Personajes / 8 de Noviembre de 2013

Eugenio Cuttica: “Un artista es un niño que ha sobrevivido”

Inauguró cuatro murales de su autoría en una estación del subte. El peso del arte, autoexigencias y el retrato a los Mazza-Gravier.

Arte urbano. Cuttica en su taller de Barracas. Sus murales homenajean a Alfonsina, Florencio Escardó, Hugo del Carril y Baldomero Fernández Moreno.

Eugenio Cuttica viste siempre de negro. Alto, canoso, de ojos claros y profundos, con ropa oscura su porte es aún más imponente.

¿Esa predilección obedece a que el color queda para la obra? La respuesta es inmediata: “No, este es mi uniforme. Cuando uno se entrega al trabajo por completo, trata de simplificar las cosas en la vida diaria”. Así, Cuttica compra sus remeras negras en internet, de a tres o cuatro docenas por vez. Sin embargo, hay un momento de la creación que rompe con esa dinámica. Cuando está por terminar el cuadro, en la última capa, se pone un traje. Negro también, pero formal y elegante. “En el último diez por ciento de la obra se marca la diferencia entre algo vivo y algo muerto. En ese momento me visto de traje, porque es una fiesta”, expresa. Se pueden decir muchas cosas de Eugenio Cuttica. Pero debe haber pocas que ilustren tan fielmente su modo de vivir el arte.

Aunque instalado en Nueva York desde 1996, su pasión suele llevarlo por distintos puntos del globo. Y por estos días, su compromiso lo trajo a Buenos Aires por algunos meses. Aquí acaba de presentar cuatro murales para la nueva estación de subte de Flores, San Pedrito, donde recreó las figuras de Alfonsina Storni, Florencio Escardó, Hugo del Carril y Baldomero Fernández Moreno. “Es una gran alegría que se incluya a los artistas en proyectos urbanos. Me gusta la idea de dar sinergia al recorrido del subte, el concepto de bajar a lo subterráneo y volver a emerger de forma diferente”, sostiene, en su enorme taller en el edificio Central Park de Barracas.

Noticias: Oficialmente vive en los Estados Unidos, pero en Buenos Aires su taller está muy armado…
Eugenio Cuttica: No sé dónde vivo. El arte es una actividad que te lleva a otras dimensiones, y por eso hay que entrenarse en el poder de desprendimiento. No recuerdo qué poeta lo dijo, pero cuando uno entra en ese camino, todos los ríos, las montañas, las casas y los palacios son de uno. Vivo un poco así, nada y todo me pertenecen a la vez.

Noticias: Tuvo la epifanía de que iba a ser artista a los siete años. ¿Cómo fue su infancia a partir de entonces?
Cuttica: Yo era un poco autista. No quería comunicarme con nadie porque estaba en el mejor de los mundos. Pero me obligaban a jugar con otros chicos, que eran muy ruidosos, no me gustaba y prefería mi silencio; me sentía cómodo y amigo de mí mismo. Y me prometí no salir de ese lugar por el resto de mi vida.

Noticias: El mundo suele complotar contra esa burbuja propia, ¿cuánto le costó mantener esa decisión?
Cuttica: Muchísimo. Todo está en contra de ese estado mental. Por eso creo que un artista es un niño que ha sobrevivido. Todos son artistas, pero en algún momento del camino se resignan a dejar de serlo. Y yo me tuve que pelear con todos. Mi vida fue la de un guerrero con un pincel en una mano y una espada en la otra.

Noticias: ¿Cuándo empezó a pintar en serio?
Cuttica: Mi primera experiencia de pintura metódica fue a los 14 años. Pero antes fui precoz y virtuoso en el dibujo. A los 16 años probablemente dibujaba como Ingres (N. de R: el pintor francés Dominique Ingres). Después tuve que aprender a hacerlo mal, porque la virtud es engañosa, y lo habilidoso puede llevarte por un camino frívolo. Lo habilidoso pertenece a la zona del ego.

Noticias: ¿Pero el arte no es talento?
Cuttica: Los griegos usaban una moneda llamada así. Se les pagaba a los sofistas, unos filósofos que defendían a la gente en los juicios, con talento. O sea que una persona que tenía talento tenía mucho dinero. Eso es fuerte, y creo que de algún modo persiste al día de hoy. Hay que diferenciar la habilidad de la maestría. Para ser artista se requiere estudio, trabajo y maestría. Pero habilidad es otra cosa. Uno puede tener la habilidad de tocar la guitarra poniéndosela en la espalda, y eso no hace mejor música.

Noticias: Si supo tan claramente que quería ser artista, ¿por qué estudió primero arquitectura?
Cuttica: La arquitectura me dio una forma de pensamiento, una metodología. Me enseñó a encontrar el significado de lo que hago, a no pintar solo porque me gusta, sino a encontrar el propósito y el mensaje.

Noticias: Y si no pinta solo por gusto, ¿por qué nace entonces un cuadro suyo?
Cuttica: Una escritora norteamericana sostiene que a los cuadros los mandan los dioses. Andan volando, ya pintados, buscando un pintor donde posarse. Y si uno no está atento, esperando a que vengan, los cuadros pasan de largo y encuentran a otro. Yo estoy en esa actitud de alerta permanente, después solo tengo que copiar eso que entra y me atraviesa.

Noticias: Al tener esa conexión tan profunda, ¿puede sucederle de todos modos que termine un cuadro y no sea lo que quería?
Cuttica: Me pasaba al principio. Ahora la efectividad es del ciento por ciento. Pero son 40 años de tratar de ser un profesional.

Noticias: En esta vivencia de que el cuadro es el que lo elige, ¿cómo engarza lo de pintar cuadros por encargo, como los de Alejandro Gravier y Valeria Mazza?
Cuttica: Los hago con mucho amor y cariño. Son dos personas encantadoras. Pero fue un gran desafío hacer sus retratos, porque les avisé que debían ser como una obra más. Y ahora estoy trabajando la mirada interior, así que la idea era enmarcarlos ahí. Hay una forma en la que los ve el mundo, y otra distinta, la que son en realidad. Por eso fue difícil. Lograr el parecido en otra actitud inducía a que se sintiera que no eran las mismas personas. Finalmente creo que lo logré. Por lo pronto, Alejandro quedó encantado.

Noticias: ¿Es muy exigente consigo mismo?
Cuttica: Sí, totalmente impiadoso y estricto. Eso me trae muchos problemas con los demás, porque a veces traslado esas exigencias a los otros. Pero el arte no proviene del amiguismo o de ser compasivo. Viene de una exigencia muy grande y de no estar nunca satisfecho. Yo sé que es algo muy pesado para los demás, pido disculpas por eso…

Noticias: Ha mencionado que su padre era igualmente exigente y para él nunca nada era suficiente.
Cuttica: Él era peor… Le decía a mi madre que me diera besos cuando dormía para que no me dé cuenta. Nunca me hizo un elogio sobre algo que pintara. Pero cuando falleció, me encontré con amigos suyos que me dijeron que vivía hablándoles de lo bien que yo pintaba. Si uno sobrevive a eso, después puede soportar cualquier cosa. Hoy creo que todo lo que hice fue gracias a él, porque el arte es durísimo, no es para gente blanda.

Noticias: ¿Aún así, disfruta lo que hace?
Cuttica: Uno no se dedica a esto porque le da felicidad, sino porque no tiene alternativa. Esto viene con momentos de alegría increíbles, sí, porque esa soledad existencial que todos sienten se palía a través del arte, y es una bendición. Pero trae aparejadas una serie de miserias de las que uno no se puede apartar. Hacer arte es saltar al abismo. Como alguien que camina sobre un cable de acero y sabe que al menor error puede caer y morir. Y sigue caminando igual. Es algo muy especial, pero a la vez muy difícil. Llega un momento en que el único lugar de felicidad es el taller, el resto es absolutamente insulso.

Noticias: ¿Y cómo lo toma su entorno?
Cuttica: Es difícil… Tengo la misma mujer hace 31 años, Ruth. Es divina, pero ha sufrido muchísimo, porque los artistas somos seres complejos. Y encima hoy mis dos hijos son artistas: Lautaro es pintor y Franco escultor.

Noticias: ¿En qué momento pudo vivir realmente de su arte?
Cuttica: Recién después de los 45 años. Ahora me va muy bien, pero antes tuve una empresa de ropa, una cadena de heladerías en Nueva York… Aunque nunca dejé de pintar. Leí que un artista tiene que hacer doble tarea, porque debe hacer todo lo que hace una persona normal y, además, su trabajo de artista. Eso lo asumí.

Noticias: ¿Por qué se fue a vivir a Nueva York?
Cuttica: La Argentina es un país controversial, muy extraño. Yo me fui enojado en la época de Menem. Pero ahora el país me está mimando y volviendo a seducir. Es increíble lo que recibo de los argentinos. Sé que muchos colegas están pasando malos momentos, pero yo estoy adentro de un milagro. No me gusta cómo está el país en general, porque no me puedo olvidar de la desnutrición en el país de la comida. No me puedo abstraer de esa idea, es como si en Suiza no hubiera relojes… Pero se está despertando una conciencia artística muy interesante.

Noticias: ¿Compra arte de otros artistas?
Cuttica: Siempre. Yo creo en recircular la energía. Así que aparto un diez por ciento del dinero de lo que vendo y compro arte joven. Es un poco como agradecer.

Noticias: En su obra hay dos períodos muy marcados, que usted llamó “Grito” y “Silencio”. Y en la últimas hay mucha paz. Entonces, ¿ese arte que lo toma por completo sigue estando, a pesar de esa placidez?
Cuttica: Lo que pasa es que antes el “grito” me dominaba a mí, y ahora lo domino yo. Evolucioné: ahora el silencio está siempre conmigo. Por más que esté rodeado de ruido, en mi interior conservo un eje de quietud.

Noticias: ¿Existe la vida fuera del atelier?
Cuttica: Sí. Como otro fanatismo, por ejemplo, me gustan mucho los autos antiguos. Pero creo que el coleccionismo tiene mucho que ver con el arte. Porque es un acto de amor, todos los coleccionistas de autos pierden dinero, e igual lo siguen haciendo. Es amor a la belleza. Y eso mismo es el arte.

 

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