos

“Verano”, dramaturgia y dirección: Luis Loyola Cano. Unipersonal con Stella Galazzi. Iluminación: Ricardo Sica. Escenografía y vestuario: Lau Polet. Coreografía: Lorena Ballestrero. Coach vocal: Ana Sánchez. Teatro del Pueblo, Lavalle 3636.

(****) CUATRO ESTRELLAS

Ema es una mujer sentada a la orilla del mar, sumergida en sensibles recuerdos de su infancia, llenos de sueños y vitalidad. Con su ternura extrema nos muestra su diario personal y nos cuenta sobre la casa en la playa donde vivió junto a su querida abuela Galia. Ella la crió cuando sus padres murieron en un accidente y le brindó ese nombre en
recuerdo de una cachorra que había tenido. Era una señora muy decente que solía leer algún escrito de Lenin cuando le dolían los riñones y que había abandonado a su esposo alcohólico para irse a vivir cerca del agua.

Todo en Ema indica y transmite una avidez intensa por expresarse y el sufrimiento por no tener certeza de sus orígenes. La misma necesidad que la lleva a dedicar poesías a seres casi mitológicos como King Kong, el aterrador gorila gigante, que Mar del Plata recibió como parte de las atracciones de algún verano perdido, allá lejos y hace tiempo. En realidad, se trataba de una estructura de metal con movimiento que fue desguazada décadas atrás. Incluso, en el poético y sugerente texto de Luis Cano, quien además dirige con mucha creatividad la pieza, quizás ese simio sea una forma metafórica de
referirse a la feroz dictadura que sufrimos.

Esa niña solitaria escribía y además dibujaba, pegaba figuritas con brillantes y escribía listas de “cosas radiantes y luminosas”, como el arco iris o los caramelos envueltos en papel. Su gran compañía era la inseparable y desdentada perrita Pomi.

Cada verano recibía con expectativa la visita de sus parientes de la capital. Entre ellos estaba Walter, alguien que ella identificaba como primo postizo, y que una vez le pidió un beso. Cierta tarde, el adolescente le obsequió, una simple cuchara que la muchacha tomó, equivocadamente, como símbolo del amor. Nada más lejos de la realidad ya que el joven tenía sólo ojos para su novia, que lo aguardaba en la gran urbe. Ema, confundida ante el rechazo percibió que ese instante marcará un antes y un después en su sencilla vida. La alegría dará paso a la monotonía de un otoño eterno, coronado por la rutina de un trabajo que no la satisface y la partida de su único familiar.

Semejante propuesta escénica requiere una actriz de fuste con el talento, la sensibilidad y los múltiples recursos expresivos para recorrer las diferentes edades del personaje. Por suerte los ángeles han iluminado a la gran Stella
Galazzi, una de las mejores actrices de su generación, para lograr el objetivo de atrapar y conmover a los espectadores con una labor notable.

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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