Música / 23 de Marzo de 2012

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El regreso del inglés

Joe Cocker volvió a la Argentina después de muchos años. Hizo un concierto emotivo, atravesado por los clásicos de su repertorio.

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Son, hace años, épocas de vacas flacas en lo que a creatividad musical se refiere. Vivimos desde hace tiempo un “revival” constante, en la reedición de viejos discos, en la presencia de figuras bien conocidas y respetadas, en la imitación o –en el mejor de los casos– en la recreación de estéticas y géneros del pasado.
Y entonces, frente a eso, los artistas que fueron alguna vez parte de los cambios y que oportunamente supieron escribir un capítulo en la historia de la música, siguen teniendo vigencia. Con 66 años de edad, con un aspecto de abuelo cariñoso de ropa cómoda y zapatillas, Joe Cocker es, justamente, de los que han pasado muy bien por la vida –pese a que no ha sido precisamente prolija–, y volvió ahora a la Argentina desde ese sitial de prócer del pop y el rock internacionales.

Es, junto a su compatriota Eric Clapton, de los más negros de los artistas blancos. Toda su música, todo su estilo, toda su expresividad de voz rugosa algo castigada por el tiempo, tienen la impronta del blues y del soul. Entonces, no importa si canta un tema de The Beatles, una canción de su autoría o una pieza de Ray Charles o Billy Preston. No importa tampoco si hace un tema lento o uno movido. En su modo de cantar, en el trabajo de sus coristas negras Nicki Tillman y Andrika Hall, en los arreglos para su banda numerosa –de la que participa el saxofonista porteño Norberto Fimpel–, en el modo de releer canciones del mundo blanco, está presente lo africano, y Cocker vuelve a exhibir su marca registrada.

En teoría, el inglés venía a presentar su último disco, “Hard Knocks”, editado en el 2010, pero fue muy poco lo que eligió de allí. En cambio, prefirió armar el repertorio sobre la base de muchos hits de distintos momentos de su historia. Así, se escucharon “Hitchcock Railway”, “When the Night Comes”, “Up Where We Belong” (con la primera ovación de la noche), “Come Together”, “Unchain My Heart”, “Delta Lady”, “She Came in Through the Bathroom Window”, etc. Claro que, como era previsible, el mayor entusiasmo de un Luna Park colmado –en el formato “teatro” armado para Serrat y Sabina– llegó cuando hizo “You Can Leave Your Hat On” (la inolvidable banda de sonido de la película “9 semanas y media”) y “With a Little Help From My Friends”, con la que cerró la parte formal del show.

 

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